• El rey de Arabia Saudí, Salman bin Abdulaziz Al Saud (primer plano), y su príncipe heredero, Muhamad bin Salman (a su izquierda), en un acto público.
Publicada: viernes, 26 de octubre de 2018 17:13
Actualizada: viernes, 26 de octubre de 2018 18:50

En Arabia Saudí es una práctica común acallar las voces disidentes, el caso Khashoggi es solo un ejemplo; como él varios príncipes opositores están desparecidos.

Las altas esferas del poder en Arabia Saudí son reacias a recibir cualquier crítica a su modo de gobernar el reino árabe que desde hace más de 86 años se rige mediante una monarquía absoluta que calla a quien ose oponerse a sus políticas, inclusive si se trata de algún miembro de la familia real de los Al Saud.

Desde que estallara el escándalo del asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi, el 2 octubre en el consulado saudí en Estambul (Turquía), el mundo ha sido testigo de cómo Riad ha querido desviar la atención mediática sobre este caso al dar evasivas para esclarecer todo lo que rodeó a la desaparición del columnista del diario estadounidense The Washington Post.

Al principio, Riad sostenía que el periodista –opositor a las políticas del príncipe heredero saudí Muhamad bin Salman y autoexiliado en EE.UU. en 2017– había abandonado la misión consular tras realizar gestiones, y no daba importancia alguna a las filtraciones turcas que apuntaban a la participación de varios agentes vinculados con Bin Salman en el asesinato de Khashoggi.

Pero al final, Arabia Saudí tuvo que rendirse ante la fuerte presión internacional venida de sus aliados como EE.UU. y Europa para que aclarara su papel en el morboso asunto, y la Fiscalía saudí confirmó que la muerte de Khashoggi, a manos de los oficiales próximos al príncipe heredero, fue premeditado.

Silenciar a los opositores es una práctica usual entre los altos cargos saudíes, pues tal y como anotan los medios internacionales, hay pruebas de que los príncipes Sultan bin Turki bin Abdulaziz Al Saud, el Turki bin Bandar y el Saud bin Abdulaziz bin Nasser Al Saud, fueron secuestrados de sus residencias en Europa y trasladados al reino árabe entre 2015 y 2016, sin que hasta el momento se conozca su paradero, según un informe difundido este viernes en el portal News.con.au.

 

El príncipe Sultan bin Turki, quien era un asiduo crítico de la monarquía árabe por abusos contra los derechos humanos, desapareció en febrero de 2016 a bordo de un avión con destino a El Caíro, Egipto. Según narra el documental “Secuestrados, Los Príncipes Desaparecidos de Arabia Saudita”, el disidente real fue secuestrado en pleno vuelo por agentes saudíes que desviaron la ruta aérea aterrizando en Riad en lugar de la capital egipcia.

El príncipe Turki bin Bandar, un ex jefe de policía, encargado de vigilar a la familia real saudí en antaño, protagonizó una discusión familiar por una herencia, hecho que lo llevó a la cárcel hasta el año 2012, luego salió y se exilió en París, capital francesa, donde comenzó su actividad opositora pidiendo reformas en su país de origen. Turki bin Bandar desapareció en 2015 sin que nadie sepa su paradero.

Pero un periódico marroquí informó que el príncipe en uno de sus viajes tras visitar Marruecos se disponía a volver a Francia cuando fue detenido por las autoridades marroquíes que le deportaron a Riad, a petición de Arabia Saudita.

Casi al mismo tiempo que el príncipe Turki bin Bandar desapareciera, otro príncipe saudí Saud bin Saif al-Nasr, quien criticó a la monarquía saudí por el apoyo dado al derrocamiento del expresidente egipcio Muhamed Mursi en 2013, en un golpe de Estado encabezado por el actual presidente egipcio, Abdel Fatah al-Sisi, se le perdió el rastro cuando dio su apoyo explícito a dos cartas publicadas en 2015 en la que sugería la destitución del rey saudí Salman bin Abdulaziz Al Saud.

Ahora, el actual príncipe heredero, Muhamad bin Salman, quien estuvo involucrado en el “secuestro” del premier libanés, Saad Hariri en 2017, es el principal patrocinador de la agresión saudí a Yemen y por tanto responsable de la muerte de miles de personas y de una crisis humanitaria sin precedentes.

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