Por: Humaira Ahad
Durante más de cuatro décadas, las sanciones occidentales han ejercido una presión considerable sobre la economía iraní con el objetivo de provocar el descontento popular contra el gobierno, una estrategia reconocida abiertamente por el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, en la cumbre de Davos celebrada la semana pasada.
A finales del mes pasado, residentes de varias ciudades salieron a las calles para protestar por el aumento vertiginoso de los precios, la inestabilidad del mercado y la creciente presión sobre los hogares, atribuida a dichas sanciones.
Estas protestas, que comenzaron inicialmente en el Gran Bazar de Teherán, fueron infiltradas por grupos organizados vinculados a redes de inteligencia extranjeras, principalmente de Estados Unidos e Israel.
🧕🏻🔥 Una enfermera murió calcinada al quedar atrapada en un incendio provocado por terroristas durante disturbios en una clínica de Rasht, norte de Irán, cumpliendo su trabajo.
— HispanTV (@Nexo_Latino) January 21, 2026
⁉️ ¿Cómo ocurrieron los hechos? 👇
🔗https://t.co/jwXMenFj1P pic.twitter.com/BlBiczNNqC
Los alborotadores armados y terroristas portaban cuchillos, armas de fuego y materiales incendiarios, y se desplazaron por las calles atacando bienes públicos, lugares religiosos, clínicas, bancos y zonas comerciales.
La provincia septentrional de Guilán, en particular su capital, Rasht, experimentó los disturbios más graves. El 8 de enero, los manifestantes violentos desataron la violencia más destructiva jamás registrada en la ciudad.
Esa noche, grupos terroristas respaldados desde el extranjero atacaron el núcleo urbano histórico de Rasht. Autoridades locales y testigos presenciales informaron del incendio de decenas de mezquitas, oficinas gubernamentales, sucursales bancarias y cerca de 400 tiendas dentro del famoso bazar de la ciudad.
Entre los lugares atacados se encontraba la Clínica Imam Sayad (P), un centro médico público que prestaba servicio a los barrios cercanos. La enfermera Marzie Nabavinia perdió trágicamente la vida, quemada viva después de que los alborotadores incendiaron partes del edificio y bloquearon las calles, agravando la magnitud de la catástrofe.
Ataque a una clínica médica
Los testimonios de testigos locales y de colegas de Nabavi-Nia describen un ataque rápido y coordinado llevado a cabo por terroristas fuertemente armados que recibían instrucciones desde el extranjero.
Un grupo de alborotadores armados, respaldados por potencias extranjeras, emboscó la Clínica Imam Sayad, prendió fuego al edificio y bloqueó durante horas el acceso de los equipos de rescate.
En el interior, el pánico se extendió por las salas. El personal gritaba advertencias, instándose mutuamente a huir mientras el humo inundaba los pasillos. Sin embargo, según los presentes, la enfermera Nabavinia, de 31 años, permaneció junto a la cama de un niño aún conectado a una vía intravenosa, incluso cuando el fuego avanzaba.
“¡Vamos, vete! ¡Vienen!”, le habría dicho una colega. “Que termine este niño; luego iré”, respondió Nabavinia.
A medida que el incendio se intensificaba, las rutas de escape quedaron bloqueadas. Aunque el personal y residentes locales lograron rescatar a cuatro pacientes y a algunos trabajadores sanitarios, la joven enfermera quedó atrapada en el interior.
Según las pruebas disponibles, los alborotadores actuaron con el apoyo de redes de inteligencia extranjeras, y el ataque contra la clínica formó parte de un esfuerzo coordinado que abarcó múltiples provincias.
Durante el funeral de su hermana, Masume Nabavnia responsabilizó directamente al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por la trágica muerte de Marzie.
“Desde la guerra de los 12 días, él es oficialmente responsable de las operaciones militares contra el pueblo de Irán”, afirmó. Masume también señaló a Reza Pahlavi, a quien calificó de “príncipe” necio y traidor, como responsable de la muerte de su hermana. “Él es responsable de las muertes de las víctimas del jueves y viernes pasados en nuestro Irán”, declaró la hermana, devastada por el dolor.
El hermano de la enfermera asesinada, Mayid Nabavinia, describió el momento en que la familia afrontó la realidad del ataque y la muerte de su hermana.
