• El Centro de Salud Pública de Georgia y EE.UU. Richard Lugar Center, ubicado cerca de la capital georgiana, Tiflis, a solo 17 km de la base aérea militar estadounidense Vaziani.
Publicada: sábado, 18 de abril de 2020 9:00

La Cancillería rusa afirma que Moscú sabe de oferta de EE.UU. a Georgia de ampliar investigaciones militares en un laboratorio biológico cerca de Tiflis.

Moscú está al tanto de la propuesta de EE.UU. a Georgia de ampliar las investigaciones militares en el laboratorio Richard Lugar cerca de Tiflis, la capital georgiana. Según la información disponible, altos representantes del Pentágono (Departamento de Defensa de EE.UU.) visitaron recientemente (el laboratorio) y propusieron a las autoridades georgianas ampliar el abanico de las investigaciones realizadas”, afirmó el viernes la portavoz del Ministerio ruso de Exteriores, María Zajárova.

El Centro de Salud Pública de Georgia y Estados Unidos, que lleva el nombre de Richard Lugar Center, a cual se refirió la diplomática rusa, fue abierto en 2011 cerca de la capital georgiana, Tiflis, a solo 17 km de la base aérea militar estadounidense Vaziani, y es el biolaboratorio del Pentágono en Georgia.

En este centro, los biólogos de la Unidad de Investigación Médica del Ejército de EE.UU. y Georgia (USAMRU-G, por sus siglas en inglés), junto con los contratistas privados, son responsables del programa militar denominado “Programa de Participación Biológica Cooperativa”.

La vocera de la Cancillería rusa recordó que este complejo de laboratorios está oficialmente incluido en el sistema militar estadounidense de control global sobre la propagación de enfermedades infecciosas junto con estructuras similares en varios otros países.

 

Además, en otra parte de sus declaraciones, consideró que EE.UU. y Georgia intentan ocultar la auténtica labor de ese centro de investigaciones en el que opera una unidad del Ejército estadounidense encargada de investigar infecciones altamente peligrosas.

“No se puede descartar que en ese tipo de laboratorios en terceros países los estadounidenses realicen la labor para crear y modificar varios patógenos de enfermedades peligrosas, incluso para objetivos militares”, acotó Zajárova, destacando que tampoco se puede ignorar el hecho de que la infraestructura con potencial biológico peligroso fue creada por los estadounidenses muy cerca de la frontera rusa.

Según Zajárova, no se debe dejar de prestar atención al “fortalecimiento de la presencia biológica de EEUU en el extranjero”, y explicó que se trata, en particular, de las antiguas repúblicas soviéticas, donde bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo biológico el Pentágono establece laboratorios biológicos de uso doble.

 

Desde el principio de la propagación del nuevo coronavirus, denominado COVID-19, en diciembre de 2019, el mandatario del país norteamericano, Donald Trump, ha dicho en varias ocasiones que la letal enfermedad es “made in China”, aun cuando ni los científicos estadounidenses ni los del resto del mundo han hallado pruebas sólidas para probar el origen de la pandemia.

Las acusaciones infundadas de Trump se han producido mientras que el pasado marzo, el portavoz de la Cancillería china, Zhao Lijian, aseguró que el origen de la letal enfermedad se hallaba en realidad en EE.UU., señalando que el Ejército del país norteamericano podría haber llevado el nuevo coronavirus a la ciudad china de Wuhan, que se conoce como la fuente de la pandemia.

La idea de una guerra biológica fue planteada también por Philip Giraldi, exfuncionario de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) de EE.UU., quien baraja que su país podría haber “creado” el temido virus, en colaboración con Israel, para dañar a China e Irán.

Giraldi afirma que hay muchas evidencias que prueban que el COVID-19 no nació de forma natural, es decir, por medio de mutaciones, sino más bien fue cultivado en un laboratorio, posiblemente para servir como “un agente de guerra biológica”.

 

De igual modo, la información obtenida del registro de contratos federales de EE.UU. aclara algunas de las actividades militares en el biolaboratorio de Lugar Centro, entre ellas la investigación sobre agentes biológicos (ántrax, tularemia) y enfermedades virales (por ejemplo, fiebre hemorrágica congoleña-crimea) y la recolección de muestras biológicas para futuros experimentos.

