Publicada: sábado, 21 de febrero de 2026 13:43

La guerra de 12 días puso a prueba la red radar iraní y redefinió su estrategia de disuasión con movilidad, integración y resiliencia tecnológica.

Por: Mohammad Molaei *

En el complejo y volátil entorno geopolítico contemporáneo, donde las amenazas aéreas y misilísticas pueden surgir en cualquier momento y desde cualquier dirección, los sistemas de radar actúan como ojos vigilantes en el cielo y guardianes incansables del espacio aéreo nacional.

Constituyen uno de los pilares fundamentales de la arquitectura moderna de seguridad nacional.

Como potencia regional de primer orden y heredera de una prolongada tradición de innovación defensiva autóctona, Irán ha desarrollado un portafolio diverso y sofisticado de sistemas de radar avanzados.

Estos sistemas no solo supervisan las vastas extensiones de la meseta iraní, sino que también simbolizan la resiliencia estratégica y la autosuficiencia tecnológica frente a la presión occidental y la hostilidad del régimen sionista.

Fruto de décadas de investigación y desarrollo nacionales bajo sanciones severas e ilegítimas, las tecnologías de radar iraníes han evolucionado hasta incorporar capacidades avanzadas como los sistemas de barrido electrónico activo (AESA) y los radares más allá del horizonte (OTH).

Estas capacidades fueron puestas a prueba durante la guerra israelí-estadounidense de 12 días contra la nación iraní en junio de 2025, cuando el régimen sionista, con apoyo estadounidense explícito, lanzó extensos ataques contra la infraestructura defensiva iraní.

El conflicto, que concluyó con el fracaso estratégico de los agresores, proporcionó lecciones operativas cruciales y puso de relieve áreas susceptibles de fortalecimiento dentro de la red nacional de radares.

Clasificación de los radares: terrestres, navales y aerotransportados

Como sistemas electromagnéticos complejos que transmiten y reciben ondas de radio para detectar, rastrear e identificar objetivos, los radares se clasifican generalmente en tres categorías principales según su plataforma operativa: sistemas terrestres, navales y aerotransportados.

Además del entorno en el que operan, los radares también se categorizan en función de requerimientos estratégicos, tácticos y geográficos. Cada categoría ofrece ventajas específicas, aunque enfrenta desafíos operativos propios.

Los radares terrestres constituyen la columna vertebral de los sistemas nacionales de defensa aérea. Instalados en emplazamientos fijos o desplegados sobre plataformas móviles, resultan particularmente idóneos para cubrir amplias áreas geográficas, como las de Irán, cuyas fronteras se extienden considerablemente de norte a sur.

Estos radares son capaces de detectar objetivos aéreos, misiles, drones y, en algunos casos, blancos terrestres a largas distancias. Entre sus principales fortalezas figuran la estabilidad operativa, la elevada potencia de transmisión y la integración fluida en redes escalonadas de defensa aérea.

No obstante, debido a sus posiciones fijas o semifijas, pueden resultar más vulnerables a ataques directos o a la guerra electrónica, como se evidenció durante la guerra de 12 días. Irán integra radares terrestres con sistemas de defensa antimisiles como el Bavar-373 para establecer un escudo defensivo multicapa capaz de contrarrestar amenazas diversas.

Los radares navales se instalan en buques, submarinos, plataformas costa afuera y embarcaciones rápidas de ataque. Estos sistemas desempeñan un papel crucial en la vigilancia de vías marítimas estratégicas como el Golfo Pérsico, el mar de Omán y el estrecho de Ormuz.

Están diseñados para detectar amenazas marítimas, submarinas, aéreas y misiles de crucero. Su elevada movilidad incrementa notablemente la capacidad de supervivencia, al permitir su reposicionamiento para evitar o mitigar ataques enemigos. En consonancia con su énfasis en la defensa marítima asimétrica, Irán ha desarrollado capacidades de radar naval destinadas a proteger rutas energéticas críticas y reforzar la disuasión frente a fuerzas navales occidentales, incluidos los grupos de portaaviones estadounidenses.

Los radares aerotransportados se montan en aeronaves, vehículos aéreos no tripulados (UAV), globos de vigilancia y, en ciertos casos, satélites de órbita terrestre baja. Operando a gran altitud, proporcionan una cobertura ampliada y eliminan eficazmente los puntos ciegos terrestres causados por accidentes geográficos como montañas y valles.