“Cuando vimos su pequeño ataúd, comprendimos la magnitud de lo ocurrido”, dijo, describiendo el impacto y el duelo que los envolvió al darse cuenta de cómo el ataque había arrebatado la vida de su hermana, profundamente dedicada a su familia.
La hija menor de la familia
Marzie era la menor de su familia y madre de una niña de tres años llamada Zeinab. Su madre, Maryam Mirzai, la describió como estudiosa, bondadosa y profundamente comprometida con su labor profesional.
“Marzie completó una pasantía en el Hospital Al-Zahra durante la pandemia de COVID-19 antes de incorporarse a la Clínica Imam Sayad”, dijo Mirzaei con la voz entrecortada.
Su padre, Mohamad Nabavinia, explicó que había estudiado obstetricia y enfermería, pero optó por ejercer como enfermera.
“Sentía que esa profesión le permitiría servir a quienes sufren. Consideraba el cuidado de los pacientes como una responsabilidad moral”, declaró el padre afligido a los medios.
La familia describe a la joven como alguien que concebía su papel de enfermera como algo más que un empleo.
Recuerdan que Nabavinia trataba a cada paciente con el mismo sentido del deber que mostraba en su hogar, quedándose con frecuencia más allá de su horario laboral para asegurarse de que nadie quedara desatendido. Su compromiso con el cuidado era una extensión de su carácter, afirmó su familia.
“Participaba en programas religiosos, memorizaba capítulos del Corán, guardaba ayunos voluntarios y acompañaba a su esposo a visitar las tumbas de los mártires”, relató su madre, describiendo a la joven enfermera cuya fe marcaba su rutina diaria.
En los días posteriores al atroz acto terrorista, personas se congregaron en el lugar donde una vez se alzaba la Clínica Imam Sayad, ofreciendo oraciones y condolencias.
El esposo de Nabavi-Nia fue uno de los asistentes. Según su madre, ahora visita diariamente las tumbas de los mártires para honrar la memoria de su esposa.
Su hija Zainab le cuenta a su abuela que sueña con su madre dibujando para ella. La niña de tres años pregunta con frecuencia por su madre, recordando el cariño y los cuidados que una vez recibió.
Enfermera conocida por su entrega
Para sus colegas, Nabavinia era un pilar de dedicación serena. La describen como concentrada y serena incluso en las situaciones más exigentes, siempre atenta a las necesidades de los pacientes y dispuesta a ir más allá de sus funciones para garantizar una atención adecuada.
El personal recuerda cómo permaneció firme junto a los pacientes y en su puesto incluso cuando la situación se tornaba cada vez más peligrosa.
Fateme Yafarpur, una colega encargada de la programación del personal de enfermería, recordó haber hablado con Nabavinia apenas unas horas antes del ataque terrorista.
Cuando la clínica fue atacada, Yafarpur llamó repetidamente a su número, desesperada por obtener respuesta.
“Estaba en el octavo piso. No podía hablar con claridad. Susurró: ‘Perdóname’”, recordó Yafarpur al describir sus últimos momentos. Dijo que se enteró de la muerte de su compañera a las tres de la madrugada.
Yafarpur describió a Nabavinia como el tipo de enfermera que todo administrador desearía tener: puntual, serena y atenta a cada detalle. “Siempre rezaba a tiempo y leía el Corán. Estaba comprometida con cada paciente que atendía”, afirmó.
Añadió que Nabavinia solía referirse a su trabajo en la Clínica Imam Sayad como algo más que un empleo, describiéndolo como una vocación espiritual inspirada por la guía de la Hazrat Fátima az-Zahra (la paz sea con ella), hija del Profeta del Islam (P).
La trágica muerte de Nabavinia ha llegado a simbolizar los acontecimientos de aquella noche. Los habitantes locales señalan su asesinato como un ejemplo contundente de cómo protestas inicialmente pacíficas fueron rápidamente secuestradas por grupos terroristas que operaban con el apoyo de las agencias de inteligencia de Estados Unidos e Israel, dejando a civiles e instituciones públicas en una situación de extrema vulnerabilidad.
Su muerte, junto con la destrucción de mezquitas, oficinas gubernamentales, bancos y cientos de comercios, pone de relieve el costo humano de estos ataques coordinados respaldados desde el extranjero y el peligro al que se enfrentan los iraníes inocentes atrapados en el fuego cruzado del terrorismo apoyado por Estados Unidos.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
