Recientemente, organizaciones de derechos humanos en Gaza han denunciado el reciente ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra una escuela primaria en la ciudad iraní de Minab, que dejó la muerte de decenas de estudiantes, en su mayoría niñas. Mientras Washington justificaba el ataque diciendo que estaba dirigido contra objetivos militares, bajo los escombros quedaron los cuerpos de más de 170 niños y profesores.
Para los palestinos en Gaza, el ataque contra la escuela iraní no resultó extraño. Para muchos, refleja una escena ya repetida en Gaza durante meses de guerra. Para defensores de derechos humanos, esto no es solo una comparación entre dos escenarios, sino una evidencia de un patrón de ataques contra civiles, mientras las leyes internacionales parecen perder toda capacidad de protección.
Desde Minab hasta Gaza, las escenas parecen repetirse: escuelas destruidas, pupitres vacíos y mochilas cubiertas de polvo y sangre. Aunque cambien los lugares las acusaciones siguen siendo las mismas: ataques que terminan cobrando la vida de civiles y niños inocentes.
Hoy, las escuelas destruidas permanecen como símbolo de una tragedia marcada por la pérdida, el miedo y una infancia atrapada entre la guerra y los escombros.
Desde Gaza hasta Irán, las denuncias apuntan a un mismo patrón: escuelas atacadas y niños entre las principales víctimas. Dos contextos distintos, pero con un impacto común en la infancia y con serias acusaciones de violaciones del derecho internacional.
Huda Hegazi, Gaza
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