Tras amenazas de destruir la civilización iraní y atacar sus infraestructuras, Trump se vio obligado a aceptar principios del plan de diez puntos de Irán, extender la tregua unilateral después del fracaso de las negociaciones en Islamabad y cancelar operaciones militares, incluyendo el controvertido “Proyecto Libertad” en el estrecho de Ormuz, apenas 48 horas después de su anuncio.
Retrocesos constantes de Trump ante Irán
Además, tras recientes enfrentamientos entre las fuerzas iraníes y tres buques estadounidenses en Ormuz, Trump decidió mantener la tregua y justificó la cancelación de operaciones militares alegando solicitudes de Arabia Saudí, Catar y Emiratos Árabes Unidos, marcando su quinta retirada en el conflicto con Irán. Medios occidentales incluso contabilizan hasta seis cancelaciones de plazos anunciados por Trump.
A diferencia de ocasiones anteriores, en esta oportunidad ni siquiera se había planteado un plazo específico, lo que demuestra que la amenaza inicial de Trump y su posterior retirada conforman un patrón de comportamiento que enfrenta la arrogancia estadounidense con la realidad que impone Irán.
La resistencia iraní como factor decisivo
Estados Unidos, acostumbrado a la intimidación y al uso de la fuerza para obtener concesiones, se topó con un adversario que no cede ante las amenazas. La fuerza y legitimidad de las advertencias de las Fuerzas Armadas iraníes, apoyadas por un respaldo popular significativo, han hecho que los intentos de presión de Trump sean cada vez más ineficaces y pierdan credibilidad.
Esta resistencia muestra que las estrategias de intimidación que funcionaron en otros contextos resultan inútiles frente a un país que ha demostrado capacidad de defensa, ofensiva y determinación en sus principios diplomáticos.
Tres rutas peligrosas para Estados Unidos
Trump enfrenta tres opciones igualmente riesgosas: reiniciar la guerra, aceptar las condiciones de Irán o mantener el statu quo. Cada alternativa implica desafíos significativos:
- La guerra es incierta debido al fortalecimiento iraní, la existencia de opciones no reveladas por Irán y la obsolescencia de los escenarios bélicos planteados por EE.UU.
- Aceptar el fin del conflicto bajo las condiciones iraníes equivaldría a asumir una responsabilidad bélica sin beneficio.
- Mantener la situación actual no asegura el objetivo estadounidense y podría fortalecer las posiciones iraníes, complicando el mercado global y la economía estadounidense.
Cualquier otra estrategia resulta igualmente incierta mientras Irán no teme volver a la guerra y continúa reforzando sus principios de negociación.
El estrecho de Ormuz y la energía nuclear: ejes del poder
El estrecho de Ormuz simboliza el aumento del poder iraní tras el conflicto, mientras que el programa nuclear representa su capacidad de mantener ese poder incluso en guerra.
Terminar el conflicto sin ceder el control del estrecho coloca a Irán en una posición de victoria y refuerza su autonomía negociadora.
Negociar sobre el programa nuclear sin resolver el conflicto representaría un riesgo para la seguridad futura de Irán, ya que la guerra sigue siendo un factor determinante para inducir concesiones.
Por lo tanto, la guerra se ha convertido en el factor común que determina el peso estratégico tanto del estrecho de Ormuz como del tema nuclear.
Si la guerra termina sin que Irán entregue el estrecho de Ormuz, incluso las negociaciones nucleares se realizarían desde la posición de un vencedor en la guerra. La implicación de ello es que no se puede extorsionar a Irán mediante la guerra.
Si se llevan a cabo negociaciones nucleares sin el fin de la guerra, se encenderán serias alarmas para la seguridad futura de Irán, ya que la guerra se habrá convertido en un instrumento válido para obligar al país a dialogar sobre el tema nuclear, y más aún para arrancarle concesiones en este ámbito.
Por ello, tanto Irán como Estados Unidos están inmersos en una pugna por consolidar su condición de superpotencia. La diferencia es que, si Estados Unidos consolida su hegemonía, tendrá en sus manos la llave de futuras guerras contra Irán; mientras que, si Irán logra consolidar su poder, se convertirá en un serio elemento disuasorio frente a futuras agresiones y reducirá el peligro de nuevas guerras contra el país.
Otras condiciones consideradas lógicas por Irán, como el levantamiento de sanciones, la liberación de bienes confiscados, la obtención de compensaciones de guerra y el fin del conflicto en el Líbano, también contribuirían a reforzar la posición de poder iraní junto con el fin de la guerra.
Sin embargo, la diferencia entre todos esos asuntos y el estrecho de Ormuz radica en que este último es una nueva carta estratégica obtenida durante la guerra y que actualmente está bajo control iraní; además, la llave para su apertura está en manos de Teherán.
En cambio, los demás expedientes tienen antecedentes previos o, como en el caso de las compensaciones de guerra, aunque sean nuevos, su resolución depende de acciones por parte del enemigo.
Resistencia como alternativa a la negociación sin garantías
El diálogo es necesario, pero solo si garantiza los intereses nacionales. Negociaciones sin protección de la soberanía iraní abren la puerta a futuras amenazas y conflictos.
La alternativa a un diálogo vacío es la resistencia, consolidando la capacidad de Irán de mantener sus derechos y seguridad sin depender de concesiones externas. Así, la dicotomía “negociación o guerra” resulta insuficiente y simplista frente a un escenario donde la resistencia y la protección nacional son fundamentales.
