“Irán tiene un derecho inherente e inalienable al uso pacífico de la energía nuclear, y ninguna presión ni postura política puede socavar este derecho”, ha subrayado este sábado Esmail Baqai, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán, en una entrevista al recordar que el Artículo IV del Tratado de No Proliferación (TNP) nuclear reconoce explícitamente ese derecho a todos los Estados firmantes.
El funcionario iraní ha destacado que, desde la ratificación del TNP en 1970, la República Islámica ha cumplido plenamente con sus compromisos, insistiendo en que ese cumplimiento va acompañado del ejercicio de los derechos consagrados en el tratado. No obstante, ha denunciado que interpretaciones unilaterales y politizadas por parte de algunos Estados poseedores de armas nucleares han generado sospechas incluso sobre los programas nucleares de carácter pacífico.
Baqai ha afirmado que las acusaciones contra el programa nuclear iraní han servido principalmente como pretexto para la iranofobia y la imposición de presiones políticas, y ha subrayado la transparencia del programa nuclear del país, que —según ha indicado— se mantiene bajo la supervisión constante de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).
El portavoz, igualmente, ha criticado duramente la respuesta de la AIEA a los ataques de Estados Unidos, coordinados con Israel, contra instalaciones nucleares iraníes en junio de 2025, calificando el hecho como un episodio “sin precedentes” en la historia del régimen de no proliferación. Según Baqai, la agencia internacional debía haber condenado esos ataques, y su silencio afectó negativamente las relaciones entre Irán y la agencia.
En relación con la cooperación técnica con la AIEA, Baqai ha explicado que las inspecciones continúan en las instalaciones no dañadas, mientras que en las afectadas no es posible seguir los procedimientos habituales debido a consideraciones de seguridad y a la falta de protocolos específicos.
Las declaraciones del vocero se producen en un contexto diplomático sensible, marcado por una nueva ronda de negociaciones indirectas entre Teherán y Washington, iniciadas el 6 de febrero en Mascate, capital de Omán. Dos días después de los contactos, el presidente iraní Masud Pezeshkian calificó las conversaciones como “un paso adelante” y reiteró que “la lógica de Irán en la cuestión nuclear se basa en los derechos consagrados en el TNP”.
Irán fue uno de los firmantes originales del Tratado de No Proliferación Nuclear, que suscribió el 1 de julio de 1968 y ratificó en febrero de 1970, comprometiéndose como Estado no poseedor de armas nucleares a no desarrollar este tipo de armamento, a cambio del derecho al uso pacífico de la energía nuclear bajo salvaguardias internacionales.
En 1974, Irán firmó además un Acuerdo de Salvaguardias con la AIEA, permitiendo inspecciones regulares de sus instalaciones nucleares. En contraste, Israel —que no es signatario del TNP— se ha negado a someter sus instalaciones a inspecciones internacionales y es considerado el único poseedor de armas nucleares en Asia Occidental, con un arsenal estimado de entre 200 y 400 ojivas.
El pasado 13 de junio, Israel inició una agresión de 12 días contra Irán, atacando instalaciones militares, nucleares y civiles en Teherán y otras ciudades, lo que dejó casi 1100 muertos. A los ataques israelíes se unió una semana después Estados Unidos, bombardeando tres sitios nucleares iraníes (Fordo, Natanz e Isfahán), protegidos por la AIEA, acciones que Teherán calificó como una violación flagrante del derecho internacional y del TNP. Por su parte, Irán respondió con fuertes operaciones militares que, según sus autoridades, forzaron el cese de las agresiones el 24 de junio.
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