Además de las armas y las bombas, los niños mueren por el frío, el hambre y la falta de atención médica. Familias desplazadas sobreviven en tiendas de campaña sin calefacción, mientras la desnutrición y las enfermedades se extienden entre menores con sistemas inmunitarios debilitados tras meses de asedio, bloqueo y guerra continua.
Unicef advierte que la crisis no es inevitable: la entrada de medicamentos, combustible y ayuda básica sigue siendo restringida, y el acceso limitado a hospitales y escuelas deja a miles de niños sin protección ni futuro. Hoy, solo uno de cada cinco puede asistir a clases, en una Gaza donde crecer se ha convertido en una lucha diaria por sobrevivir.
La infancia de Gaza vive entre el peligro constante y la falta de lo más básico. A pesar de la tregua, ciento de niños han muerto, mientras las familias enfrentan frío, hambre y hospitales colapsados. Por eso mismo Unicef insiste que la tregua solo será real cuando dejen de morir niños.
Huda Hegazi, Gaza
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