Publicada: jueves, 7 de mayo de 2026 11:17

En la dinámica política contemporánea, las comunidades de la diáspora suelen considerarse puentes culturales y defensoras de los intereses nacionales en el ámbito global.

Por Hoda Yaq

Sin embargo, un segmento particular de la diáspora iraní –especialmente la franja radical monárquica y los defensores de un ‘cambio de régimen’ orquestado desde el extranjero– se ha consumido tanto por las ilusiones de una era pasada y una dependencia patológica de potencias extranjeras que ha borrado por completo la línea entre activismo político y traición abierta a los intereses nacionales.

El comportamiento de esta facción –que va desde el extremismo verbal y la alineación abierta con el régimen israelí hasta los intentos de organizar golpes desde el exterior y la macabra celebración de escuelas bombardeadas en su país natal– exige un escrutinio psicológico y político serio.

Confusión de identidad y contradicciones conductuales

La característica más llamativa de este grupo es una profunda dualidad de personalidad.

Por un lado, afirman encarnar “la nación de Irán”; por otro, se ponen hombro con hombro con quienes bombardean la infraestructura civil y militar vital del país.

Las observaciones de campo de reuniones recientes revelan que la bandera del régimen israelí se exhibe no como símbolo de protesta, sino como un "estandarte común" junto al León y Sol de la era Pahlavi y la bandera de Estados Unidos.

Este gesto político representa la cúspide de la degradación nacional y un completo desapego de la identidad territorial.

Otra contradicción radica en su doble estándar respecto a la violencia. Operando dentro de ecosistemas de redes sociales gestionados por servicios de inteligencia extranjeros, los miembros de estos grupos incitan a las personas a salir a las calles para una “insurrección hasta el colapso”, llegando incluso a revelar datos personales del personal de seguridad y, implícita o explícitamente, a pedir la eliminación física de las fuerzas de seguridad nacional de Irán.

Informes de campo desde Los Ángeles indican profundas divisiones dentro de la comunidad expatriada respecto a la guerra; algunos la ven como “un preludio a la caída del régimen”.

Sin embargo, esos mismos individuos mantienen un silencio mortal ante la masacre fría y calculada de mujeres y niños iraníes en Minab.

Proyecto fallido de golpe de Estado del 8-9 de enero de 2026

Los disturbios del 8 y 9 de enero de 2026 (18-19 de Dey de 1404) fueron, desde el inicio, fundamentalmente distintos de las quejas económicas orgánicas. Abundante evidencia indica que, en los días previos a estos eventos, redes de propaganda en persa –como Iran International, BBC Persian y Manoto, cuyo financiamiento y línea editorial están directa o indirectamente vinculados a intereses israelíes y al servicio de inteligencia Mossad– inundaron el espacio informativo con desinformación, movilizando a la población a las calles mediante llamados coordinados.

Según análisis posteriores, el plan de Mossad para provocar la implosión interna de Irán se centraba precisamente en estas redes y en las fuerzas proxy de la diáspora.

Tras los disturbios orquestados, esta facción se dedicó a la fabricación catastrófica de cifras y desinformación sobre “masacres de miles de personas”, intentando generar indignación pública y dirigir a los manifestantes hacia un derrocamiento violento.

Esta operación psicológica no tenía como objetivo apoyar al pueblo iraní, sino crear un pretexto para la intervención militar extranjera.

Cabe destacar que The New York Times reconoció explícitamente, tres meses después de los hechos, que se trató de una “operación conjunta de inteligencia de Mossad dirigida al derrocamiento rápido”, y que había fracasado. Además, el presidente estadounidense Donald Trump confirmó en una entrevista de febrero de 2026 que “Estados Unidos proporcionó la logística y el armamento para la infiltración y la creación de caos en esta operación”.

Estas admisiones transforman fundamentalmente la naturaleza de los disturbios del 8-9 de enero: no fue un “levantamiento popular”, sino una “operación de golpe militar e inteligencia fallida”, un golpe que no solo fracasó sino que, finalmente, fortaleció la cohesión interna de Irán frente a amenazas externas.

Silencio ante la masacre escolar de Minab

El capítulo más oscuro en la historia de esta facción dependiente del extranjero es su reacción al ataque misilístico conjunto de EE.UU. e Israel contra la escuela de niñas Shayare Tayebe en Minab.

En este horrendo crimen de guerra, ocurrido en marzo de 2026, aproximadamente 168 almas inocentes –principalmente estudiantes– fueron masacradas. Al mismo tiempo, 30 misiles israelíes impactaron el complejo de oficinas del Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, en la capital, Teherán, provocando su martirio y el de miembros de su familia, incluidos niños y mujeres.

