Segunda jornada de protestas en contra de la presencia de Benjamín Netanyahu en Washington. Medios locales reportan que el criminal y terrorista israelí discutió con Donald Trump -entre otros temas- la posibilidad de realizar un nuevo aventurismo bélico, esta vez en contra de la República Islámica de Irán. Sin embargo, por su parte, la Casa Blanca descartó tales planes, en favor de lo que denominan “negociaciones”.
Afuera de la Casa Blanca, -a pesar de las gélidas temperaturas- una congregación de palestinos, judíos anti-sionistas y otros se manifestaban en contra de lo que ellos consideran es el encuentro de dos genocidas con obsesiones imperialistas; mientras esto ocurría, en Gaza otra oleada de bombardeos dejó varios muertos y heridos.
En el historial de las relaciones entre Trump y Netanyahu es posible destacar una dinámica de similitudes: Ambos individuos imponen regímenes de terror y apartheid, basándose en ideologías extremistas y racistas que favorecen la limpieza étnica y el terrorismo de estado.
Contrariamente a la desinformación y narrativas de la gran prensa corporativa en Estados Unidos, lo cierto es que para buena parte de los ciudadanos resulta hasta desagradable que un genocida; un criminal de guerra -buscado por la justicia internacional- sea capaz de dictar la política exterior de EE.UU.
Así, otros activistas aseguran que esta séptima visita de Netanyahu a Trump es una especie de confirmación de que el sionismo se ha injertado en el poder estadounidense, a tal grado que esta lacra define aspectos centrales desde su postura foránea e intereses genocidas y coloniales.
Marcelo Ali Sánchez, Washington
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