“El ejército estadounidense actual es un desastre. A pesar de décadas de gasto militar desorbitado, nuestra fuerza es incapaz de derrotar a un adversario de su misma categoría o casi en el complejo y peligroso mundo actual. Si continuamos con esta trayectoria descomunal, las consecuencias serán catastróficas”, advirtió el general estadounidense Dennis Laich en un artículo publicado el jueves en la plataforma Responsible Statecraft al destacar que EE.UU. hoy se enfrenta a una escasez de personal, recursos financieros y capacidades materiales.
El general recordó que antes de 1973, las necesidades militares se cubrían con una combinación de voluntarios y reclutas obligatorios, pero tras la Guerra de Vietnam, se adoptó un sistema exclusivamente voluntario, que —aunque “con éxitos alegados”— demostró ser ineficaz en Irak y Afganistán.
El especialista subrayó las graves consecuencias humanas del uso repetido de los mismos efectivos. “Esto ha derivado en aumento de suicidios, problemas psicológicos, lesiones cerebrales y más de 7000 muertes de soldados”, lo que ha reducido la disposición de los ciudadanos a enlistarse. Laich señaló que “el miedo a la muerte, las lesiones graves y la lejanía de casa” son factores principales en la reticencia de los estadounidenses a servir.
Could the US win a war with a near-peer adversary today?https://t.co/lZmXxGv7F8
— Responsible Statecraft (@RStatecraft) February 13, 2026
El general también advirtió sobre la concentración industrial en el sector armamentístico. “En la década de 1990, el gobierno estadounidense consolidó su base militar-industrial, creyendo que un número menor de proveedores podría ser más eficiente y receptivo. Para finales de la década, 107 empresas se convirtieron en 5: Boeing, Lockheed Martin, RTX, General Dynamics y Northrop Grumman”, denunció.
En cuanto a la operatividad, Laich destacó que la Armada dispone de solo cuatro astilleros activos y “tiene un déficit de 14 000 marineros alistados; la Fuerza Aérea, de 1800 pilotos, incluidos 1100 pilotos de combate”, y que la escasez de materiales para armas avanzadas complica aún más la situación.
A pesar de un presupuesto anual cercano a 1,5 billones de dólares, que incluye veteranos y programas nucleares, el analista sostuvo que “Desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha ganado una guerra, empatado otra y perdido tres: una victoria en la Guerra del Golfo (Pérsico) de 1990-91, un empate en Corea y derrotas en Vietnam, Irak y Afganistán. Nuestra Estrategia de Seguridad Nacional se basa en la locura: hacer las cosas de la misma manera, pero esperar resultados diferentes”.
El general alertó sobre la percepción errónea de la población estadounidense respecto a la guerra. “Para muchos estadounidenses, la guerra sigue siendo algo abstracto, ya que no ha vuelto a casa desde entonces. Las ilusiones no impedirán que las nuevas tecnologías atraigan la guerra a nuestras costas”, destacó.
Laich concluyó con un llamado directo, señalando que “Es hora de afrontar los hechos: estamos caminando sonámbulos hacia luchas que no podemos ganar”.
Estados Unidos ha mantenido históricamente una postura militar agresiva, interviniendo en conflictos como Vietnam, Irak y Afganistán, y en los últimos años ha recurrido a ataques selectivos en países como Irán y Siria para frenar la influencia de sus adversarios. Estas acciones reflejan un enfoque belicista que, a pesar de las críticas internacionales y los crecientes desafíos estratégicos y operativos, continúa siendo un pilar de su política exterior y su proyección de poder global.
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