Según la postura oficial, el Gobierno de Estados Unidos no tortura disidentes, ni tiene presos políticos, tampoco encarcela a individuos como mecanismo de represión. Sin embargo, la historia y hechos apuntan a lo contrario.
Daniel Hale, Jack Texeira, Joshua Schulte, Mun Chol Myong, Alex Saab, Simón Trinidad, Julian Assange, Mumia Abu-Jamal, Leonard Peltier, Aafia Sidiqqi, Pedro Albizu Campos. Son solo algunas de las personas que fueron y son víctimas del gobierno estadounidense en su cacería de opositores. Ser crítico y disidente en contra de las políticas y el gobierno de EE.UU. equivale a prisión perpetua, tortura, muerte.
En adición al encierro indefinido y aislamiento, se suman las privaciones, torturas e incluso tratamientos forzados con medicamentos psiquiátricos. El caso más célebre es el Julian Assange, cuyo caso es denunciado por este grupo de activistas ante el Departamento de Justicia.
Durante muchos años el gobierno estadounidense mantuvo al público en la oscuridad con respecto a la operación de sus programas de rendiciones extraordinarias, así como la existencia de presos políticos y de conciencia en cárceles dentro y fuera del país. A través de mecanismos de desinformación, agencias gubernamentales pretenden desaparecer a los disidentes o simplemente llevar a cabo acusaciones de toda índole con el fin de mantenerles detenidos indefinidamente.
Marcelo Sánchez, Washington
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