Publicada: domingo, 28 de octubre de 2018 12:40

La manipulación del caso Khashoggi ha servido para desviar la atención de problemas urgentes que deben resolverse en el campo del geopoder.

Señalando claramente el rechazo a la acción criminal sobre el periodista desmembrado en el consulado de Arabia Saudí en Estambul (Turquía), las preguntas no respondidas claramente se refieren al autor intelectual, el porqué del hecho y si habrá castigo.

Así, es preciso clarificar tres situaciones que no aparecen en los medios occidentales y que otros reproducen sin análisis.

En primer lugar, se ha presentado a Jamal Khashoggi como un gran defensor de la democracia y la verdad cuando, según Alberto García Watson (1), las evidencias no corresponden a esa historia.

En segundo lugar, la supuesta razón de este atroz crimen es que criticaba muy fuertemente a la Casa Al Saud, sin embargo, no es suficiente para un acto de esa índole.

En tercer lugar, considerar su crimen como un atentado a la prensa libre queda como una mentira que no se puede disimular, pues el gobierno estadounidense ha protegido a las instituciones que atacan la información veraz y autónoma.

Lo cierto es que todo asesinato de este tipo necesita dos requisitos: ser imprescindible la muerte por el secreto que posee y, además contar con el beneplácito de un gobierno dictatorial poderoso, interno y externo. Las dos condiciones se cumplen.

En esta situación particular, la prensa hegemónica ha inventado una extraña película sobre la libre expresión. Por el contrario, de la muerte de cientos de periodistas en América Latina, asesinados por el estado, las mafias y las élites, muchos de ellos torturados y desaparecidos, no se ha realizado ningún programa ambicioso ni mención mediática, especialmente por ser gente progresista, comprometida, muchos de ellos humildes.

No se puede olvidar a Serena Shim, periodista estadounidense asesinada por Turquía en un “accidente automovilístico” (2014), al revelar el apoyo gubernamental al grupo terrorista  EIIL (Daesh, en árabe). Cabe recordar que EE.UU. no hizo ningún reclamo, ni organizó una mediática inmensa como ahora.

Respecto a Jamal Khashoggi, éste es presentado como perseguido político al ser crítico con el régimen saudí, a su campaña de bombardeos indiscriminados contra Yemen y la normalización de las relaciones entre Arabia Saudí y el régimen israelí, denunciando el bloqueo a Catar, así como una supuesta y enconada defensa de la causa palestina.

Si representantes del sistema como David Hirst en The Guardian afirman que se preocupaba por absolutos como "la verdad, la democracia y la  libertad ", junto al director de Human Rights Watch (HRW), que lo describió como representante del " periodismo abierto y crítico", las dudas son imparables.

En efecto, Khashoggi era sobrino del famoso traficante de armas, Adnan Khashoggi, viajó a Afganistán en los años 80 para unirse a Bin Laden en su combate al gobierno revolucionario, se convirtió en el hombre de confianza del príncipe Al-Waleed bin Talal, vinculado con la “Hermandad Musulmana”, caracterizada por su visión extremista afín a EIIL y Al-Qaeda, enalteciendo las decapitaciones en Alepo por el supuesto efecto intimidatorio a las fuerzas del “régimen” sirio.

Fue defensor de Erdogan y reprobó el sometimiento de Catar por Arabia Saudí.

Según As'ad Abu Khalil, profesor de ciencia política libanés-estadounidense en la Universidad Estatal de California, nunca fue un activista por los derechos humanos, la apertura democrática en Arabia Saudí, los derechos de la mujer o la libertad de expresión, pues ofició como censor, editando y cercenando los principios más elementales de la libertad de expresión y pensamiento, en un país que se rige aún hoy por una legislación cuasi medieval.

Khashoggi fue un funcionario de confianza del aparato de comunicación saudí; no fue castigado como Nasir As-Sa'id, quien fue lanzado al desierto en forma muy similar a los vuelos de la muerte protagonizados por Pinochet. En sus escritos árabes respaldó las presuntas reformas y guerra contra la corrupción del príncipe heredero saudí, Muhamad bin Salman (MbS) ; quiso ser su asesor, pero fue rechazado. Cuando se opuso directamente al príncipe heredero comenzó su crisis, trasladándose a EE.UU. (2).

Por tanto, la falsa noticia como adalid de la paz y democracia sólo reproduce propaganda, lo que no justifica la atrocidad cometida.

¿Quiénes han actuado sancionando a Arabia Saudí?

Como se sabe, el gobierno español ha manifestado que las bombas inteligentes vendidas a la monarquía pueden seleccionar objetivos, es decir, saber a quién matan, exceptuando aquellas que exterminan niños en autobuses o justificando que eran futuros enemigos de Arabia Saudí. Trump y Reino Unido han corroborado que el negocio es lo más importante, pese a algunas excepciones.

Finalmente, MbS ha calificado el crimen de incidente repulsivo" y aseveró que "la justicia prevalecerá", saludando a la familia del periodista e impidiéndole la salida del reino. Tanto el equipo ejecutor, ligado directamente al príncipe heredero, como las mentiras del gobierno sobre la desaparición y el no encuentro del cadáver, confirma el autor intelectual, agravado por la muerte en un “accidente automovilístico” de uno de los sicarios enviados quien deseaba contar lo sucedido.

¿Cuál es el motivo de su asesinato?

No aporta nada que el fiscal general saudita estableciera que fue premeditado este atentado, pues es evidente. De ningún modo, ser un crítico de MbS solamente o estar presuntamente creando un partido de oposición fue la única causa, como lo presenta la propaganda.

Hay que considerar seriamente el respaldo a Khashoggi por el régimen de Catar (enemigo principal de la casa Saud) y del gobierno turco, estableciendo relaciones de inteligencia con ambos, según el diario Okaz: los secretos son peligrosos. Desertar es castigado como ejemplo para los indecisos, señalando que no existe lugar donde puedan escabullirse.

Dos conclusiones: una, hay que esperar como se desenvuelven las “investigaciones” y si dan respuesta a una demanda de justicia y castigo a los responsables, independiente si se desliga relativamente a MbS del poder; dos, la capacidad de los medios para tergiversar la realidad, afectar las emociones y engañar al mundo, es de tal magnitud que, si esos instrumentos de comunicación son manejados por grupos sin pudor alguno, el resultado es lo que hemos visto a nivel internacional.

Por este mecanismo se designa asesinatos de bajo perfil a la muerte de cincuenta niños y los cuerpos desmembrados de mujeres y transeúntes en un mercado no son noticia de primera plana, confirmando la atroz manipulación informativa y la baja escala valórica.

Sólo quien defiende los derechos a la verdadera libertad de información puede hablar con eticidad de dicha defensa.

 

  1. Véase: Alberto García Watson, Topete GLZ | 25 octubre, 2018
  2. https://www.mintpressnews.com/loyal-to-saudi-arabia-jamal-khashoggi-was-no-democracy-campaigner/250795/

Carlos Santa María
Carlos Santa María Carlos Santa María es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, profesor universitario, columnista de varios medios nacionales e internacionales y ha escrito dieciséis libros en el campo humano, político y pedagógico.

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