Debido a todo lo expuesto, la sugerencia implícita de que Estados Unidos llevó el “arma biológica” a China no es sorprendente, sabiendo que las armas biológicas, hechas de bacterias, hongos, toxinas y virus, entre otras, son las más tenebrosas hoy en día porque pueden diezmar sociedades contaminando el agua, el aire, la tierra y los alimentos.

Zhong Nanshan, un reconocido epidemiólogo, basado en el hecho de que EE.UU. a través de Robert Redfield reconoció que entre los que habían muerto de influenza en ese país hubo casos de coronavirus, fundamentó su opinión.

En una audiencia en el Congreso de EE.UU., se le preguntó a Robert Redfield, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CCPD, por sus siglas en inglés) de EE.UU., en un vídeo publicado por Peoples´s Daily, si podría haber habido muertes atribuidas a la influenza (gripe) registrada en los EE.UU. que podrían estar asociadas con COVID-19, y la respuesta fue que el coronavirus puede haberse encontrado en varios estadounidenses muertos, diagnosticados con influenza (gripe) durante el examen post mortem.

Zhong, en una entrevista realizada el 27 de febrero, dijo que, aunque el virus apareció por primera vez en China, no se pueden sacar conclusiones en términos de atribuir el origen del brote al país asiático. “Donde se descubre una enfermedad no es equivalente a ser la fuente”, agregó.

 

Además, tras recoger muestras del ADN —ácido desoxirribonucleico que contiene las instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos— del virus entre la población china, los investigadores apuntaron a que este coronavirus podría haberse originado en otro lugar del mundo como EE.UU. y, de este modo, ha ido tomando fuerza la teoría de que el brote del coronavirus se originara en el país norteamericano.

Asimismo, la compañía estadounidense CH2M Hill, una de las 3 empresas privadas estadounidenses que trabajan en el biolaboratorio en Tbilisi, aseguró a agentes biológicos y empleó a antiguos científicos de guerra biológica en Centro Lugar. Estos son científicos que trabajan para otra compañía estadounidense involucrada en el programa militar en Georgia: el Memorial Battelle Institute.

Battelle, como subcontratista de 59 millones de dólares del Centro Lugar, tiene una amplia experiencia en investigación de bioagentes, ya que la compañía ha trabajado en el Programa de Bioarmas de EE. UU. En virtud de 11 contratos anteriores con el Ejército de EE.UU. (1952 -1966).

La posibilidad de que el coronavirus se origine en el laboratorio también podría ser motivo de sospecha si tenemos en cuenta la cantidad de laboratorios militares del Pentágono en todo el mundo, como retrató muy bien una conocida periodista de investigación búlgara, Dilyana Gaytandzhieva, que en un artículo de investigación titulado “Las armas biológicas del Pentágono”, publicado el 14 de junio de 2019, demostró que había “diplomáticos estadounidenses involucrados en el tráfico de sangre humana y patógenos para programas militares secretos”.

 

Según Gaytandzhieva, el Ejército de Estados Unidos produce regularmente virus mortales, bacterias y toxinas, violando directamente la Convención de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre la prohibición de armas biológicas.

Gaytandzhieva dijo que estos laboratorios de EE.UU. están financiados por la Agencia de Reducción de Amenazas de Defensa (DTRA, por sus siglas en inglés) en virtud de un programa militar de Participación Biológica Cooperativa de 2100 millones de dólares y están ubicados en países de la antigua Unión Soviética, como Georgia y Ucrania, Asia Occidental, sudeste de Asia y África.

De acuerdo con el artículo de la periodista, las armas biológicas más fabricadas están hechas de ántrax, botulismo, ébola y viruela, son fáciles de transportar y tienen un inmenso poder devastador y en pequeñas cantidades puede destruir ciudades y países, y, Georgia, ubicada en la frontera rusa cerca de Irán, por ejemplo, es uno de los campos de prueba para armas biológicas de EE.UU.

El COVID-19 se ha convertido en una crisis mundial que se agudiza por segundos. De Asia a América Latina, cientos de millones de personas están confinadas en sus casas para contener la rápida expansión del coronavirus. Hasta el momento se ha confirmado la muerte de 574 398 personas y más de 2,2 millones de afectados en todo el orbe.

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