Por: Ivan Kesic
El 12 de febrero de 2026, la República Islámica de Irán lanzó con éxito su primer satélite geoestacionario de radiodifusión, Yam-e Yam 1, marcando un hito transformador para la infraestructura mediática nacional y avanzando su aspiración histórica de soberanía tecnológica en el espacio.
El despliegue exitoso de Yam-e Yam 1 —registrado internacionalmente como Iran DBS— constituye la culminación de décadas de planificación, negociaciones internacionales y progresos tecnológicos graduales.
El satélite fue lanzado desde el Cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, a bordo de un cohete pesado Proton-M ruso, que transportaba también un satélite meteorológico ruso como parte de la misma misión.
Tras una secuencia de maniobras cuidadosamente coordinadas, Yam-e Yam 1 fue insertado inicialmente en una órbita de transferencia geoestacionaria. Desde allí, empleará su sistema de propulsión a bordo para alcanzar su posición operativa final a 34 grados de longitud Este.
Este logro no es meramente técnico. Representa asimismo una afirmación estratégica de capacidad nacional en un ámbito donde las posiciones orbitales son recursos finitos y objeto de intensa competencia.
A diferencia de los satélites previos de Irán, que operaban en órbita terrestre baja (LEO), Yam-e Yam 1 funcionará en órbita geoestacionaria (GEO), aproximadamente a 36 000 kilómetros sobre el ecuador. A esa altitud permanecerá fijo sobre un punto específico de la superficie terrestre, proporcionando cobertura continua a Irán y a la región circundante.
Su misión es de carácter infraestructural más que orientada al consumidor final. Diseñado para servir como columna vertebral profesional de transmisión para la Organización de Radio y Televisión de la República Islámica de Irán (IRIB, por sus siglas en inglés), el satélite sienta las bases para servicios interactivos de próxima generación, al tiempo que reduce la dependencia de capacidad satelital extranjera.
Largo camino hacia la órbita geoestacionaria
La búsqueda iraní de capacidades espaciales comenzó de forma decidida en 2009 con el lanzamiento de su primer satélite de producción nacional, Omid, logro que situó al país entre el reducido grupo de naciones capaces de construir y lanzar satélites de manera independiente.
En los años siguientes, Irán amplió progresivamente su presencia en órbita terrestre baja con misiones como Rasad (vigilancia), Navid (presagio) y Fayr (alba), cada una apoyándose en las lecciones técnicas y la experiencia operativa de sus predecesoras.
En paralelo, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) de Irán desarrolló su propio programa espacial, lanzando la serie de satélites Nur (luz) mediante cohetes Qased (mensajero) de combustible sólido.
Estos avances se produjeron bajo el peso de extensas sanciones internacionales destinadas a restringir el acceso iraní a cadenas globales de suministro tecnológico, lo que confiere a cada hito un significado particular.
Sin embargo, alcanzar la órbita geoestacionaria exigía capacidades superiores a las de los vehículos de lanzamiento autóctonos existentes, lo que obligó al país a adoptar un enfoque diferente.
La órbita geoestacionaria —aproximadamente a 36 000 kilómetros sobre el ecuador, donde los satélites igualan la velocidad de rotación terrestre y parecen inmóviles sobre una misma longitud— ofrece ventajas críticas para las comunicaciones y la radiodifusión. No obstante, su acceso requiere cohetes de gran capacidad y sistemas avanzados de transferencia orbital.
Para posicionar un satélite a tal altitud, Irán necesitó asegurar una asociación internacional mientras continuaba desarrollando la pericia técnica necesaria para futuras misiones plenamente nacionales.
Conexión rusa y el proyecto Ekvator
El camino hacia Yam-e Yam 1 puede rastrearse a través de una serie de acuerdos de cooperación espacial entre Irán y Rusia, emprendidos con notable discreción dadas sus implicaciones estratégicas.
En agosto de 2022, Rusia lanzó el satélite iraní de teledetección Khayyam mediante un cohete Soyuz desde el Cosmódromo de Baikonur, subrayando la profundización de la alianza espacial entre ambos países.
El satélite Jayyam, construido por la corporación VNIIEM, dotó a Irán de capacidades de observación terrestre de alta resolución y contó con infraestructura terrestre desarrollada por la empresa rusa NPK Barl.
Mientras Khayyam se preparaba para su lanzamiento, surgieron indicios de un proyecto más ambicioso: un satélite geoestacionario de comunicaciones para Irán en construcción por ISS Reshetnev, principal fabricante ruso de satélites de telecomunicaciones.
El proyecto, conocido internamente como “Ekvator”, apareció en documentación de impacto ambiental asociada a su lanzamiento previsto en un Proton-M.
Según esa documentación, el satélite se basaría en la plataforma Express-1000H de ISS Reshetnev, transportaría una carga útil de 755 kilogramos y se ubicaría a 34 grados de longitud Este en órbita geoestacionaria.
Esa posición orbital —registrada ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) bajo la designación IRN-30B-34E— había sido reservada por Irán durante décadas como parte de una estrategia a largo plazo para asegurar acceso a las limitadas y altamente competitivas posiciones del arco geoestacionario.
Importancia estratégica de las posiciones orbitales
La posición orbital a 34 grados Este que ahora ocupa Yam-e Yam 1 es mucho más que una simple coordenada espacial; constituye un activo estratégico nacional cuyo valor trasciende al propio satélite.
