Publicada: sábado, 7 de febrero de 2026 6:12

Irán ha advertido a EE.UU. que, si inicia la guerra, se desatará una “guerra regional”; ¿pero cuáles serían las características de la eventual contienda en la zona?

A raíz de las amenazas militares de Estados Unidos, las autoridades iraníes han advertido en los últimos días que Teherán no aceptará ningún tipo de ataque, ni limitado ni terrorista, y que ante cualquier movimiento enemigo en este sentido, se desatará una guerra a gran escala. El significado de esta advertencia es la intolerancia a un golpe limitado y la disposición de Irán a entrar en un conflicto generalizado.

En esta línea, el Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, lanzó esta semana una advertencia contundente contra las amenazas de Washington.

“El pueblo de Irán dará un puñetazo firme a cualquiera que tenga ambiciones y quiera atacar o causar daño (…) pero que los estadounidenses también sepan que, si esta vez inician una guerra, será una guerra regional”, alertó.

Plantear el escenario de una guerra regional es algo que va más allá de una guerra a gran escala. En el escenario de una guerra amplia, Irán, en respuesta a un ataque de Estados Unidos —aunque sea limitado—, apuntaría contra objetivos máximos, y los grupos de la Resistencia regional no necesariamente tendrían un papel en esta reacción. En este escenario, es posible que algunos de los grupos de la Resistencia, y no todos, entren en el conflicto a un nivel determinado. Sin embargo, en el escenario de una guerra regional, además de Irán, todos los grupos de la Resistencia llevarían a cabo una ofensiva total y en su máxima expresión.

 

La guerra regional tiene un ámbito geográfico fluido. Irán se encuentra en Asia Occidental, y al referirse a la guerra regional, se incluye esta región. Sin embargo, esta noción también se planteaba cuando Estados Unidos estaba desplegado en Afganistán, a pesar de que no es parte de Asia Occidental. Por lo tanto, el concepto de guerra regional ha ido más allá de Asia Occidental desde hace tiempo.

Dado que la Resistencia tiene presencia desde Yemen y Siria sobre otras áreas, es probable que los enfrentamientos se extiendan hasta el Mediterráneo Oriental, el Norte de África y el Cuerno de África. En estas zonas, si Estados Unidos no tiene bases, sus flotas en aguas internacionales siguen siendo objetivos. Si estallara una guerra regional, la extensión del campo de batalla, considerando la conexión de los frentes, alcanzaría millones de kilómetros cuadrados. La superficie terrestre de Asia Occidental es de 6 millones de km², y considerando los impactos en los mares y tierras circundantes, la extensión total del campo de batalla podría llegar a 10 millones de km², una cifra comparable a la superficie de Canadá, Estados Unidos o China.

En términos poblacionales, Asia Occidental cuenta con más de 300 millones de habitantes, y con la afectación de las zonas circundantes, otros 300 millones más estarían expuestos a las consecuencias de la guerra. Económicamente, entre 3 y 6 billones de dólares del PIB mundial quedarían bajo amenaza. Así, 10 millones de km², entre 300 y 600 millones de personas, entre 3 y 6 billones de dólares del PIB mundial y la mitad del mercado petrolero mundial constituirían el escenario de la guerra regional que se formaría si Estados Unidos iniciara el conflicto.

En la guerra regional, los ataques de Irán no se limitan a agresiones con misiles contra las bases estadounidenses, sino que los grupos de Resistencia también llevarían a cabo ataques terrestres.

Mientras que los ataques aéreos y con misiles planificados por Estados Unidos buscan operaciones rápidas y de efecto inmediato, la guerra regional sería temporalmente mucho más prolongada que unos días o semanas, pudiendo durar varios meses o incluso superar un año.

En un conflicto de larga duración, Estados Unidos, debido a la gran distancia, necesitaría bases confiables en la región. Sin la cooperación completa y la participación de varios aliados, no podría sostener combates prolongados. Con la inseguridad en las rutas terrestres, aéreas y marítimas hacia la región, el envío de tropas y equipamiento a las líneas del frente sería difícil, obligando a Estados Unidos a concentrar sus fuerzas en puntos limitados, lo que incrementa la vulnerabilidad de esas posiciones.

