Por: Maryam Qarehgozlou
Tras secuestrar protestas pacíficas centradas en quejas económicas, los instigadores de los disturbios mortales recurrieron a una campaña de desinformación online, difundiendo imágenes fabricadas y falsas afirmaciones de muertes vinculadas al terrorismo respaldado desde el extranjero en todo el país.
A finales de diciembre, comerciantes iraníes, preocupados por la devaluación de la moneda nacional, el rial, y el aumento de la inflación, salieron a las calles de Teherán para realizar manifestaciones pacíficas.
Sin embargo, solo días después de las protestas, agencias de inteligencia extranjeras intervinieron y manipularon lo que eran protestas mayormente pacíficas para promover su agenda de "cambio de régimen" contra Irán.
Estas agencias fomentaron la violencia armada y ofrecieron apoyo moral y material a elementos terroristas, muchos de ellos entrenados y armados por el Mossad (servicio de espionaje del régimen israelí) y la CIA (Agencia Central de Inteligencia de EE.UU.), según funcionarios.
Como resultado, las protestas se convirtieron en disturbios mortales en varias ciudades del país, con agentes entrenados vinculados a las agencias de espionaje de Estados Unidos y el régimen israelí sembrando el caos.
Propiedades públicas y privadas fueron incendiadas, incluidos comercios, bancos y lugares de culto, y tanto fuerzas de seguridad como civiles, incluidas mujeres y niños, fueron asesinados a sangre fría.
Las fuerzas de seguridad iraníes lograron restaurar el orden arrestando a los líderes de los disturbios y la sedición impulsados desde el exterior, sofocando los disturbios y desmantelando los complots israelíes y estadounidenses contra la República Islámica.
Tras fallar en esta fase, los cerebros detrás de la violencia y el vandalismo, operando de manera remota, cambiaron de táctica y lanzaron una operación de influencia en las redes sociales sin restricciones.
Cuentas vinculadas a Israel comenzaron a circular imágenes de individuos que afirmaban habían sido asesinados por las fuerzas de seguridad iraníes durante los disturbios, respaldadas por pruebas falsas.
Sin embargo, este intento rápidamente empezó a desmoronarse. Numerosos usuarios en X revelaron que muchas de las imágenes compartidas por estas cuentas no pertenecían a víctimas de los disturbios, sino a actores y figuras públicas.
La campaña no se limitó solo a fotos fabricadas, sino que también incluyó videos generados por la inteligencia artificial (IA) que supuestamente mostraban la violenta represión de “manifestantes” con cañones de agua, así como imágenes de fuerzas de seguridad extranjeras operando dentro de Irán para controlar los disturbios.
Una cuenta en redes sociales bajo el nombre de @TaraBull, verificada con un tick azul en X, afirmó que una manifestante de 28 años, Negin Ghadimi, había muerto durante los disturbios en Irán “en los brazos de su padre, exigiendo libertad”.

Sin embargo, los usuarios de X pronto señalaron que la imagen adjunta al post pertenecía en realidad a Tuba Büyüküstün, una conocida actriz turca. Tras ser expuesta, la publicación original fue eliminada.
Las cuentas vinculadas a Israel también reciclaron imágenes más antiguas de mujeres que previamente habían afirmado fueron asesinadas en las operaciones de represalia de Irán contra el régimen israelí, tras la agresión israelí no provocada contra el país en junio del año pasado.
Una de las fotos circuladas durante la campaña pertenecía a la actriz estadounidense Jenna Ortega, conocida por su papel en la serie de televisión Wednesday.

Otro usuario israelí, Noa Magid —quien se presenta como periodista— compartió una foto de una mujer identificada como Nasrin Zaremanesh, de 39 años.
Magid afirmó que Nasrin era madre de un hijo de 15 años y una hija de 10, afirmando falsamente que fue disparada en Teherán, con una bala en el cuello y otra en el corazón, y murió en los brazos de su hijo mientras era transportada a un hospital.
Sin embargo, los usuarios de redes sociales luego revelaron que la imagen en realidad pertenecía a Asma Kamran, una modelo y actriz pakistaní.

En otro intento infructuoso por dar forma a la percepción pública, una cadena de televisión italiana emitió una imagen tomada de la película de gánsteres Goodfellas de 1990, presentándola erróneamente como una foto auténtica de una familia iraní antes de la Revolución Islámica de 1979.

Reaccionando ante este error, la escritora y columnista pakistaní Fatima Bhutto escribió en X: “Es risible que Israel gaste tanto dinero en hasbara y termine con esto”, destacando los fracasos repetidos del aparato de propaganda del régimen israelí.
En respuesta a estos esfuerzos absurdos, los usuarios de redes sociales se burlaron de la campaña al compartir deliberadamente imágenes de actores conocidos, como Jason Statham y Johnny Depp, etiquetándolos falsamente como víctimas de los recientes disturbios en Irán, exponiendo aún más la falta de credibilidad detrás de la desinformación.

