La Nakba o Tragedia Palestina nunca terminó. 78 años después, genocidio y barbarie expanden fronteras. Estos activistas y estudiantes se encuentran con la policía militarizada que patrulla el Capitolio de Washington.
Aquí -A diferencia de otros puntos de la ciudad- no se pueden enarbolar las banderas de Palestina, Irán, El Líbano y otras naciones que NO son clientes del aparato terrorista estadounidense-sionista.
La supuesta preocupación por los derechos humanos y la democracia de las instituciones y gobiernos estadounidenses resulta contradictoria -Y hasta hipócrita- si se considera que por siete décadas, estas mismas instituciones y gobiernos han sido instrumentales en mantener y facilitar el mayor genocidio y uno de los capítulos más oscuros de la historia moderna.
Interesantemente, en los interiores de este mismo edificio, las banderas del régimen sionista adornan las oficinas de los legisladores: La corrupción del sistema permite que el sionismo tenga acceso ilimitado a la mayor parte de la cúpula política de Washington. Así, Trump, es el resultado de una cadena de mandatarios clientes del sionismo terrorista.
Marcelo Ali Sánchez, Washington
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