El presidente Donald Trump se enfrenta a uno de sus momentos más frágiles de su segundo mandato con los niveles más bajos de popularidad que ningún otro presidente en la historia, de acuerdo con todas las compañías de medición en el mercado: entre un 61 y 57 % desaprueba su gestión y solo entre 37 y 40 % lo aprueba.
Mas y más miembros importantes de su propio partido se comienzan a distanciar reprobando las acciones y muertes de ciudadanos estadounidenses a manos de agentes federales.
Cada día toma una decisión o comenta algo controversial en medio de escándalos, a pesar de tratar de desviar la atención con violencia, su nombre sigue sonado fuerte en los archivos de Epstein que lo identifican como cliente de una red de prostitución que incluía menores de edad, lo cual lo coloca en el centro de una red de poder, silencios y privilegios.
El último eslabón de esta serie de derrotas para Trump, ocurrió recientemente en Texas, en donde en un distrito republicano por más de 3 décadas, fue perdido en una elección especial por el demócrata Tylor Rehemet, derrotando a la candidata de Trump. Las derrotas políticas locales están surgiendo por todo el país.
Y aunque su popularidad continua fuerte con la extrema derecha, el costo de vida sigue elevado en comparación a los salarios, el quitar beneficio a ciudadanos estadounidenses no fue bien visto, golpear el bolsillo de los votantes no es una buena idea.
El caso Epstein sin duda, aunque la administración lo evade, reactiva cuestionamientos sobre impunidad y corrupción en las altas esferas del poder.
La suma de factores dibuja un presidente debitado, la prueba de fuego será el próximo noviembre en las elecciones de medio termino.
Fernando Mejia, Los Angeles.
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