Por: Laila Tajeldine
Profesora UBV y analista internacional
Hoy más que nunca recordamos aquellas bases que inspiraron la Carta de las Naciones Unidas “preservar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra”, tal preámbulo intenta evitar aquellos momentos sombríos que vivimos la humanidad durante la segunda guerra mundial y que llenaron de sufrimiento y muerte a naciones enteras.
El ataque armado por parte de Estados Unidos contra Venezuela el 3 de enero de 2026, que culminó con el bombardeo de infraestructuras civiles y militares, así como con el secuestro del presidente constitucional, Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores, no es solo una noticia catastrófica para América Latina, es una grieta profunda en el dique que durante décadas ha contenido la anarquía total en las relaciones entre los estados. Este evento analizado desde el riguroso marco jurídico internacional nos obliga a nosotros los habitantes de esta tierra a una reflexión necesaria: la supervivencia de las leyes internacionales es la última línea de defensa para la paz y para aquellas naciones que han elegido no priorizar la militarización como modo de sobrevivencia.
Andamiaje legal violentado:
Bajo un riguroso análisis legal del evento describiremos las violaciones que desmantelan pilares fundamentales del orden mundial:
1. Un crimen supremo: la agresión ocurrió sin la existencia de un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU o bajo bases creíbles de la legítima defensa inmediata (Art. 2(4) Carta ONU). Tal violación se constituye como un pecado original del sistema posterior a 1945 con la creación del sistema de naciones. Su normalización convierte al mundo en una jungla donde el más fuerte impone su voluntad sobre otras naciones. Cuando se ignora este principio, como en el escenario descrito, se envía un mensaje pavoroso: los tratados y la Carta son papeles muertos.
2. El desprecio a civiles: efectivamente la acción se constituyó como un crimen de guerra, con el bombardeo a centros de investigación, almacenes de medicinas y alimentos que por lo tanto violan el principio de distinción establecido en el Protocolo I de Ginebra, que obliga a separar objetivos militares de bienes civiles.
3. La inmunidad y la soberanía secuestradas: El secuestro de un Jefe de Estado en ejercicio es un acto de gravedad absoluta, que rompe con toda regla y principio que regulan las relaciones entre los estados. Violar la inmunidad soberana, rompe con el principio consuetudinario existente precisamente para evitar el caos en las relaciones internacionales. Reducir a un mandatario y a su cónyuge a la condición de rehenes exhibidos (violando el III Convenio de Ginebra) no es solo una atrocidad contra personas, es un ataque simbólico que arremete contra la soberanía de todos los Estados.
La victoria de la paz: respeto a la Carta de la ONU
La paz es una categoría creada de manera consciente para resolver cualquier conflicto, dentro del ámbito jurídico y otros ámbitos, por lo tanto, es un constructo legal, es el concepto de civilización en su pleno apogeo. Ahora bien, la paz internacional no es la ausencia espontánea de conflicto, sino el resultado de un equilibrio sostenido por reglas aceptadas. La Carta de la ONU precisamente es un contrato entre los Estados convencidos de que las reglas son necesarias y garantizan la paz y la convivencia, ya que lo contrario desata una espiral de conflictos donde las controversias se resolverán con bombas, no con diplomacia o tribunales. En este punto ¿Crees que debe privar la ley internacional?
Estamos en un momento histórico y peligroso, por ello llamamos a la reflexión. Este mensaje es para los que ven la existencia humana y la política con responsabilidad. El ataque a Venezuela del 3 de enero de 2026, es una señal de alarma extrema. Nos muestra un mundo donde la fuerza bruta reemplaza a la razón, donde la soberanía es condicional al poderío militar, y donde los más débiles están a merced de los designios de los más fuertes.
La defensa del derecho internacional público y humanitario, no es un acto de idealismo ingenuo, es un acto de realismo para la supervivencia de la comunidad global. Exigir el respeto a la Carta de la ONU, a los Convenios de Ginebra y a los principios de soberanía y no intervención, es trabajar para que ningún pueblo, sin importar su tamaño o su poder militar, tenga que despertar un día bajo las bombas de una agresión injustificada. La ley internacional es ese muro que, aunque imperfecto nos separa del abismo. Dejar que se derrumbe sería la condena para todos: QUE IMPERE LA LEY INTERNACIONAL.
