Por: Shabbir Rizvi *
En abril de 2024, el ambiente en los territorios palestinos ocupados era tenso. El régimen israelí había lanzado ataques contra Damasco dirigidos a la misión diplomática iraní, que resultaron en el martirio del general de brigada del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI), Mohamad Reza Zahedi, y otros oficiales superiores.
La escalada fue sin precedentes en términos de agresión israelí en la región: la arrogancia de la ocupación frente a una campaña de resistencia multifrontal la obligó a alcanzar nuevos niveles de criminalidad en la región.
El ataque contra una embajada iraní representó una línea roja que Teherán había prometido no dejar sin respuesta.
Teherán juró una fuerte represalia. Durante la procesión del Día de Al-Quds de ese año, celebrada pocos días después de la agresión israelí, el pueblo iraní exigió venganza, y el liderazgo político y militar prometió cumplirla.
Mientras Irán se preparaba para la represalia, la ocupación israelí ya se encontraba desbordada en una guerra de múltiples frentes. En Gaza, la ocupación israelí alcanzaba su sexto mes sin lograr detener a la resistencia.
Hamas, la Yihad Islámica Palestina y otros grupos compartían casi a diario videos de enfrentamientos a quemarropa con tanques del ejército israelí, mostrando al mundo la firmeza y valentía de la resistencia palestina y la legitimidad de su causa.
En los territorios ocupados del norte, el Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá) lanzaba drones y cohetes, creando una crisis para los colonos sionistas, que se veían obligados a huir. La economía del norte se paralizó mientras la resistencia libanesa destruía equipos de vigilancia estratégicos, puestos avanzados, depósitos y cuarteles.
Según sus propias declaraciones, las fuerzas sionistas aún no han logrado devolver a los colonos al norte debido a los daños y a la amenaza de las armas de Hezbolá.
Hacia el este, fuerzas de la Resistencia iraquí de las Unidades de Movilización Popular (UMP o Al-Hashad Al-Shabi, en árabe) lanzaron cohetes y drones contra el Golán ocupado y los puertos de Eilat, con la ayuda de una Siria entonces aliada, que funcionaba como ruta para el traslado de armas, apoyo logístico y sistema de alerta temprana frente a la agresión sionista.
Eilat también fue objetivo de la Resistencia yemení de Ansarolá, que, mediante su bloqueo del mar Rojo y ataques a puertos de la ocupación israelí, obligó a la paralización total del puerto de Eilat.
El 14 de abril, el CGRI ejecutó finalmente lo que se describió como la operación “Verdadera Promesa”.
Por primera vez, Tel Aviv y las instalaciones militares en el Néguev fueron atacadas por decenas de drones y misiles del CGRI, que impactaron en objetivos clave mientras eludían y agotaban al sobrevalorado sistema de defensa aérea “Cúpula de Hierro”.
Promocionada como un bloqueo completo de ataques aéreos contra la entidad ocupante, Irán redujo este sistema a un mero mito, mientras estudiaba las debilidades, maniobras defensivas y comportamientos de la ocupación israelí para futuros ataques, como el 1 de octubre (Verdadera Promesa II) y junio de 2025 (Verdadera Promesa III / la “Guerra de los Doce Días”).
Previo y durante la operación, todos los brazos de la resistencia se movilizaron: desde Yemen, Irak y Líbano llegaron cohetes y drones. La transferencia de inteligencia sobre el enemigo allanó el camino para el éxito de cada grupo. El llamado “anillo de fuego”, como lo denominó la ocupación israelí, estaba en pleno efecto.
Esta cooperación no surgió de intereses espontáneos. Desde las balas y cohetes que impactaban en posiciones enemigas hasta la inteligencia compartida para que los lanzamientos fueran efectivos, todo obedecía a la doctrina de resistencia creada por el mártir teniente general Hach Qasem Soleimani, el comandante de la Fuerza Quds del CGRI.
Arquitectura de la resistencia: Palestina y Líbano
El general Soleimani fue martirizado el 3 de enero de 2020 en un ataque de dron estadounidense que lo tenía como objetivo junto con el subcomandante de las UMP, Abu Mahdi al-Muhandis, mientras realizaban una misión diplomática en Bagdad, Irak.
El cobarde asesinato de estos dos líderes de la Resistencia provocó indignación mundial, pues Estados Unidos cometió un acto de guerra evidente, generando marchas y manifestaciones incluso en ciudades de Estados Unidos.
El funeral del general Soleimani reunió a millones de personas desde Irak hasta Irán, desde Palestina hasta Pakistán, y de Nueva York a Londres, que salieron a las calles para rendir homenaje al comandante antiterrorista y reafirmar su causa: la resistencia frente al imperio y contra la entidad terrorista israelí.
