Publicada: sábado, 28 de marzo de 2026 3:56

Irán enfrenta una guerra occidental más amplia, con frentes interconectados de Resistencia que abarcan Palestina, Líbano, Siria, Sudán y la región.

Por: Dr. Firoz Osman *

La guerra contemporánea no se circunscribe a un único campo de batalla. Se despliega simultáneamente en múltiples frentes del mundo musulmán ampliado —Palestina, Líbano, Siria, Sudán y, ahora, Irán—.

Estas no son confrontaciones aisladas, sino teatros interconectados dentro de una lucha geopolítica más amplia por el poder, los recursos y la hegemonía ideológica.

Para comprender la actual escalada contra la República Islámica de Irán, es imprescindible situarla dentro de un arco histórico más extenso, definido por la intervención, la resistencia y la disputa por la soberanía en el mundo musulmán.

1979: el punto de inflexión

La fase moderna de confrontación con Irán se inicia con la Revolución Islámica de 1979.

La revolución popular derrocó al Shah, un monarca cuyo poder había sido consolidado mediante intervención extranjera. En 1953, un golpe de Estado orquestado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) depuso al primer ministro democráticamente elegido, Mohamad Mosadeq, tras la nacionalización de la industria petrolera, hasta entonces dominada por intereses británicos.

El Shah, restituido en el poder, gobernó mediante la represión, ejecutada por la SAVAK, una temida policía secreta conocida por el uso sistemático de la tortura y la brutalidad.

La resistencia a este régimen respaldado por Occidente creció de manera sostenida hasta culminar en una insurrección popular que dio lugar a la revolución. El 11 de febrero de 1979 se estableció formalmente la República Islámica, alterando de manera fundamental el equilibrio de poder regional.

Irán y Palestina: ideología y alineamiento

La Revolución Islámica de 1979 marcó de inmediato un giro en las prioridades de la política exterior iraní.

En cuestión de días, Irán transfirió la antigua embajada israelí en Teherán a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Yasser Arafat se convirtió en el primer líder extranjero en visitar Irán tras la revolución, simbolizando una nueva alineación estratégica.

Ese mismo año, el fundador de la República islámica, el ayatolá Ruholá Jomeini, proclamó el Día de Al-Quds, una movilización global anual celebrada el último viernes de Ramadán y dedicada a la liberación de Jerusalén.

El Día Mundial de Al-Quds trasciende lo meramente simbólico: constituye un instrumento de movilización política, reafirmación ideológica y expresión global de solidaridad. Vincula las luchas locales con una visión más amplia de unidad dentro de la Umma musulmana.

El apoyo firme e inquebrantable de Irán a Palestina no se concibe como una opción diplomática, sino como una obligación religiosa e ideológica basada en la defensa de los oprimidos a escala global.

¿Por qué la Revolución de 1979 inquietó a Occidente?

La Revolución Islámica liderada por el imán Jomeini representó mucho más que un cambio de régimen: alteró la arquitectura de influencia occidental en la región.

El Shah había sido un aliado clave, garantizando el acceso occidental a los recursos energéticos, una dinámica regional favorable a sus intereses y una alineación estratégica con Israel.

Con su caída, Estados Unidos, Reino Unido e Israel perdieron uno de los pilares centrales de su orden regional.

Dos imperativos estratégicos —el control de los recursos energéticos y la protección de Israel— han moldeado históricamente la política occidental en Asia Occidental. La emergencia de una República Islámica independiente y desafiante puso en cuestión ambos.

Contención: sanciones y aislamiento

Como respuesta, Irán fue sometido a una presión económica y política sostenida por parte de las potencias occidentales, encabezadas por Estados Unidos y sus aliados.

Durante décadas, las sanciones han sido empleadas como herramienta para debilitar a la República Islámica, limitar su influencia y erosionar el apoyo interno a su modelo revolucionario.

Este patrón trasciende el caso iraní: cualquier Estado que desafíe las estructuras dominantes del orden global se expone a la asfixia económica o a la confrontación militar.

Palestina: asedio y resistencia

Mientras Irán enfrentaba sanciones, Palestina padecía un régimen de apartheid y asedio.

