• Muhamad bin Salman Al Saud, el príncipe heredero saudí, en una conferencia en Riad, la capital saudí, 24 de octubre de 2018. (Foto: AFP)
Publicada: jueves, 25 de octubre de 2018 0:13
Actualizada: jueves, 25 de octubre de 2018 0:35

Israel guarda un cauto silencio ante el caso Khashoggi porque una Arabia Saudí, liderada por Muhamad bin Salman Al Saud, podría materializar los intereses israelíes.

“Arabia Saudí es un componente central en la nueva visión de Oriente Medio de líderes como (…) (el primer ministro israelí, Benjamín) Netanyahu”, ha dicho este miércoles el analista Ronen Bergman al diario israelí Yedioth Ahronoth.

Desde que reconociera la muerte de Jamal Khashoggi e incluso antes, Riad, en particular su príncipe heredero, Muhamad bin Salman Al Saud, enfrenta críticas furibundas de los medios de comunicación, así como de políticos y activistas de derechos humanos.

Mientras que, en un primer momento, se enrocó en la negación de los hechos, Khashoggi —decían— había abandonado el consulado saudí en Estambul (Turquía), la Fiscalía General de Arabia Saudí aseguró el sábado que los resultados preliminares de su investigación sobre la polémica desaparición del periodista arrojan que murió en el consulado saudí “después de una pelea con una serie de personas con las que se encontró allí”.

A su vez, el régimen de Tel Aviv ni condena la muerte ni ha pedido explicaciones a la monarquía saudí ni tampoco ha salido en su defensa. Sencillamente, mantiene un significativo silencio ante el asesinato del columnista de The Washington Post, un suceso que ha manchado la imagen de Bin Salman.

Desde que se convirtiera en príncipe heredero del reino árabe en 2015, Bin Salman ha sido clave en el acercamiento entre Arabia Saudí e Israel, técnicamente enemigos y sin relaciones bilaterales. Varios informes han revelado que Bin Salman se ha reunido en secreto en Tel Aviv con autoridades israelíes.

Arabia Saudí es un componente central en la nueva visión de Oriente Medio de líderes como (…) (el primer ministro israelí, Bejamín) Netanyahu”, dice el analista Ronen Bergman.

 

Preguntado reiteradamente en los últimos días por la agencia española de noticias Efe por una reacción ante la crisis, un portavoz de exteriores israelí señaló finalmente: “No tenemos nada que decir sobre el asunto. No hay ninguna posición oficial y no estamos haciendo ningún comentario al respecto”.

Para el analista del International Crisis Group Ofer Zalzberg, hay dos razones que explican esta postura: la primera es que esta crisis es otro golpe a la noción de que la paz entre palestinos e israelíes, conocida como el llamado “acuerdo del siglo”, puede ser resultado de una coalición entre EE.UU. y Arabia Saudí, que fue lo que Jared Kushner —el yerno del presidente de EE.UU., Donald Trump— y Bin Salman trataron de impulsar, cuya meta es obligar a los palestinos a reconocer al régimen israelí y abrogar sus derechos en los territorios ocupados.

Mientras que, por otra parte, el régimen israelí se ve obligado a ser extremadamente cauteloso, “porque la clase política en EE.UU. también está dividida en este asunto” —entre los que creen que Bin Salman tiene que ser reemplazado y los que optarían por dejarlo pasar— e Israel no puede permitirse perder aliados en Washington en ninguno de los bandos: “no quieren perder el apoyo ni en la Casa Blanca ni en el Senado”.

Deniel Shapiro, el exembajador estadounidense ante Israel ha advertido, a su vez, también de que el caso Khashoggi genera dudas tanto para el régimen de Tel Aviv como para Estados Unidos en lo tocante a su planteamiento estratégico en Oriente Medio.

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