En un comunicado difundido el domingo, el portavoz del Movimiento de Resistencia Islámica de Palestina (HAMAS), Hazem Qasem, afirmó que Netanyahu busca “redibujar el mapa regional de una manera que solo sirva a los intereses del régimen ocupante”, con el respaldo de Estados Unidos.
Netanyahu había anunciado que Israel trabajaba en la construcción de una red de Estados aliados que incluiría a La India, Grecia, Chipre y varios países árabes, africanos y asiáticos. El premier israelí presentó esta iniciativa como un eje destinado a contrarrestar tanto lo que denominó el “eje chií radical” como el “emergente eje suní radical”.
Netanyahu realizó estos comentarios al informar sobre la próxima visita del primer ministro indio, Narendra Modi, a los territorios ocupados, y aseguró que La India formaría parte del “eje de naciones que comparten visión” con Israel.
Qasem sostuvo que el régimen israelí intenta consolidar alianzas regionales con apoyo estadounidense para promover sus propios intereses estratégicos, los cuales, según afirmó, entran en contradicción con los de los Estados árabes.
Asimismo, vinculó esta propuesta con lo que describió como una debilidad en las posturas del sistema árabe frente a la guerra en curso en Gaza. En ese contexto, advirtió que cualquier arreglo regional que ignore los derechos del pueblo palestino no contribuirá a la estabilidad ni a la seguridad en Asia Occidental.
El vocero de HAMAS instó a los países árabes a reconocer los riesgos que, a su juicio, entrañan estas iniciativas y sus posibles repercusiones para el equilibrio y la seguridad regionales.
Igualmente, calificó la entidad israelí de “ajena a la región y a su historia” y sostuvo que dependería del respaldo de Washington para liderar alianzas en la región, en detrimento, tal como subrayó, de los intereses y del papel histórico de las naciones árabes en la configuración del orden regional.
La propuesta de Netanyahu para una nueva alianza regional recuerda a la lógica de los Acuerdos de Abraham, que normalizaron vínculos con Israel mientras continuaba la ocupación y la guerra genocida en Gaza. Para muchos analistas, este plan busca reforzar la hegemonía israelí con apoyo estadounidense, ignorando los derechos palestinos y profundizando un orden regional que beneficia al ocupante a costa de los pueblos árabes.
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