Durante casi dos décadas, Gaza ha permanecido bloqueada: su población confinada, vigilada y sometida a una asfixia económica sistemática. A pesar de ello, los movimientos de resistencia palestinos desarrollaron extensas redes subterráneas que les permitieron organizarse, entrenarse y sostener su lucha por la liberación de los territorios ocupados.

El apoyo de Irán, junto con la coordinación con grupos como el Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá), contribuyó a la consolidación de esta infraestructura de resistencia.

Normalización árabe y traición estratégica

En paralelo al sufrimiento palestino, varios Estados árabes avanzaron gradualmente hacia la normalización con el régimen israelí, en detrimento de la causa palestina.

Países como Egipto, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos y Sudán establecieron o reforzaron sus vínculos con Israel, priorizando la estabilidad de sus regímenes, la cooperación económica y las garantías de seguridad.

Este giro reflejó un cálculo más amplio: la supervivencia de las élites gobernantes por encima de la solidaridad con Palestina. La dependencia de la protección militar occidental, especialmente mediante bases estadounidenses en el Golfo Pérsico, consolidó esta orientación.

7 de octubre: conmoción estratégica

El 7 de octubre de 2023, el Movimiento de Resistencia Islámica de Palestino (HAMAS) lanzó una operación a gran escala en los territorios ocupados, denominada “Tormenta de Al-Aqsa”.
Esta operación alteró supuestos arraigados sobre la invulnerabilidad militar israelí y desencadenó una escalada regional. Asimismo, reactivó una red de grupos aliados, entre ellos Hezbolá en Líbano, el movimiento popular yemení Ansarolá y diversas facciones armadas en Irak.

Esta constelación, a menudo descrita como el “Eje de la Resistencia”, evidenció una presión coordinada y multifrontal contra Israel y sus aliados regionales y extrarregionales.

¿Por qué Irán apoya a Palestina?

Aunque Palestina no figura explícitamente en la Constitución iraní, el liderazgo del país fundamenta su apoyo en principios más amplios: la defensa de los oprimidos, la oposición a la injusticia y el compromiso con la unidad musulmana.

El artículo 152 de la Constitución iraní enmarca la política exterior en torno a estos principios, proporcionando la base de su postura constante a favor de Palestina.

La narrativa de la resistencia se refuerza a través de figuras consideradas mártires, entre ellas Ahmed Yassin, Abdel Aziz al-Rantisi, Ismail Haniyeh, Yahya Sinwar, Seyed Hasan Nasralá, Qasem Soleimani y Abu Mahdi al-Muhandis, entre otros.

Estas figuras son concebidas no solo como líderes revolucionarios, sino como símbolos de resistencia.

Los relatos de sacrificio —como los que describen a Sinwar combatiendo hasta sus últimos momentos o al ayatolá Jamenei rechazando ocultarse pese a amenazas contra su vida— fortalecen la moral y legitiman la continuidad de la lucha contra lo que se presenta como una coalición israelí-estadounidense.

Liderazgo y autoridad moral

Las narrativas atribuidas a figuras como el ayatolá Jamenei subrayan un modelo de liderazgo basado en el riesgo compartido y la coherencia moral.

La premisa es clara: un líder no puede exigir sacrificios sin asumirlos.

Este enfoque se nutre profundamente de la memoria histórica islámica, en particular del legado del Imam Husein ibn Ali (P), donde la firmeza frente a la adversidad extrema se considera la máxima expresión de integridad.

Guerra, poder y futuro

La actual guerra contra la República Islámica de Irán —ampliamente considerada ilegal e injustificada— no puede reducirse a un único factor.

Refleja tensiones estructurales más profundas: entre independencia y control externo, entre resistencia y normalización, entre compromiso ideológico y pragmatismo político.

Lo que resulta evidente es que las guerras en Palestina, Irán y el conjunto de la región no son fenómenos aislados. Constituyen manifestaciones interconectadas de una lucha mayor que continuará configurando el panorama político y moral del mundo musulmán.

* El Dr. Firoz Osman es un autor y analista radicado en Sudáfrica, autor de Shattering Zionist Myths y coautor de Why Israel?.


Texto recogido de un arículo publicado en Press TV