La reapertura parcial del cruce de Rafah, entre Egipto y Gaza, tras casi dos años de cierre, ha comenzado marcada por el sufrimiento y la frustración de la población. Según lo anunciado, hasta 50 personas podrían cruzar en cada dirección diariamente. Sin embargo, desde el lunes pasado, solo 145 pacientes y heridos incluidos sus acompañantes han salido por el cruce de Rafah; y tan solo 98 personas han logrado volver hacia Gaza.
Quienes lograron cruzar relatan largas esperas, interrogatorios exhaustivos, confiscación de pertenencias y estrictos controles de seguridad por parte de fuerzas israelíes y milicias aliadas. Uno de estos casos es el de Rotana al-Raqab. Una gazatí que partió hacia Egipto para recibir tratamiento después de ser herida por un bombardeo israelí hacia su vivienda en Jan Yunis, al sur de la Franja. Rotana permaneció 11 meses en Egipto, y volvió hace dos días a Gaza. Asegura que el tránsito por el cruce de Rafah es un verdadero sufrimiento,
La realidad de esta reapertura, muestra una movilidad extremadamente limitada y muy por debajo de lo acordado en el alto el fuego, agravando el impacto psicológico sobre una población ya golpeada por el asedio y la guerra.
Esta apertura parcial del cruce fronterizo de Rafah, no es un gesto humanitario, sino un aumento del dolor. Las restricciones, y la mínima cantidad de personas autorizadas a cruzar, convierten el paso fronterizo en un mecanismo de presión sobre civiles, donde el sufrimiento de pacientes y familias se gestiona como parte del control.
Huda Hegazi, Gaza
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