En otro caso, la cuenta en X del Ministerio de Exteriores de Israel en persa publicó un vídeo el 1 de enero —antes de que los disturbios se tornaran violentos— mostrando a las fuerzas de seguridad iraníes supuestamente utilizando cañones de agua contra los manifestantes.
Los usuarios demostraron posteriormente que el video había sido generado usando inteligencia artificial.

Behnam Qolipur, un periodista pro-israelí radicado en la República Checa, también compartió un vídeo afirmando que las fuerzas iraquíes afiliadas al brazo armado del Movimiento Islámico de Irak estaban presentes en las calles de Tonekabon, una ciudad del norte de Irán, ayudando a las fuerzas de seguridad iraníes a controlar los disturbios.
Sin embargo, los usuarios señalaron que un letrero árabe visible en el metraje indicaba claramente que el lugar era una instalación propiedad del gobierno iraquí dentro de Irak.

El asesor del primer ministro iraquí, Husein Allawi, rechazó categóricamente las afirmaciones, describiendo los informes sobre la entrada de luchadores de la resistencia iraquí en Irán como “engañosos” y destinados a socavar las relaciones entre Irak e Irán.
No es la primera vez que el régimen israelí intenta —y finalmente fracasa— usar las redes sociales como una herramienta para fomentar el caos dentro de Irán.
En octubre, el Citizen Lab de la Universidad de Toronto, un grupo de investigación digital especializado en software espía, vigilancia y engaños patrocinados por el estado, reveló la existencia de una red coordinada de cuentas falsas vinculadas a Israel, que utilizaban tácticas impulsadas por inteligencia artificial para difundir desinformación e incitar disturbios, sin éxito, e indocrinar al pueblo iraní contra su gobierno.
Según Citizen Lab, la red —denominada “PRISONBREAK”— se estableció en 2023, pero ganó impulso significativo tras la agresión militar israelí ilegal contra Irán en junio.
Casi al mismo tiempo, el periódico israelí Haaretz reveló que el régimen había lanzado otra campaña encubierta utilizando cuentas falsas y contenido generado por inteligencia artificial para promover a Reza Pahlavi, el hijo del Shah depuesto de Irán.
El autoproclamado “príncipe heredero”, quien no ha escondido sus estrechos lazos con el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, funcionarios israelíes de alto rango y grupos de lobby aliados —llegando incluso a viajar a los territorios ocupados para respaldar públicamente el régimen de ocupación, genocidio y políticas coloniales de asentamientos— también intentó explotar la situación reciente en Irán.
Llamó abiertamente a las células durmientes vinculadas al Mossad y la CIA dentro de Irán a incitar disturbios y secuestrar lo que inicialmente habían sido protestas pacíficas por problemas económicos.
Exponiendo aún más la magnitud de la operación, un análisis extenso de datos publicado por Al Jazeera el miércoles detalló cómo una campaña coordinada que involucraba a funcionarios del régimen israelí y cuentas sospechosas intentó explotar las protestas en Irán.
La campaña fue acompañada de una avalancha de publicaciones proclamando un “momento decisivo” inminente en la historia de Irán, presentándose como la voz auténtica del pueblo iraní.
Sin embargo, un examen de las fuentes de esta interacción y sus vías de difusión reveló que la campaña digital no se originó de manera orgánica desde dentro de Irán.
En cambio, fue impulsada por redes externas —principalmente cuentas vinculadas a Israel o círculos proisraelíes— que jugaron un papel central en fabricar el impulso y orientar la narrativa hacia tramas específicas de Estados Unidos e Israel.
El análisis encontró que el 94 por ciento de las 4370 publicaciones examinadas fueron retuits, con solo una porción mínima consistiendo en contenido original.
Lo más sorprendente fue que menos de 170 cuentas produjeron material original, pero la campaña logró llegar a más de 18 millones de usuarios.
Este marcado desequilibrio entre una pequeña cantidad de fuentes y un alcance masivo es un indicador clásico de operaciones de influencia coordinadas, comúnmente denominadas “astroturfing” (estrategia de posverdad), en las que los mensajes preempaquetados se amplifican artificialmente para crear la ilusión de un consenso público generalizado.
La campaña también promovió fuertemente a Pahlavi como la única “alternativa política”, al tiempo que pedía explícitamente una intervención militar extranjera, amplificando las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre la disposición de Washington para intervenir militarmente.
Decenas de cuentas dentro de la red también enviaron mensajes a Netanyahu, instando a una intervención directa de Israel en Irán.
La repetida exposición de imágenes falsas, vídeos fabricados, material reciclado y narrativas artificialmente amplificadas subraya el fracaso persistente de la guerra de información respaldada por Estados Unidos e Israel contra Irán.
A pesar de una considerable inversión financiera, tecnológica y política, estas operaciones de influencia han colapsado constantemente bajo un escrutinio básico, revelando no solo su naturaleza manufacturada, sino también la medida en que los actores externos siguen dependiendo de la decepción, el “astroturfing” y las operaciones psicológicas para desestabilizar Irán cuando otras vías de presión, incluida la agresión militar, resultan ineficaces.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
