• El presidente iraní, Masud Pezeshkian (Izq.), y el Líder de la Revolución Islámica de Irán, el ayatolá Seyed Moytaba Jamenei.
Publicada: jueves, 7 de mayo de 2026 14:26

El presidente de Irán anunció que recientemente se reunió con el Líder en un ambiente cordial y de confianza, destacando las cualidades personales, éticas y de gestión del Líder.

“Lo que más me llamó la atención en esta reunión, por encima de cualquier otro asunto, fue la manera de tratar, la visión y la conducta humilde y profundamente amistosa del Líder de la Revolución Islámica [el ayatolá Seyed Moytaba Jamenei]; un enfoque que transformó el ambiente de diálogo en un entorno basado en la confianza, la serenidad, la empatía y el diálogo directo sin intermediarios”, ha declarado este jueves Masud Pezeshkian al señalar que este encuentro se celebró en un ambiente cordial durante cerca de dos horas y media.

Al hacer hincapié en la necesidad de fortalecer la cohesión, la confianza y la empatía en todos los niveles de la administración del país, Pezeshkian ha elogiado que cuando el Líder de la Revolución Islámica como el funcionario de más alto rango del país interactúa con funcionarios y personas con tal ética y humildad y espíritu humano, ese comportamiento sirve naturalmente como modelo para el sistema administrativo y de gestión de la nación.

Además, el presidente iraní ha manifestado que este enfoque demostró “responsabilidad” y “cercanía con el pueblo” y una genuina atención a los problemas y asuntos, cualidades que, según el presidente, también encarnaba el Líder mártir, el ayatolá Seyed Ali Jamenei.

“El Líder de la revolución asistió a esta reunión con el mismo espíritu basado en la sencillez, la humildad, la cordialidad y el respeto mutuo, lo que hizo que el ambiente del diálogo fuera directo, franco y acompañado de un sentimiento de cercanía y confianza”, ha subrayado.

 

El ayatolá Seyed Moytaba Jamenei fue nombrado Líder de la Revolución Islámica poco después del martirio de su padre y predecesor, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, quien fue asesinado en una agresión terrorista por parte de Estados Unidos e Israel en el primer día de la guerra de agresión lanzada contra Irán el 28 de febrero.

El ataque no provocado del 28 de febrero desencadenó días de bombardeos brutales contra la infraestructura militar y civil de Irán, con la intención de derrocar a la República Islámica tras los violentos disturbios en los que elementos armados vinculados al extranjero atacaron brutalmente a la policía, las fuerzas de seguridad y el personal de los servicios públicos.

Lo que se esperaba que durara solo unos días hasta la caída de la República Islámica se prolongó durante 41 días. Durante ese tiempo, Irán respondió con feroz intensidad, lanzando ataques con drones y misiles contra objetivos estadounidenses e israelíes, lo que finalmente obligó a ambos regímenes agresores a anunciar un alto el fuego unilateral que sigue vigente hasta el día de hoy.

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