“Nos esforzaremos por Irán hasta el último aliento. A pesar de todas las escaseces, problemas, presiones e injusticias, el gobierno, con la gracia de Dios y confiando en la unidad y cohesión de la sociedad, se esforzará para superar los obstáculos y no permitirá que ningún obstáculo permanezca en el camino de la dignidad nacional”, declaró el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, durante una ceremonia el sábado.
El mandatario aseguró que Irán no se rendirá ante las dificultades y que, pese a las presiones y problemas generados por ciertos poderes, la determinación del país de mantenerse firme y avanzar no se debilitará.
“Aunque el mundo, con injusticia, y las potencias se hayan levantado para obligarnos a inclinar la cabeza ante ellos, deben saber que (…) no nos doblegaremos frente a estos desafíos”, resaltó.
Sus declaraciones se producen en medio de un despliegue militar estadounidense significativo en la región, tras disturbios mortales respaldados por EE.UU. e Israel en enero, que constituyeron un intento de golpe de Estado y costaron miles de vidas.
A finales de diciembre, las dificultades económicas, causadas y exacerbadas por años de sanciones occidentales, desencadenaron una ola de protestas pacíficas entre comerciantes en Teherán y otras ciudades, las cuales se tornaron violentas el 8 y 9 de enero tras la infiltración de elementos terroristas y hombres armados, apoyados desde el exterior, entre los manifestantes.
En este contexto, el Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, advirtió sobre cualquier nueva aventura militar de Estados Unidos, subrayando que, aunque EE.UU. cuente con “el ejército más fuerte del mundo”, existen armas capaces de neutralizar incluso a un portaaviones.
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