Por: Zainab Zakariyah *
Según todos los informes, la nueva ronda de negociaciones nucleares entre Teherán y Washington habría parecido impensable. Décadas de hostilidad, sanciones, amenazas militares y actos de agresión, incluidos los ocurridos hace solo unas semanas, han dejado cicatrices profundas.
La guerra impuesta de 12 días en junio pasado, que se cobró la vida de más de mil iraníes, incluidos niños, reforzó un muro de desconfianza que podría desbaratar la mayoría de los esfuerzos diplomáticos.
Y, sin embargo, las conversaciones continúan, porque Irán nunca ha buscado la guerra. La guerra siempre le ha sido impuesta. Teherán está preparado tanto para negociaciones orientadas a resultados como, si es necesario, para defenderse en caso de guerra.
La segunda ronda de negociaciones nucleares entre Irán y EE.UU. está programada para llevarse a cabo el martes en Ginebra. Para Irán y sus vecinos regionales, la prioridad es clara: paz y seguridad.
En las últimas semanas, la actividad diplomática en toda Asia Occidental se ha intensificado para aliviar las tensiones entre Teherán y Washington, especialmente tras los disturbios violentos en Irán, que fueron orquestados por Washington y su régimen aliado en Tel Aviv y que costaron más de 3000 vidas.
Los estados regionales reconocen que cualquier confrontación entre Irán y EE.UU. podría desencadenar una guerra total cuyas consecuencias superarían con creces la devastación presenciada en Afganistán, Irak, Siria o Gaza.
El líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, advirtió recientemente que cualquier guerra futura no se limitaría a las fronteras de Irán, sino que se extendería por toda la región.
Para Teherán, la negociación representa una oportunidad para finalmente cerrar el expediente nuclear, obtener alivio de las sanciones y estabilizar una economía tambaleante.
Sin embargo, como ha declarado de manera inequívoca el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Seyed Abás Araqchi, las negociaciones deben proceder sin amenazas a la soberanía, capacidades de defensa o disuasión estratégica de Irán.
Una historia que moldea el presente
La profunda desconfianza de Irán hacia Washington no es retórica; está arraigada en la experiencia reciente.
En 2015, Irán y las potencias mundiales firmaron el Plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA o PIAC, por sus siglas en inglés), imponiendo estrictos límites al programa nuclear de Irán a cambio de un alivio de sanciones. Irán cumplió, reduciendo los niveles de enriquecimiento y aceptando inspecciones extensivas.
Sin embargo, en 2018, la administración Trump se retiró unilateralmente del acuerdo y reimpuso sanciones, paralizando las exportaciones de petróleo de Irán, debilitando su moneda y acelerando la inflación. Para muchos iraníes, ese episodio reforzó una lección duramente aprendida: los compromisos de Washington no siempre valen lo que están escritos.
Esa memoria sigue moldeando la posición de Teherán hoy en día. Los funcionarios iraníes insisten en que cualquier nuevo acuerdo debe incluir garantías concretas. Cualquier acuerdo debe ofrecer un alivio económico efectivo y verificable, no promesas simbólicas que puedan ser revertidas.
Sin beneficios tangibles, argumentan con razón, un acuerdo no tiene valor práctico.
Negociar desde una posición de fortaleza, no de debilidad
Las negociaciones recientes en Mascate reflejaron esta postura. Irán insistió en conversaciones indirectas en lugar de reuniones cara a cara y rechazó las propuestas de EE.UU. de ampliar las discusiones más allá del expediente nuclear.
A insistencia de Israel, Washington había presionado para incluir el programa de misiles balísticos de Irán y sus relaciones con los aliados regionales. Teherán se negó y con razón.
Desde la perspectiva de Irán, ampliar la agenda transformaría las negociaciones nucleares en una plataforma para desmantelar sus capacidades disuasivas. Irán considera su desarrollo local de misiles y sus alianzas regionales no como ambiciones expansionistas, sino como necesidades defensivas en una región donde las fuerzas de EE.UU. y los ejércitos aliados operan extensamente y sin rendir cuentas.