Un ejemplo destacado es el sistema de alerta temprana y control aerotransportado (AWACS), cuya importancia estratégica quedó subrayada durante la guerra de 12 días. Estos radares ofrecen movilidad excepcional, transmisión de datos en tiempo real a redes integradas de defensa y eficacia operativa incluso en condiciones meteorológicas adversas.

Irán ha avanzado en esta dirección mediante el despliegue de drones equipados con radar; sin embargo, persiste la necesidad de sistemas aerotransportados más avanzados e integrales.

Estas tres categorías son complementarias y, cuando se integran, potencian significativamente la disuasión dentro de una red defensiva unificada. Al priorizar el desarrollo autóctono y la integración sistémica, Irán ha consolidado capacidades en los tres dominios para hacer frente a un amplio espectro de amenazas, desde incursiones aéreas hasta misiles balísticos.

Este enfoque integral se sustenta en la experiencia histórica, particularmente en las lecciones derivadas de la Guerra Impuesta de la década de 1980, que subrayó la necesidad estratégica de una cobertura radar escalonada, resiliente y de amplio alcance.

Sistemas de radar iraníes

Sometido a décadas de sanciones occidentales, Irán ha procurado transformar la presión externa en autosuficiencia tecnológica, desarrollando un amplio abanico de sistemas de radar autóctonos. Este portafolio incluye plataformas fijas y móviles, sistemas más allá del horizonte (OTH), radares de alerta temprana, radares de búsqueda y radares de control de tiro, concebidos conjuntamente para proporcionar cobertura aérea de 360 grados.

Los avances hasta 2026, en particular la integración de inteligencia artificial (IA) y tecnologías de detección pasiva, han reforzado la automatización, la discriminación de objetivos y la resiliencia de red. Algunos de los sistemas más relevantes se describen a continuación.

Radar Sepehr

Sepehr es un radar de largo alcance más allá del horizonte (OTH), capaz de supervisar objetivos a distancias superiores a 3000 kilómetros. Operando en bandas HF/VHF, está diseñado para detectar blancos a gran altitud a distancias extendidas mediante la explotación de la reflexión ionosférica de ondas, superando así las limitaciones de línea de visión de las redes convencionales.

Como instalación fija de amplia cobertura, está destinado a vigilar extensas áreas geográficas, incluidas partes de Asia Occidental y más allá. Se le atribuye capacidad para detectar misiles balísticos, aeronaves de largo alcance, drones y ciertos objetivos de baja observabilidad.

Serie de radares Matla al- Fayr

La familia Matla al-Fayr comprende radares tridimensionales de alerta temprana en banda VHF, cuyas versiones 1, 2 y 3 representan mejoras progresivas. Se informa que la tercera generación ofrece un alcance de detección de hasta 500 kilómetros y cobertura de altitud aproximada de 20 kilómetros.

Montados sobre plataformas móviles tipo camión y construidos con tecnología de estado sólido, estos radares están diseñados para resistir la guerra electrónica y detectar objetivos de baja altitud, drones y potencialmente blancos de baja observabilidad.

Radar Naym-802

El Naym-802 se describe como uno de los primeros radares iraníes de tipo AESA, operando en banda X con un alcance estimado de 150–200 kilómetros.

Como radar tridimensional, se integra con sistemas de defensa aérea como Bavar-373 y 15 de Jordad para funciones de control de tiro y apoyo al enfrentamiento. Se afirma que es móvil, capaz de rastrear múltiples objetivos simultáneamente y dotado de características ECCM para incrementar la resistencia a interferencias.

Radar Qadir

Qadir es otro sistema de largo alcance, descrito frecuentemente como instalación en banda VHF con capacidad OTH, con cobertura reportada entre 1100 y 1600 kilómetros y detección de altitudes de hasta 300 kilómetros.

Con cobertura declarada de 360 grados, forma parte de la red nacional de defensa aérea. Las descripciones públicas indican que está destinado a detectar lanzamientos de misiles balísticos, aeronaves y potencialmente objetos en el espacio cercano, incorporando además medidas de protección contra interferencias electrónicas.

Radar Fath-14

El Fath-14 se caracteriza como radar móvil de alerta temprana en banda VHF, con un alcance aproximado de 600 kilómetros. Diseñado para objetivos de gran altitud y misiles de crucero, está construido con componentes de estado sólido e integrado en la red nacional de defensa aérea.

