• Mowafaq al-Rubaie, consejero del ex primer ministro de Irak, Nuri al-Maliki, frente a una escultura del expresidente iraquí Saddam Husein, ejecutado el 30 de diciembre de 2006.
Publicada: viernes, 30 de diciembre de 2016 9:38
Actualizada: viernes, 30 de diciembre de 2016 10:56

Una década tras la ejecución de Saddam Husein, nuevos testimonios revelan el rechazo y temor de algunos monarcas de Oriente Medio a la pena capital del dictador.

Este viernes se cumplen 10 años desde que el expresidente de Irak, Saddam Husein, fue ejecutado tras ser condenado a muerte en horca por un Tribunal Especial iraquí, tres años después de su captura en un escondite, en diciembre de 2003 por las fuerzas norteamericanas: año en el que EE.UU. y sus aliados invadieron Irak. La corte lo acusó de crímenes contra la humanidad, torturas y arrestos masivos.

Mowafaq al-Rubaie, consejero del ex primer ministro de Irak, Nuri al-Maliki, relata en una entrevista concedida hoy viernes a la agencia rusa de noticias RT cómo se decidió en ese entonces el destino del dictador.

Bush preguntó al primer ministro iraquí: '¿Qué van a hacer con este hombre?', y Al-Maliki respondió: 'Vamos a ejecutarlo'. En respuesta, el presidente estadounidense levantó su pulgar en señal de aprobación", recuerda Mowafaq al-Rubaie, consejero del ex primer ministro de Irak.

Al-Rubaie ha revelado que una vez conocido el veredicto, un número de gobernantes y monarcas de los países de la región pidieron al entonces premier Al-Maliki no aplicar la pena de muerte contra Saddam, por el temor de que ésta podría convertirse en una tradición y una costumbre en la región, incitando a las naciones árabes de la zona a demandar la ejecución de sus reyes opresores.

El exfuncionario iraquí ha recordado que incluso en EE.UU. hubo dos enfoques diferentes sobre la pena de muerte de Saddam. Por un lado, la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. (CIA, por sus siglas en inglés), y el Pentágono pedían el aplazamiento de la ejecución, mientras que el entonces presidente norteamericano George W. Bush estuvo claramente a favor de la medida.

 

"Bush preguntó al primer ministro iraquí: '¿Qué van a hacer con este hombre?', y Al-Maliki respondió: 'Vamos a ejecutarlo'. En respuesta, el presidente estadounidense levantó su pulgar en señal de aprobación", recuerda Al-Rubaie. "Es difícil imaginar una señal de apoyo más evidente", afirma.

Se planteó entonces, ha agregado, otras dos opciones en cuanto al destino del dictador: Trasladarlo a la prisión de alta seguridad estadounidense en la bahía de Guantánamo o enviarlo al exilio en una isla en el Pacífico.

En la entrevista, Al-Rubaie ha recordado que tras su derrocamiento por EE.UU., el expresidente de Irak nunca pidió ni rogó perdón. No daba la impresión de ser un hombre temeroso de Dios y ni tan siquiera parecía que fuera religioso. Husein solo usaba la religión "con fines propagandísticos y para engañar a la gente", ha precisado.

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