¿Cuál fue la reacción de los “monárquicos apátridas” en el extranjero? Júbilo, vítores y bailes en las calles de Nueva York, Londres y Los Ángeles.

Informes noticiosos confirman que, mientras estos grupos derramaban lágrimas de cocodrilo por los cuerpos heridos de mujeres y niños iraníes durante protestas pasadas, el día del ataque a Minab y del asesinato de comandantes superiores repartían dulces en las calles.

Este comportamiento salvaje solo puede analizarse así: para estas facciones, ‘Irán’ existe únicamente como un espejismo fantaseoso monárquico, y el ‘pueblo iraní’ tiene valor solo en la medida en que sirve como herramienta para tomar el poder.

El bombardeo de infraestructura civil, la destrucción de hogares, el arrasamiento de monumentos históricos y patrimonio cultural, y la matanza de los niños de Minab y de miles de iraníes no los conmovió.

En cambio, repitiendo el lema ‘Lo reconstruiremos mejor’, demostraron que no tienen ni un vínculo con esta tierra ni conciencia por sus semejantes.

Doctrina del “príncipe estadounidense” y la subasta de la patria

En la cúspide de esta pirámide de traición se encuentra una figura que ha admitido repetidamente que no está dispuesto a arriesgar su propia vida por la libertad de Irán y se identifica a sí mismo como “estadounidense”.

Desde la comodidad y seguridad de los suburbios de Maryland, Reza Pahlavi insta constantemente a la nación iraní a “salir a las calles, matar y ser matados”.

Incluso ha llamado a realizar “ataques quirúrgicos” contra el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI). Su contradicción personal es tan evidente que, incluso después de un alto el fuego temporal en abril de 2026, sus seguidores no expresaron alivio, sino que emitieron llamados para que los ataques militares se reanudaran.

Los partidarios de este autoproclamado príncipe, cuando se les plantean cuestiones éticas sobre la posible partición de Irán, declaran francamente: “Que Trump tome tanto dinero y petróleo de Irán como quiera, y que lo disfrute”.

Esta mentalidad materialista y servil justifica cualquier crimen de guerra cometido contra la nación iraní. Esto contrasta fuertemente con la opinión pública estadounidense, que ha realizado repetidas manifestaciones contra la guerra, evidenciando la contradicción entre la afirmación de representar al pueblo y la realidad del aislamiento político de esta facción.

Amenaza para la sociedad civil global y necesidad de acción legal

La violencia verbal y física de estos grupos no se limita a las fronteras de Irán. Numerosos informes policiales del Reino Unido, Estados Unidos y Canadá indican que esta facción violenta y abusiva ataca a familias iraníes con opiniones opuestas en las calles de sus países de acogida, insultando a madres frente a sus hijos pequeños.

Esta conducta anormal ha escalado al punto en que la policía de Londres y Los Ángeles ha tenido que intervenir físicamente y arrestar repetidamente a miembros de estas reuniones disruptivas.

La violencia abierta y el odio en los lemas de esta multitud son tan peligrosos que los ciudadanos de los países anfitriones ahora piden la deportación de estos elementos peligrosos.

Campañas en internet con decenas de miles de firmas exigiendo la expulsión de los partidarios de la violencia en Australia y Estados Unidos reflejan la indignación pública ante este comportamiento.

El fiscal general de la República Islámica de Irán tampoco ha permanecido indiferente ante esta traición, anunciando que los bienes y propiedades de los iraníes residentes en el extranjero que apoyen la agresión militar contra su país serán confiscados en beneficio de la nación iraní.

Bestialidad política disfrazada de oposición

Una revisión de los eventos de enero a abril de 2026 revela que no estamos ante una “oposición genuina”, sino ante un Síndrome de Salvajismo Político.

En este momento histórico, esta facción ha subastado toda noción concebible de ética humana y patriotismo, formando una alianza impía con los enemigos jurados de la nación iraní, incluidos los asesinos de niños con la sangre de los niños de Minab en sus manos.

Su humanidad es cuestionable según los criterios más básicos de los derechos humanos. Un ser que no muestra ninguna reacción ante la victimización de niños en el caso Epstein –porque su patrón es Trump–, pero derrama lágrimas de cocodrilo por un alborotador designado como operativo por Pompeo y otros funcionarios israelí-estadounidenses, ciertamente no reaccionará ante la masacre de 168 niños iraníes en este teatro propagandístico montado en apoyo del Mossad.

Estas personas no son “activistas políticos”, sino una amenaza abierta y directa para la paz y la seguridad global. El futuro pertenece a la gran nación de Irán, no a los mercenarios dependientes que sueñan con un regreso a la Edad Media a bordo de tanques estadounidenses.