Radar Meray-4

Presentado en 2014, el Meray-4 es un radar tridimensional en banda S de tipo AESA desarrollado por Industrias Electrónicas de Irán (IEI). Con capacidad de detección de alcance medio y ancho de banda reportado de 250 MHz, está concebido para rastrear múltiples objetivos aéreos simultáneamente y presenta elevada resistencia a interferencias electrónicas.

Radar pasivo Bahman

Bahman representa una nueva generación de sistemas de radar pasivos. A diferencia de los radares convencionales, no emite señales detectables, sino que se basa en reflexiones provenientes de fuentes electromagnéticas existentes.

Se informa que puede detectar aeronaves convencionales a distancias cercanas a 160 kilómetros y objetivos de baja observabilidad a distancias menores, mejorando su supervivencia frente a misiles antirradiación.

Radar Keyhan

El radar Keyhan se presenta como un sistema multifunción de arreglo en fase con capacidad de detección de largo alcance, hasta 3000 kilómetros.

Relatos públicos sugieren que incorpora tecnología AESA y automatización habilitada por IA para reforzar la resistencia frente a guerra electrónica y cibernética, siendo considerado representativo de los avances proyectados para el período 2025–2026.

Además de los sistemas mencionados, Irán ha desarrollado o presentado otras plataformas de radar, entre ellas:

  • Arash-2 (optimizado para detección furtiva hasta 400 km)
  • Kahef (radar móvil con alcance aproximado de 150 km)
  • Alim
  • Asr (radar naval)
  • Bashir (aproximadamente 350 km de alcance)
  • Cheshme Oqab (optimizado para vigilancia de drones)
  • Falaq
  • Qamar (radar tridimensional)
  • Melli (radar doméstico temprano con alcance de 450 km)
  • Golfo Pérsico (asociado a detección de objetivos de baja observabilidad)

Muchos de estos sistemas enfatizan la movilidad para incrementar la supervivencia y facilitar el redespliegue rápido en entornos disputados. En conjunto, se describen como integrados mediante una arquitectura nacional de enlace de datos que permite superposición de cobertura de alerta temprana y control de tiro.

Este enfoque escalonado busca fortalecer la redundancia, la resiliencia y la conciencia situacional integral dentro de la red de defensa aérea iraní, estableciendo comparaciones con sistemas extranjeros como el Rezonans-NE.

Uso de radares en guerra de 12 días: primeros golpes y supervivencia de sistemas móviles

En las primeras horas del 13 de junio de 2025, el régimen sionista lanzó ataques coordinados cibernéticos, aéreos y misilísticos contra varias instalaciones fijas de radar de alerta temprana en el oeste de Irán.

Descrita como parte de una estrategia más amplia de supresión, respaldada por inteligencia estadounidense, la agresión —calificada como no provocada e ilegal— buscaba degradar la red iraní de defensa aérea mediante la neutralización de nodos clave de vigilancia desde el inicio de las hostilidades.

Entre los objetivos se encontraba el emplazamiento de radar de Subashi, considerado una de las principales instalaciones de alerta temprana del país, junto con ciertas instalaciones fijas asociadas a la red de radares Qadir. Los ataques generaron temporalmente brechas localizadas en la cobertura, permitiendo la penetración limitada de aeronaves avanzadas, incluidos cazas F-35, así como de sistemas no tripulados. Si bien se reportaron daños en la infraestructura, su magnitud global continúa siendo objeto de evaluaciones divergentes.

En respuesta, Irán recurrió de manera decisiva a sus activos de radar móviles para restablecer la conciencia situacional. Sistemas como la serie Matla al-Fayr, el Naym, el Fath-14 y el radar pasivo Bahman fueron reposicionados con rapidez para compensar los emplazamientos fijos dañados.

Su movilidad, integración en red y enlaces de comunicación reforzados les permitieron sobrevivir a los ataques iniciales y continuar proporcionando datos de alerta temprana. Asimismo, se describió que estas plataformas respaldaron la coordinación de la defensa antimisiles al suministrar información de adquisición y seguimiento de objetivos a la arquitectura integral de defensa aérea.

