• Combatientes del movimiento popular Ansarolá de Yemen en Saná, la capital. (Foto: AP)
Publicada: domingo, 14 de junio de 2020 9:25

Mercenarios de Arabia Saudí no lograron infiltrarse en Al-Hudayda, aunque Riad bombardeaba la ciudad portuaria, en el oeste de Yemen, para garantizarles un paso seguro.

Un militar yemení, citado en anonimato por la cadena de televisión local Al Masirah, afirmó que el Ejército y el movimiento popular Ansarolá de Yemen frustraron el sábado intentos de un grupo de mercenarios, apoyados por Arabia Saudí y Estados Unidos, para infiltrarse en la ciudad de Al-Hudayda.

Los enfrentamientos suscitados en el distrito de Hais, de acuerdo con la fuente castrense, evidenciaron una violación más al pacto de alto el fuego, suscrito el 13 de diciembre de 2018 en Suecia sobre esta región por parte de los títeres de la monarquía saudí y sus aliados.

El medio yemení, a su vez, anuncia que se registraron, entre el viernes y el sábado, 83 casos de violaciones al cese de hostilidades cometidos por parte de las fuerzas saudíes y sus mercenarios en esta ciudad portuaria.

Entre otras violaciones a la tregua figuran los sobrevuelos de dos aviones no tripulados (drones) intrusos y el lanzamiento de “33 ataques”, usando “116 proyectiles”. A eso se suman otros “45 ataques” con balas reales, conforme al militar consultado.

 

La agresión saudí a Yemen se realiza a petición del expresidente fugitivo yemení Abdu Rabu Mansur Hadi por el petróleo. Arabia Saudí no se limita únicamente a robar el petróleo yemení, sino también se ilusiona con controlarlo por completo, firmando acuerdos con los líderes tribales en las zonas petroleras del país más pobre del mundo árabe.

El mundo mantiene silencio ante los crímenes sistemáticos de los Al Saud y sus aliados en Yemen; quizás la razón estriba en la realidad de que las intenciones caprichosas de Riad también favorecen a ciertos países, que se lucran, vendiendo armas a la adinerada monarquía.

Los agresores saudíes y sus aliados importan la mayoría de las armas, algunas prohibidas a nivel internacional, de países occidentales, como EE.UU., el Reino Unido, Canadá, España, Francia y España, que, pese a profesar bonitos discursos sobre los derechos humanos, ayudan a Riad en la masacre del pueblo yemení.

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