Por primera vez, muchos en Occidente se preguntaron: ¿Quién era Qasem Soleimani?
Veterano de la Defensa Sagrada frente a la agresión del dictador iraquí respaldado por Occidente, Sadam Husein, la firmeza, inteligencia y valentía de Soleimani le permitieron ascender en 1998 a los altos mandos del CGRI, específicamente en la Fuerza Quds.
Fiel al compromiso de la República Islámica de Irán con la liberación de Palestina, Soleimani inició un trabajo crítico coordinando con la resistencia palestina a finales de los años 90 y principios de los 2000, durante la Segunda Intifada.
Al reunirse con líderes de la resistencia palestina, incluido el fundador del Movimiento de Resistencia Islámica de Palestina (HAMAS) y mártir Sheij Ahmed Yasin, Soleimani estableció un comité operativo entre las distintas facciones palestinas, disipando todos los mitos sobre sectarismo entre la resistencia palestina y la República Islámica de Irán.
Supervisó el envío de miles de armas a la Resistencia palestina, armas que aún hoy se utilizan con gran efectividad. Pero la verdadera ayuda de Soleimani fue el entrenamiento y la autosuficiencia que cultivó dentro de la Resistencia palestina.
Soleimani comprendió la naturaleza agresiva y homicida de la ilegítima entidad israelí: asesinatos, bombardeos y sabotajes, sin consideración por la vida civil. Sabía que los envíos de armas podían ser interceptados, intervenidos o saboteados. De este cálculo surgió su entendimiento de que, para que la resistencia tuviera éxito, debía trabajar con lo que tenía, en el terreno que conocía.
Este conocimiento abrió el camino para el desarrollo de los túneles bajo Gaza y los cohetes que luego fueron lanzados hacia Tel Aviv desde allí.
En 2021, un representante del Movimiento de la Yihad Islámica Palestina declaró que Soleimani había desarrollado “la Resistencia palestina de la piedra al misil”.
Tras la Segunda Intifada, la fallida invasión israelí de Líbano en 2006 marcó hasta este año la humillación más severa de Israel: tanques y helicópteros fueron abatidos, mientras sus tropas eran detenidas por el armamento de Hezbolá.
En suelo libanés, Soleimani supervisó la estrategia y la logística.
Con el lanzamiento de la operación Tormenta de Al-Aqsa, el mundo pudo ver la poderosa red de túneles utilizada por las resistencias palestina y libanesa para neutralizar tanques enemigos y eliminar invasores israelíes.
A pesar de varios intentos fallidos de asesinarlo, los imperialistas lo apodaron “el Comandante Sombra”.
Contrapeso a las ambiciones imperialistas
El liderazgo y la habilidad del general Soleimani también serían puestos a prueba tras el lanzamiento por parte de Estados Unidos de la llamada “guerra contra el terrorismo” en 2001. El presidente George Bush delineó el objetivo de derrocar siete países en cinco años: Irak, Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán e Irán.
Los estadounidenses confiaban en sus aliados regionales, especialmente Israel, y en diversos actores no estatales que estaban promoviendo, incluyendo el fortalecimiento del grupo terrorista Daesh en Irak y Siria, con el fin de crear las condiciones para el derrocamiento de los gobiernos de estos países.
Soleimani comprendió que el contrapeso adecuado frente a la dominación estadounidense era una doctrina de resistencia auténtica, una resistencia forjada en la ideología pero también autónoma; de modo que, si un elemento era eliminado, los demás podían continuar funcionando.
Con experiencia en equipar a la resistencia palestina y a Hezbolá en Líbano, Soleimani afrontó las turbulencias de la región con una estrategia precisa y meticulosamente ejecutada.
El derrocamiento de Saddam Hussein por parte de Estados Unidos provocó una catástrofe nacional, con miles de iraquíes asesinados por las fuerzas de la coalición estadounidense. Los estadounidenses utilizaron el sectarismo como herramienta para mantener al país árabe débil y fragmentado, permitiendo que los elementos de Al-Qaeda y otros grupos takfiríes en Irak aprovecharan el caos. Esto dio lugar al surgimiento de Daesh, que devastó el país y se extendió hacia Siria, uno de los objetivos previamente mencionados.
A través de redes clandestinas en Turquía, Catar y Arabia Saudí, Estados Unidos canalizó armas hacia mercenarios takfiríes que llegaban a Siria e Irak desde el oeste de China hasta los propios Estados Unidos.
La operación “Timber Sycamore” incluso llegó a entrenar a militantes takfiríes que ejecutaban mujeres, niños y ancianos desde Siria hacia Irak.