Las posiciones geoestacionarias son asignadas por la UIT mediante un complejo marco de solicitudes, coordinación técnica y estrictos plazos regulatorios. Los países que aseguran tales posiciones deben colocar satélites operativos dentro de plazos determinados o arriesgarse a perder sus derechos.
El interés iraní por las comunicaciones geoestacionarias se remonta al proyecto prerrevolucionario Zohreh, que contemplaba la adquisición de satélites a proveedores extranjeros. Aunque esa iniciativa colapsó tras la Revolución Islámica de 1979, el objetivo estratégico perduró.
En 2017, la Agencia Espacial Iraní anunció la presentación de solicitudes ante la UIT para cinco posiciones geoestacionarias en bandas Ka y Ku, incluidas 24,19° Este, 26° Este, 34° Este y 43,5° Este.
La posición de 34° Este, en particular, ocupó un lugar central en la planificación iraní. Yam-e Yam 1 materializa finalmente esa reserva histórica, consolidando la presencia iraní en una región del arco geoestacionario donde los derechos de telecomunicaciones internacionales se miden en fracciones de grado y se defienden mediante una sostenida gestión diplomática.
Misión técnica y capacidades del satélite
Yam-e Yam 1 no es un satélite de difusión directa al hogar destinado a recepción doméstica individual. Está diseñado para estaciones terrestres profesionales dotadas de infraestructura especializada, constituyendo la columna vertebral de la red nacional de distribución de la IRIB.
Desde su posición a 34 grados Este, retransmitirá señales de audio y video entre centros centrales de radiodifusión y estaciones regionales en todo el país, garantizando una entrega uniforme y de alta calidad de la programación.
Esta función infraestructural se alinea con lo que las autoridades describen como un giro estratégico hacia la radiodifusión interactiva, anticipando servicios bidireccionales y arquitecturas avanzadas de distribución de contenidos.
Equipado con transpondedores en bandas Ka y Ku, Yam-e Yam 1 proporciona el ancho de banda necesario para transmisión de video en alta definición y potencialmente para servicios de datos ampliados más allá de la radiodifusión convencional.
Al poseer y operar su propia plataforma geoestacionaria, la IRIB reduce su dependencia histórica de capacidad arrendada a operadores extranjeros, fortaleciendo la autonomía operativa, el control técnico y la resiliencia del ecosistema mediático iraní frente a presiones externas.
Contexto más amplio de las ambiciones espaciales iraníes
Jaam-e Jam 1 se inscribe en un programa espacial sostenido y acelerado. Solo a comienzos de 2026, Irán colocó con éxito en órbita los satélites Zafar (esperanza), Paya (también conocido como Tolu-3) y Kosar, reflejando una creciente fiabilidad de sus lanzadores y mayor sofisticación en ingeniería satelital.
El jefe de la Agencia Espacial Iraní, Hassan Salariyeh, ha delineado planes para iniciativas aún más avanzadas, como la familia de satélites de radar Raad y la constelación Mártir Qassem Soleimani.
Estos anuncios se apoyan en hitos previos, incluido el lanzamiento exitoso del satélite Sorayya a 750 kilómetros de altitud mediante el cohete Qaem-100 del CGRI y la inserción simultánea de tres satélites por el lanzador Simorq (fénix), que alcanzó un apogeo de 1100 kilómetros.
Cada misión amplía gradualmente las capacidades técnicas del país y fortalece la base de conocimiento necesaria para un acceso plenamente autónomo a la órbita geoestacionaria.
El séptimo plan quinquenal de desarrollo contempla consolidar operaciones en órbita terrestre baja mientras se sientan las bases técnicas para alcanzar la GEO, con proyectos como los lanzadores Sarir y Soroush previstos para finales de la década.
Perspectivas para las comunicaciones espaciales iraníes
La activación de Yam-e Yam 1 a 34 grados Este abre nuevas oportunidades para la infraestructura de comunicaciones espaciales iraní, aunque también subraya desafíos pendientes.
El satélite asegura una posición orbital estratégica y proporciona a la IRIB un activo nacional dedicado, pero su lanzamiento dependió de asistencia rusa y no de un vehículo iraní.
Los esfuerzos por desarrollar cohetes nacionales capaces de alcanzar la órbita geoestacionaria continúan mediante programas como Sarir y Sorush, concebidos para colocar satélites más pesados a 36 000 kilómetros sin apoyo extranjero.
Paralelamente, el bloque de transferencia orbital Saman —destinado a elevar satélites desde órbita baja a altitudes superiores— ha superado pruebas preliminares y se prepara para ensayos más completos.
Estos avances convergentes en lanzadores, sistemas de transferencia y fabricación satelital están configurando progresivamente el ecosistema tecnológico necesario para un acceso independiente a todos los regímenes orbitales principales.
Cuatro posiciones geoestacionarias adicionales reservadas por Irán ante la UIT permanecen disponibles para futuras misiones, ya sea mediante adquisiciones internacionales o producción nacional conforme maduren las capacidades.
Cada misión exitosa refuerza el impulso de este proyecto nacional de largo plazo, acercando el momento en que Irán podrá desplegar y operar satélites geoestacionarios íntegramente con sus propios recursos técnicos y experiencia acumulada.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
