• Representante permanente de Irán ante ONU, Mayid Tajt Ravanchi.
Publicada: miércoles, 22 de junio de 2022 7:10
Actualizada: miércoles, 22 de junio de 2022 7:35

La República Islámica de Irán denunció el uso de embargos como palanca política por ciertos Estados contra otros pueblos, lo que provoca crisis humanitarias.

“Condenamos enérgicamente la imposición de sanciones por parte de ciertos gobiernos, que las utilizan como palanca política en sus relaciones bilaterales”, censuró el representante permanente de Irán ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Mayid Tajt Ravanchi.

En sus declaraciones ofrecidas el martes en una reunión de la Asamblea General de la ONU (AGNU), puso énfasis en que tales medidas coercitivas unilaterales son un gran obstáculo para la provisión de asistencia humanitaria internacional, así como una de las principales fuentes de creación de crisis humanitarias.

Asimismo, dejó claro que mientras aumenta el número de víctimas de los desastres naturales, los conflictos armados y la ocupación extranjera, la pandemia del nuevo coronavirus, causante de la COVID-19, así como las medidas coercitivas unilaterales, han reducido la capacidad para enfrentar la crisis.

 

De acuerdo con el titular persa, Irán, expuesto a una variedad de desastres naturales como terremotos, sequías, tormentas de polvo y arena, ha sido gravemente dañado por los embargos unilaterales ilegales.

Teherán denuncia que las sanciones son un “acto terrorista” porque apuntan a la gente común y buscan crear caos y enfrentamientos entre pueblos y gobiernos.

A juicio de las autoridades del país persa, tales medidas impuestas por Estados Unidos en su contra representan una “grave amenaza” al derecho de la nación iraní a la salud y al acceso a medicamentos, entre otros casos.

El expresidente estadounidense Donald Trump abandonó en 2018 el acuerdo nuclear con Irán, de nombre oficial Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC o JCPOA, por sus siglas en inglés), y reimpuso todos los embargos que se habían levantado en virtud del pacto e impulsó una campaña de “máxima presión” para obligar a la República Islámica a sentarse en la mesa de diálogo y rehacer uno nuevo, una medida que aún sigue el Gobierno de EE.UU., presidido por Joe Biden.

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