 

Para la defensa de Irán y la confrontación con Estados Unidos, el Eje de la Resistencia sería la principal fuerza en conflicto, mientras que parte del poderío estadounidense formaría el bloque opuesto. Si Estados Unidos intentara repetir sus acciones de hace tres décadas, surgiría una resistencia generalizada contra ellos. De este modo, el frente que se oponga a Estados Unidos podría crecer y recibir refuerzos con el paso del tiempo.

¿Cuál es el significado estratégico de la advertencia del Líder de Irán?

Teniendo en cuenta estas consideraciones, la advertencia del Líder de la Revolución Islámica de Irán sobre la posibilidad de que la guerra se convierta en un conflicto regional no es únicamente una alerta militar, sino que apunta a las consecuencias económicas y de seguridad de gran alcance, tanto a nivel regional como mundial.

Estas palabras no expresan un deseo de iniciar la guerra —ya que Irán siempre ha subrayado que no será el agresor— ni constituyen una simple amenaza, sino que representan un mensaje disuasorio claro para Estados Unidos y sus aliados.

En términos más precisos, Irán no se considera una “isla aislada” en caso de guerra, sino el centro de una red potencial de enfrentamientos que, aunque no necesariamente iniciará el conflicto, tiene la capacidad de expandirlo.

 

Negociaciones Irán-EEUU

El canciller de Irán, Seyed Abás Araqchi, confirmó el miércoles, 4 de febrero, que Irán y EE.UU. retomarán las negociaciones nucleares indirectas el 6 de febrero en Mascate, capital de Omán, tras amplios esfuerzos de países regionales, entre ellos Catar, Omán, Arabia Saudí y Turquía, para impulsar la diplomacia y evitar un posible enfrentamiento entre los dos países.

En este sentido, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comentó que “con suerte” se lograría un consenso entre Washington y Teherán. No obstante, lanzó una nueva advertencia contra Irán, al asegurar que su gobierno tomará medidas drásticas si Teherán decide reanudar su programa nuclear.

La ciudad de Mascate fue el viernes escenario de la celebración de negociaciones indirectas entre Irán y Estados Unidos, con Omán como mediador, sobre el programa nuclear iraní.

Las negociaciones estuvieron encabezadas por Araqchi y Steve Witkoff, enviado especial de Donald Trump, mientras que el ministro de Exteriores de Omán, Badr al-Busaidi, actuó como intermediario en estas conversaciones.

La República Islámica de Irán había declarado explícitamente antes de estas negociaciones que su prioridad es el levantamiento de las sanciones, y que el eje de las conversaciones es el tema nuclear.

Tras la finalización de este proceso, Araqchi compareció ante los periodistas y dijo que las negociaciones del viernes fueron un buen comienzo y también pueden tener una buena continuación, pero ello depende de la parte contraria y, por supuesto, de las decisiones que se adopten en Teherán.

“Después de mucho tiempo sin diálogo, nuestras posiciones fueron transmitidas, así como nuestras preocupaciones. Nuestros intereses, los derechos del pueblo iraní y todos los asuntos que debían plantearse se comunicaron en un ambiente muy positivo, y también se escucharon los puntos de vista de la parte contraria”, señaló.

 

Por su parte, Trump aseguró que Washington mantuvo “muy buenas conversaciones” con Irán, adelantando que las delegaciones se volverán a reunir “a principios de la próxima semana”. No obstante, al mismo tiempo, amenazó a Irán con “consecuencias muy duras”, si no se logra un acuerdo.

Horas antes, la Administración de Trump anunció nuevas sanciones para frenar las exportaciones petroleras de Irán, poco después de concluir la ronda de diálogo bilateral. Las medidas, según informó el Departamento de Estado en un comunicado, apuntan a 15 entidades, dos personas y 14 buques de la llamada “flota fantasma” relacionados con el comercio de petróleo y productos petrolíferos iraníes.

Las tensiones entre Washington y Teherán se intensificaron a comienzos de enero, cuando Trump amenazó con una intervención militar, inicialmente bajo el pretexto de los disturbios en Irán.

La semana pasada, Trump anunció el envío de una “maravillosa armada” a la región, tras el despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln en la región.

En respuesta, Irán advirtió que cualquier acción militar sería considerada una declaración de guerra, asegurando que sus fuerzas están preparadas para reaccionar de inmediato, aunque reiteró que el diálogo sigue siendo una opción bajo el principio de “respeto mutuo”.

Las autoridades iraníes han alertado de que cualquier error de cálculo de quienes intenten atacar a Irán provocará una respuesta contundente por parte de la República Islámica.