Publicada: viernes, 30 de enero de 2026 9:40

Análisis de la guerra contra Irán y Venezuela: ¿Por qué el caos de EE.UU. está destinado al fracaso y marca el fin de la farsa hegemónica global?

Irán enfrenta una ofensiva sin precedentes en múltiples frentes. Mientras el imperialismo intenta imponer el caos, la resistencia de una Revolución paradigmática define no solo su destino, sino el curso de la humanidad.

Guerra a Irán

Irán está bajo un ataque implacable y en múltiples ámbitos. Irán está en guerra porque los enemigos han emprendido una ofensiva sin cuartel. Es clave decirlo al mundo y esencial rechazarlo a gritos.

De lo restante, de la resistencia y la coherencia se encargan ahora mismo los propios iraníes. Nadie puede hacerlo por ellos ni mejor que ellos. De lo primero, de resistencia, tienen una experiencia de milenios.

Lo segundo, la coherencia, llevan 47 años acorazándola con su Revolución paradigmática, la Revolución Islámica. Sobre los hombros del resto del mundo quedan la solidaridad y la buena voluntad hacia una de las causas de independencia más importantes del presente.

Porque Irán, en los actuales momentos y circunstancias, es mucho más que la superficie que comprende y que la población que lo habita. Y, al igual que Venezuela, es más que el símbolo que representa.

En Irán se cruzan rutas y destinos, y planes y proyectos cruciales para el mundo venidero. Del curso de los acontecimientos y de la prevalencia o no de sus independencias y soberanías, tanto de Irán, como de Venezuela, dependerá, en buena medida, la clase de porvenir que tendremos como humanidad.

Irán es determinante para el futuro de Asia Occidental del mismo modo que Venezuela lo es para el de América Latina. Y Asia Occidental, como América Latina, son, a su vez, regiones decisivas al nivel global. No es palabrería.

Por algo, el imperialismo estadounidense y el sionismo israelí han tenido a ambos países, desde hace rato, en la mira de sus agresiones e injerencias. Ni es ni ha sido porque sí.

Asedio total

La embestida contra la economía iraní viene de todos los frentes: comercial, financiero, energético, tecnológico, monetario, en fin.

En la aplicación de sanciones unilaterales e ilegales, Estados Unidos no obra solo. La Unión Europea y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas han sido los cómplices perfectos en los montajes imperfectos.

La intencionalidad cierta se encubre con pretextos, las inculpaciones carecen de argumentos. Pero no solo se abalanzan los enemigos sobre la economía, también, sobre todo, lo hacen sobre la realidad.

A nadie le importa la verdad: solo vale que se impongan las medidas más absurdas contra el país culpable de dignidad. Las calidades éticas, los criterios morales, la honradez, son delitos que se pagan caro.

Los crímenes de guerra, los exterminios, el asesinato de pescadores… Actos propios de hombres duros. Como los de al-Golani, el mochacabezas, recién erigido y ahora prescindible presidente de Siria. O los de Benjamin Netanyahu, el sicópata primer ministro de Israel, alguien sin par en perversidad.

Fábrica de falacias

La cruzada mediática hace el resto. Los grandes medios corporativos hacen eco del apetito de sus capitales dando por hecho la caída de las autoridades iraníes y la destrucción del país.

Otro Afganistán, otro Irak, otra Siria, otra Libia. Irán sería el festín mayor. La tergiversación y las manipulaciones contra Irán se tornan implacables. Cualquier protesta, cualquier expresión natural de inconformidad es infiltrada por la CIA y el Mossad y afines, y deriva en terrorismo.

En tanto que las acciones brutales, armadas y pagas desde afuera, se aplacan en las pantallas de millones de incautos, y en las retinas son exigencias de democracia. O sea, falacias. Las movilizaciones masivas y continuas en favor de las autoridades iraníes, en cambio, son invisibles. Es decir, invisibilizadas.

Los flujos informativos occidentales hacen lo suyo: magnifican la farsa en el relato y transmutan la violencia en armonía. Así justifica Estados Unidos su intervencionismo: los actos terroristas que perpetra los repara con drásticas medidas, pero contra las víctimas.