Era necesario cambiar el rumbo. La fatwa (edicto religioso) del principal clérigo iraquí, el ayatolá Seyed Ali Sistani —la creación de las Unidades de Movilización Popular para expulsar al enemigo Daesh— permitió que Soleimani entrenara soldados en la expulsión de la amenaza takfirí de Irak, la cual ponía en riesgo la escasa estabilidad que el país había mantenido tras años de ocupación estadounidense.
Tras expulsar con éxito a la mayoría de los elementos de Daesh de Irak, Soleimani dedicó también su tiempo a Siria, luchando junto al mayoritariamente suní Ejército Árabe Sirio para contener a la llamada “oposición siria”, una coalición de mandos militares desertores que combatían junto a Daesh, el Frente Al-Nusra y otros grupos takfiríes.
En 2024, Siria cayó finalmente en manos de Hayat Tahrir al-Sham (HTS), que vendería el país a los caprichos de Washington y Tel Aviv. Sin embargo, el tiempo que Soleimani ganó fue incalculable: mientras las fuerzas de ocupación estadounidenses controlaban los campos petroleros, los grupos takfiríes se reponían en Idlib, esperando el momento oportuno para atacar, cuando la mayoría de las fuerzas de resistencia estaban ocupadas luchando contra Israel.
Quizá, si Siria hubiera caído durante la vida de Soleimani, la operación “Tormenta de A- Aqsa” no habría ocurrido, o no habría sido tan efectiva, ya que hoy se evidencia que el régimen de HTS instalado en Siria es anti-Resistencia: expulsando a miembros de la Resistencia palestina y preparando enfrentamientos contra Hezbolá en la frontera Siria-Líbano.
Esta fue la “Doctrina Soleimani” en acción: identificar la resistencia frente a las ambiciones imperiales y entrenarla para mantenerse firme. Soleimani, a través de la coherencia ideológica, refinó el lenguaje y la estrategia de la resistencia.
Rezando junto a los soldados, reuniéndose personalmente con grupos para combinar ideología y estrategia, y, por supuesto, combatiendo a su lado en el campo de batalla, Soleimani forjó un nuevo sentido de solidaridad dentro de la lógica antiimperialista en una región bajo presión imperialista.
El Eje de la Resistencia se había hecho presente.
Un legado vivo
Hoy, el general Soleimani vive en los corazones de quienes lo aman y en las mentes de quienes lo temen.
Símbolo mundial de lo que implica resistir las ambiciones imperialistas, puede encontrarse a Soleimani en las calles de Caracas, donde su mural da la bienvenida a los revolucionarios bolivarianos entrenando ante la posibilidad de una invasión estadounidense. También puede verse en pancartas que decoran las ciudades sagradas de Karbala y Nayaf.
Por el contrario, los mecanismos imperialistas buscan borrar su memoria. Publicar una foto del “Comandante Sombra” en redes sociales como Instagram o Facebook puede derivar en suspensiones por “promoción del terrorismo”.
Un castigo curioso para honrar a alguien responsable de destruir terroristas, mientras los poderes imperialistas los habían alimentado en Asia Occidental.
Cada año, decenas de miles de personas alrededor del mundo conmemoran el aniversario de su martirio.
La obra estratégica maestra de Soleimani —el Eje de la Resistencia— continúa operando a pesar de los nuevos desafíos y cálculos. Ha creado un baluarte de resistencia en una región mayoritariamente subordinada al imperialismo.
El golpe propinado al imperialismo mediante una resistencia coordinada y alineada ideológicamente —desde Yemen, frustrando a la Armada y Fuerza Aérea estadounidenses, hasta la resistencia palestina, obligando a la maquinaria bélica israelí a un estancamiento militar— demuestra que la resistencia es el único camino hacia la soberanía.
La ideología de resistencia que Soleimani inculcó no se limita a la revolución armada. El cálculo de la resistencia frente a la dominación imperial debe ser comprendido y aplicado por todos.
Desde el organizador que investiga los vínculos de corporaciones con la ocupación israelí, hasta el académico que publica estudios sobre el imperialismo financiero; desde el estudiante que no permanece indiferente mientras su institución apoya limpieza étnica, hasta el padre que educa a su hijo para comprender los planes imperialistas sobre su mundo: todos tienen un papel que desempeñar para fortalecer el eje frente al imperialismo, el sionismo y el takfirismo.
Como diría el mártir Abu Obeida: un líder es sucedido por diez, y un combatiente por mil.
* Shabbir Rizvi es activista anti-guerra y editor en Vox Ummah.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
