Por Mohd Azmi Abdul Hamid *
Los archivos Epstein no son chismes. No son una teoría conspirativa. Son una ventana a los corredores más oscuros del poder, donde el dinero, la influencia y la protección política convergieron para explotar a niños vulnerables y silenciar la verdad.
Jeffrey Epstein no actuó solo. Sus crímenes fueron posibles gracias a un sistema que protegió a los poderosos, intimidó a las víctimas y sepultó la rendición de cuentas.
Lo que estremece la conciencia no es únicamente el abuso en sí, sino el tiempo prolongado que tomó para que verdades parciales salieran a la luz y para que la justicia siquiera comenzara a llamar a la puerta.
Calificar estas revelaciones de “satánicas” no es retórica religiosa. Es una descripción moral.
Cuando se trafica con niños, cuando los depredadores son blindados por instituciones, cuando desaparecen pruebas, cuando los nombres permanecen tachados y cuando se desacredita a los sobrevivientes, no estamos ante delitos aislados. Nos enfrentamos a un ecosistema del mal.
Estos archivos exponen tres realidades insoportables. La primera es que el abuso prospera allí donde el poder no rinde cuentas. Epstein se movía con libertad porque la cercanía a las élites le otorgaba inmunidad. Esta es una advertencia global: allí donde el poder escapa al escrutinio, los vulnerables pagan el precio.
La segunda es que el silencio es fabricado, no accidental. Las víctimas fueron acalladas mediante la intimidación y maniobras legales. La vacilación mediática, las dilaciones judiciales y la cautela política prolongaron el sufrimiento. Aquí, el silencio fue diseñado.
La tercera es que la justicia tardía se convierte en justicia negada. Las revelaciones parciales y la transparencia selectiva insultan a los sobrevivientes. La verdad no puede administrarse a cuentagotas para proteger reputaciones. Debe ser completa, íntegra y pública.
La exigencia ahora es simple e innegociable:
• Desclasificación y divulgación total de todos los registros pertinentes
• Investigaciones independientes sin interferencia política
• Rendición de cuentas para cada facilitador, sin importar su estatus o cargo
• Protección y reparación para los sobrevivientes
• Reformas estructurales para impedir la impunidad de las élites
Esto no trata de venganza. Trata de restaurar el orden moral. Las sociedades que se niegan a confrontar sus verdades más oscuras pierden el derecho a reclamar virtud.
Los archivos Epstein nos desafían a elegir: comodidad o conciencia, secretismo o luz, impunidad o justicia.
La luz no es opcional. Es el inicio de la sanación. La historia no perdonará otro encubrimiento. La humanidad no sobrevivirá a otro silencio.
* Mohd Azmi Abdul Hamid es el presidente del Consejo Consultivo de Organizaciones Islámicas de Malasia.
Texto recogido de un art'iculo publicado en Press TV