Traidores a la luz

El derrotero es claro y repetido: a los crímenes los sigue el engaño, y a este el consenso arreglado, que no es fortuito.

La oportunidad se vuelve oportunismo. Y en el río revuelto pescan los infames. Hasta el alma en pena de Reza Pahlavi, el insulso, impopular y corrupto hijo del último sha, espanta por las redes entre bots, cuentas falsas y donantes sionistas.

Pahlavi, al igual que la novelesca Nobel venezolana, María Corina Machado, pide a Trump que esté “preparado” para “intervenir” y “ayudar” al pueblo. Traidores de alcurnia y poca monta. Es lo que son. Es el mundo al revés que no nos ha tocado vivir en suerte, sino en desgracia.

El fin de la farsa

Pero la sembrada “revolución de colores” se les decolora, otra vez, entre las manos y las ganas. Donald Trump, desde luego, exacerba la violencia, pero el problema va más allá de él.

Se trata de una élite que no está acostumbrada a perder, y está perdiendo. Y que lo sabe, sin que le quepa la menor duda. La élite innombrable con responsabilidades sin nombre. De un Estados Unidos que percibe ante sí la fatalidad de no ser el centro de un mundo al que siempre vio como su apéndice.

Irán y Venezuela son territorios que, en el contexto de poderes en confrontación, definen desde ya el rumbo de los pasos a seguir.

El Estados Unidos de la desbocada administración de Trump sigue dando saltos de alegría por la conquista imaginaria de Venezuela y su petróleo. O mama la leche agria de un país cuya rebeldía se forjó hace más de dos siglos, desde los remotos tiempos de Miranda y Bolívar.

La entidad sionista de Israel acepta el destino de paria que se labró a punta de agresiones y del genocidio contra el pueblo palestino. O Irán hace caber el delirio del Gran Israel en las tumbas de unos cuantos criminales a la cabeza del proyecto.

Algo de eso ya atestiguaron los israelíes en la guerra de 12 días que ellos mismos provocaron.

Contra los insumisos

Sea como sea, es una entendible advertencia dirigida a los cuatro vientos y a los cuatro puntos cardinales.

Para China y la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Para Rusia y sus corredores por el Cáucaso. Para los BRICS y la OCS, la Organización de Cooperación de Shanghái. Para los africanos que se insubordinan y para el llamado Sur Global, sin duda alguna. Para quienes no marchen al compás de Washington.

Paso a paso, Estados Unidos irá por todos y cada uno de los países insumisos, estén donde estén, aunque perezca en el intento. Lo intentará en ataques directos, tercerizados, o carcomiéndolos desde adentro con sus nidos de espías y mercenarios, los suyos y de los cómplices.

Irán sabe bien que es el siguiente en el orden del día de planes bélicos, políticos, económicos, sicológicos, mediáticos, en fin.

Ocaso imperial

Irán sabe que será agredido de nuevo, pero no cuándo. Los agresores saben cuándo, pero no el costo que tendrán que pagar por su irresponsabilidad y atrevimiento. Que será alto, altísimo, eso está claro.

Pero están dispuestos a la aventura que sea porque, sea cual sea el resultado, los réditos irán a dar a las arcas propias y de los amigos.

BlackRock, Vanguard, State Street ni nadie de Wall Street ni del Complejo Tecnológico Industrial Militar no pierden. Las consecuencias ciertas las pagarán en vidas e impuestos los estadounidenses de a pie.

Racistas y antirracistas; discriminadores y discriminados; protestantes, católicos o ateos; supremacistas, rednecks, afroamericanos, latinos… todos siempre y juntos por las guerras ajenas.

Mientras esos cuatro Jinetes del Apocalipsis, Donald Trump, J. D. Vance, Marco Rubio y Pete Hegseth insisten en que todas las opciones están sobre la mesa.

La que no contemplan, o, al menos, no manifiestan, es la opción más probable: el fin de la farsa hegemónica e imperial que esos cuatro heraldos personifican.

Por Juan Alberto Sánchez Marín, periodista y analista internacional. Director de dXmedio.com

 Productor de la serie “Entre Líneas”, de HispanTV.

Artículo para HispanTV