A pesar de las sanciones y la intensa presión política, Teherán ha mantenido que el programa nuclear por sí solo es negociable en estas conversaciones. Los funcionarios han señalado que preferirían alejarse de la mesa que aceptar condiciones que infringen la soberanía de su país.
Presión militar y la sombra del ‘cambio de régimen’
La diplomacia entre Teherán y Washington se desarrolla bajo una amenaza abierta. El presidente Donald Trump alternó entre respaldar las conversaciones y advertir sobre las consecuencias militares si las negociaciones fracasan, llegando incluso a invocar de manera descarada el “cambio de régimen” hace unos días.
Los activos militares de EE.UU. siguen fuertemente posicionados en la región, con refuerzos y nuevos equipos desplegados continuamente, lo que convierte a Asia Occidental en una de las regiones más militarizadas del planeta.
Irán sostiene que prefiere la negociación, pero está completamente preparado para la guerra. El único actor que parece ansiar una guerra total es Israel. El primer ministro del régimen sionista, Benjamín Netanyahu, celebró recientemente su séptima reunión con Trump en un año. Según los medios israelíes, su última visita a Washington se centró en estrategias contra Irán, incluido el suministro de nueva inteligencia que podría permitir ataques de EE.UU. a la infraestructura de liderazgo, militar y económica de Irán si las negociaciones fracasan.
Supervivencia económica sin retirada estratégica
En los últimos días, varios funcionarios estadounidenses, desde el secretario del Tesoro Scott Bessent hasta el halcón republicano Senador Lindsey Graham, y la expresidenta de la Cámara de representantes Nancy Pelosi, han repetido el mismo mensaje: la economía iraní ha sido paralizada.
Las declaraciones públicas revelan que esta presión económica está destinada a empujar a los iraníes a las calles e incitar un “cambio de régimen”.
Los iraníes entienden las apuestas, sin embargo, siguen negociando, no desde la reconciliación ideológica, sino desde la necesidad económica. Las negociaciones son una demostración, tanto para el mundo como para su propia población, de que el gobierno está haciendo todo lo posible para evitar la guerra y mejorar la vida de los ciudadanos.
Si ocurre la guerra, es EE.UU., no Irán, quien asumiría la responsabilidad de la devastación regional.
Las líneas rojas de Teherán, sin embargo, permanecen firmes. Irán afirma su derecho legal bajo el Tratado de No Proliferación (TNP) nuclear para enriquecer uranio con fines pacíficos. Rechaza las demandas de “cero enriquecimiento” y se niega a incluir su programa de misiles o asociaciones regionales en las conversaciones.
La estrategia de Irán es un acto de equilibrio delicado: asegurar el alivio de las sanciones para estabilizar la economía, preservar la disuasión militar para evitar vulnerabilidades y mantener el apoyo interno proyectando fortaleza en lugar de concesiones.
Entre la esperanza y la dura realidad
El canciller iraní ha enfatizado que un acuerdo que garantice que Irán no persiga armas nucleares es alcanzable, siempre que se respeten plenamente los derechos de Irán.
Esa declaración resume el enfoque de Teherán: apertura a la transparencia nuclear, combinada con resistencia a la debilitación estructural.
Si esta estrategia dará lugar a un acuerdo duradero o simplemente profundizará la desconfianza mutua sigue siendo incierto. Lo que está claro, sin embargo, es que el regreso de Teherán a la mesa de negociaciones no es ni rendición ni confianza repentina.
Es una apuesta calculada: aliviar el corsé económico impuesto por sanciones injustas e ilegales mientras se preserva la soberanía y la disuasión estratégica que décadas de confrontación han hecho esenciales.
En una región moldeada durante mucho tiempo por la intervención y la rivalidad, Irán intenta negociar sin renunciar a las herramientas que considera cruciales para su supervivencia.
* Zainab Zakariyah es una escritora y periodista radicada en Teherán, originaria de Nigeria.
cos y experiencia acumulada.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
