Publicada: sábado, 31 de enero de 2026 16:51

El CGRI de Irán figura como terrorista mientras Israel comete masacres en Gaza, evidenciando el doble rasero del terrorismo en Europa.

Por: Alberto García Watson 

Si actúas como terrorista, serás tratado como terrorista”.
Lo dice Kaja Kallas con la seguridad de quien sabe que esa regla no aplica a todos. En la Unión Europea, el terrorismo no se define por los actos, sino por el pasaporte del perpetrador.

Irán, país demonizado hasta el agotamiento, no ha invadido ni atacado directamente a ningún Estado vecino en siglos. Israel, en cambio, ha bombardeado, invadido o atacado varios países de la región en cuestión de semanas, con una brutalidad ampliamente documentada. Pero tranquilos: eso no cuenta. Son “operaciones defensivas”, ese eufemismo milagroso que convierte la destrucción masiva en diplomacia armada.

Gaza ha sido borrada con una potencia de fuego obscena. Decenas de miles de civiles muertos. Ciudades enteras reducidas a escombros. Hospitales, escuelas y campos de refugiados atacados. ¿La reacción europea? Silencio funcional, apoyo político y alguna que otra frase sobre “el derecho a defenderse”. El terrorismo, al parecer, es una cuestión de marca.

Y si la memoria histórica incomoda, siempre se puede editar. Las fuerzas armadas israelíes nacen de milicias sionistas armadas que incluso las autoridades británicas clasificaron como organizaciones terroristas. Atentados, asesinatos, campañas de terror contra población civil. Sus líderes no desaparecieron: se reciclaron en generales, primeros ministros y arquitectos del Estado. Terroristas ayer, estadistas hoy. La metamorfosis perfecta.

Europa habla de “poner un precio a la represión”. Magnífico.
Entonces, una pregunta incómoda: ¿qué precio ha pagado Israel por décadas de ocupación, castigo colectivo y destrucción sistemática de Palestina?
Respuesta: ninguno. Nunca. Porque hay crímenes de guerra y crímenes de guerra con patrocinio.

El “Nunca Más” no fracasó: fue privatizado. Funciona solo para ciertas víctimas y ciertos verdugos. El resto recibe ruinas, fosas comunes y comunicados diplomáticos.