Durante la guerra también se reportaron operaciones cibernéticas. No obstante, fuentes iraníes sostienen que las comunicaciones cifradas, las estructuras de mando descentralizadas y el empleo de tecnologías de detección pasiva contribuyeron a mitigar el impacto de la guerra electrónica y cibernética.

Las plataformas de radar navales, incluido el radar Asr, desempeñaron un papel adicional al mantener la vigilancia sobre el Golfo Pérsico y reforzar la conciencia del dominio marítimo, reduciendo así la vulnerabilidad frente a posibles amenazas navales.

En conjunto, la guerra de 12 días subrayó la importancia operativa de la movilidad, la redundancia y la integración en red dentro de la estrategia moderna de radares.

El conflicto de agresión, que concluyó con el llamado del régimen israelí a un alto el fuego, evidenció que los sistemas de radar no solo constituyen los “ojos” de la defensa nacional, sino también uno de los principales blancos en la guerra contemporánea de alta intensidad, reafirmando la necesidad estratégica de arquitecturas de vigilancia escalonadas, resilientes y adaptables.

Lecciones de la guerra de 12 días en el ámbito radar

La guerra de 12 días funcionó como un laboratorio real para las fuerzas armadas del país, especialmente en el dominio del radar y la defensa aérea.

A partir del examen de reveses y éxitos operativos, así como de comparaciones con conflictos recientes como la guerra en Ucrania y enfrentamientos regionales vinculados con Yemen, Irán habría extraído enseñanzas destinadas a orientar los esfuerzos de modernización hasta 2026.

Lección uno: la necesidad de la movilidad radar

Una de las conclusiones operativas más evidentes fue la vulnerabilidad de las instalaciones fijas. Los ataques iniciales se centraron, según informes, en sistemas estacionarios de alerta temprana, demostrando que incluso plataformas avanzadas pueden ser neutralizadas mediante ataques de precisión.

Como resultado, la máxima movilidad ha emergido como una prioridad estratégica. Los sistemas montados sobre camiones, como la serie Matla al-Fayr, capaces de volver a desplegarse en cuestión de horas, demostraron mayor capacidad de supervivencia y aptitud para mantener una cobertura continua.

La ampliación de flotas de radares móviles, dotadas de sistemas de navegación reforzados, tecnologías de posicionamiento resistentes a interferencias y logística de despliegue rápido, incrementa la resiliencia y complica la selección de blancos por parte del adversario.

Asimismo, la combinación de movilidad con camuflaje, tácticas de engaño y emisores señuelo puede imponer mayores costos operativos al enemigo. Estas medidas fortalecen la disuasión asimétrica y evocan lecciones aprendidas durante la guerra Irán–Iraq, cuando la dispersión y la supervivencia resultaron decisivas.

Lección dos: imperativo de sistemas aerotransportados de alerta temprana (AWACS)

La geografía iraní plantea desafíos inherentes para la cobertura radar. Las regiones occidentales y la cordillera de los Zagros generan puntos ciegos inducidos por el relieve que limitan la eficacia de los sistemas terrestres. Durante la guerra, tales brechas fueron explotadas para penetraciones a baja altitud.

Los sistemas aerotransportados de alerta y control (AWACS) podrían mitigar estas limitaciones al proporcionar vigilancia elevada de amplio alcance y seguimiento en tiempo real de objetivos.

Plataformas como el KJ-500 y el KJ-2000 suelen citarse en análisis de fuentes abiertas como posibles modelos, debido a sus sensores modernos y capacidades centradas en red. Los sistemas aerotransportados amplían el alcance de detección, reducen el enmascaramiento topográfico y mejoran la coordinación de operaciones defensivas y ofensivas.

Para Irán, invertir en alerta temprana aerotransportada —ya sea mediante adquisición, desarrollo conjunto o adaptación autóctona— reforzaría significativamente la cobertura integral del espacio aéreo y reduciría vulnerabilidades evidenciadas durante la guerra de 12 días.

Lección tres: guerra centrada en redes y enlaces de datos avanzados

El conflicto demostró que unidades de radar aisladas resultan insuficientes en la guerra moderna. La supervivencia y la eficacia dependen crecientemente de redes integradas, cifradas e inteligentes. Mediante enlaces de datos seguros y fusión de información, múltiples nodos pueden compartir datos, compensar pérdidas y mantener conciencia situacional aun cuando componentes individuales resulten degradados.

