En un comunicado emitido el jueves, Human Rights Watch (HRW, por sus siglas en inglés) confirmó que más de 300 personas perdieron la vida como consecuencia de los bombardeos israelíes contra la capital libanesa, Beirut, así como en zonas del sur y el este del país árabe el miércoles, en lo que constituyó la jornada de ataques más intensa desde el inicio de la guerra a principios de marzo.
El informe señala que los ataques, que provocaron el desplazamiento de numerosas personas, destruyeron varios puentes que conectan la capital con localidades del sur del Líbano, cerca de las fronteras con los territorios ocupados por Israel, lo que ha privado a decenas de miles de civiles del acceso a alimentos y servicios de salud.
La organización reiteró la necesidad de imponer un embargo de armas a Israel para frenar la masacre de civiles, tanto en el Líbano como en otros países de la región afectados por las agresiones israelíes.
Los ataques se produjeron el mismo día en que Pakistán anunció un acuerdo de alto el fuego de dos semanas entre Irán y Estados Unidos, mediado por Islamabad, que incluía también al Líbano.
Las autoridades israelíes, entre ellas el primer ministro, Benjamín Netanyahu, y el jefe del Estado Mayor del ejército, Eyal Zamir, rechazaron cualquier tregua en el Líbano y prometieron continuar los bombardeos contra lo que calificaron como posiciones del movimiento de Resistencia libanés Hezbolá, aunque los ataques afectaron principalmente a la población civil.
Irán, Pakistán, Turquía y otros países condenaron las violaciones de la tregua por parte de Israel y acusaron a la entidad hebrea de intentar prolongar el conflicto. Teherán ha advertido que cualquier intento de escalada tendrá graves consecuencias tanto para el régimen como para Estados Unidos.
La frágil tregua, que pone fin temporalmente a 40 días de agresiones ilegales de Estados Unidos e Israel contra Irán, se alcanzó después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, se viera obligado a aceptar los diez puntos de la propuesta de Teherán, ante la incapacidad de Washington de reabrir el estrecho de Ormuz, una vía fluvial estratégica por la que transita cerca de una quinta parte del petróleo y gas del mundo, y que fue parcialmente cerrada por la República Islámica en represalia por las agresiones.
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