El 13 de junio, mientras los diplomáticos iraníes se preparaban para las conversaciones indirectas con los estadounidenses en Mascate, el régimen israelí atacó sin previo aviso el suelo iraní: asesinatos, ataques aéreos, ataques cibernéticos.
Buscaban pánico, encontraron paciencia; esperaban rendición, se encontraron con firmeza. Sin embargo, la mayor sorpresa no fue la crueldad del enemigo, fue el coraje de la nación. Desde los partidarios leales hasta los críticos más duros se unieron; Irán se convirtió en una sola voz, un latido, una bandera.
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