Sistemas como el Bavar-373 ilustran la transición hacia arquitecturas defensivas basadas en red. La incorporación de inteligencia artificial en el procesamiento de datos puede acelerar la identificación de amenazas, predecir trayectorias y acortar los tiempos de respuesta.

En este marco, la red de defensa aérea opera como un sistema distribuido y adaptativo, capaz de absorber pérdidas sin interrumpir la continuidad operativa.

La integración de insumos satelitales y sensores montados en drones amplía además el alcance y la resiliencia frente a amenazas electrónicas y cibernéticas.

Lección cuatro: el papel central de la guerra electrónica

La guerra electrónica emergió como dimensión decisiva, aunque menos visible, del conflicto. Las capacidades de la guerra electrónica (EW, por sus siglas en inglés) pueden perturbar radares enemigos, falsificar sistemas de navegación y degradar comunicaciones. Informes indican que las redes radar iraníes enfrentaron interferencias electrónicas y cibernéticas; sin embargo, contramedidas y sistemas EW autóctonos contribuyeron a mitigar su impacto.

La integración directa de capacidades EW en la arquitectura radar —combinando detección, interferencia, engaño y contramedidas electrónicas— genera una protección escalonada. Se prevé que los sistemas futuros, incluidas plataformas avanzadas de arreglo en fase como el Keyhan, incorporen defensas cibernéticas y electrónicas más robustas.

Al concebir la guerra electrónica como capa defensiva esencial y no meramente complementaria, Irán puede potenciar su ventaja asimétrica, incrementar la incertidumbre del adversario y elevar el costo operativo de acciones hostiles.

Consideraciones estratégicas adicionales

Más allá de estas cuatro lecciones principales, la guerra destacó imperativos más amplios:

  • Integración de inteligencia artificial: el análisis impulsado por IA mejora la predicción de amenazas, la priorización de objetivos y la respuesta automatizada.
  • Expansión de radares pasivos: plataformas como Bahman reducen vulnerabilidades al evitar emisiones activas.
  • Cooperación tecnológica internacional: la interacción con socios como China y Rusia, incluyendo referencias a sistemas como el HQ-9 y el S-400, podría respaldar reconstrucción, modernización y transferencia de conocimiento.
  • Capital humano y entrenamiento: simulaciones continuas, ejercicios operativos y especialización técnica siguen siendo esenciales para maximizar la eficacia sistémica.

En síntesis, la guerra de 12 días reafirmó el principio de que los sistemas de radar y defensa aérea deben ser móviles, integrados, inteligentes y resilientes frente a amenazas electrónicas.

Al incorporar estas lecciones en los esfuerzos de modernización hasta 2026, Irán procura edificar una postura de defensa aérea más adaptativa e integral, capaz de enfrentar amenazas en evolución.

Resumen: un futuro prometedor para la defensa radar en Irán

Los sistemas de defensa radar iraníes simbolizan el espíritu resiliente y no derrotado de la resistencia de la República Islámica. Frente al imperialismo occidental y al régimen sionista, Irán se apoya en su pericia autóctona para salvaguardar sus cielos y afirmar su soberanía.

La guerra de 12 días, aunque devastadora, habría evidenciado la fortaleza de la capacidad disuasiva iraní, imponiendo reveses estratégicos a sus adversarios y ofreciendo valiosas lecciones para su ulterior perfeccionamiento.

Mediante la movilización plena, la inversión en capacidades AWACS, el avance de la guerra centrada en redes, la integración de sistemas de guerra electrónica y el fortalecimiento de la inteligencia artificial, el espacio aéreo iraní podría volverse progresivamente más seguro y resiliente.

Estos avances no solo consolidan la seguridad nacional, sino que también proyectan un mensaje a movimientos regionales afines, ilustrando cómo una nación sometida a presión puede transformarse en una potencia formidable.

Puede sostenerse que el futuro pertenece a los países que responden a la coerción con conocimiento autóctono, innovación tecnológica y determinación inquebrantable; e Irán aspira a situarse a la vanguardia de esa trayectoria.

Al continuar invirtiendo en investigación y desarrollo, Irán pretende no solo contrarrestar amenazas existentes, sino también anticiparse a desafíos emergentes, incluidos la guerra cibernética y la evolución del dominio de la inteligencia artificial.

* Mohammad Molaei es analista de asuntos militares con sede en Teherán.


Texto recogido de un artíulo publicado en Press TV