En una entrevista concedida a KHAMENEI.IR, sitio web del Líder de la Revolución Islámica de Irán, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, publicada este miércoles, el jefe de la Organización de la Inteligencia del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI), el general de brigada Mayid Jademi, ha subrayado que simultáneamente con las protestas populares registradas en enero debido a los problemas económicos, una red organizada de batalla callejera, apoyada por los servicios de inteligencia extranjera, tenía programado entrar en la escena, y a continuación del ataque militar de junio, orquestado por Estados Unidos e Israel, buscaba perturbar la estabilidad política del país, mientras que al mismo tiempo, los grupos terroristas separatistas deberían intensificar sus acciones contra la seguridad nacional a lo largo del muro fronterizo.
El funcionario ha recalcado que la estrategia del enemigo era “cambiar el Sistema de la República Islámica de Irán” y que los disturbios internos y la intervención militar extranjera servían para materializar ese objetivo.
Al respecto, ha detallado que el surgimiento de protestas y su transformación en huelgas, los ataques a instalaciones militares y administrativas, y la destrucción del anillo de seguridad del país, los asesinatos y acciones violentas, insinuar que el Sistema es ineficaz, realizar operaciones cibernéticas y de sabotaje contra las infraestructuras del país, vincular el núcleo de la protesta al núcleo terrorista y llevar a la escena a los grupos terroristas, y planear un ataque militar por parte de los Estados Unidos, fueron el plan de siete etapas que el enemigo había diseñado contra la República Islámica.
“Si consideramos un golpe de Estado como una intervención extranjera forzosa con el objetivo de derrocar a un gobierno o régimen mediante fuerzas subsidiarias, veremos que lo ocurrido en enero es algo similar a un cuasi golpe de Estado. Similar a lo que hemos visto en el golpe del 19 de agosto de 1953 o en varios países asiáticos y latinoamericanos”, ha matizado.
A finales de diciembre, las dificultades económicas, causadas y exacerbadas por años de sanciones occidentales, desencadenaron una ola de protestas pacíficas entre comerciantes en Teherán y otras ciudades, las cuales se tornaron violentas el 8 y 9 de enero tras la infiltración de elementos terroristas y hombres armados, apoyados desde el exterior, entre los manifestantes.
Las autoridades iraníes acusaron, con pruebas, a Estados Unidos e Israel de haber organizado estos disturbios. Desde Washington, el presidente Donald Trump, alentó a los manifestantes a apoderarse de las instituciones públicas y amenazó al país con una acción militar. “¡Sigan protestando!, ¡tomen el control de sus instituciones! […] La ayuda está en camino”, escribió a principios de enero el republicano en su red Truth Social.
Posteriormente, en una entrevista concedida al canal 13 israelí, el exsecretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, alabó el apoyo de su país e Israel a los disturbios en Irán, llamando a Washington y sus aliados a aprovechar esa “inusual oportunidad estratégica” creada durante las protestas para seguir ejerciendo una “presión incesante en lugar de vacilaciones diplomáticas” sobre Teherán para derrocar el Sistema de la República Islámica.
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