Según ha publicado este jueves el diario estadounidense Wall Street Journal, las autoridades norteamericanas pretendían derrocar el Gobierno de Al-Asad y, para ello, mantuvieron contactos con autoridades sirias desde canales secretos.
La política de la Casa Blanca en 2011 se basó en (lograr) una transición en Siria, para ello, se dedicaron a buscar brechas en el Gobierno (de Al-Asad) y ofrecer iniciativas a la gente para que abandonen (su apoyo a) Al-Asad”, afirman exfuncionarios de Administración del presidente de EE.UU., Barack Obama, citados en anonimato por el diario estadounidense Wall Street Journal.
“La política de la Casa Blanca en 2011 se basó en (lograr) una transición en Siria para ello se dedicaron a buscar brechas en el Gobierno (de Al-Asad) y ofrecer iniciativas a la gente para que abandonen (su apoyo a) Al-Asad”, afirman exfuncionarios de Administración de Obama, citados en anonimato por el diario estadounidense.
La fuente adelanta que la Inteligencia estadounidense eligió oficiales de las minorías religiosas de este país árabe para llevar a cabo un golpe de Estado contra Al-Asad “pero consiguió poca gente”, agrega.
De acuerdo con las entrevistas realizadas por ese rotativo, desde mediados de 2012, cuando fracasó el complot, la Casa Blanca cambió el plan y empezó a respaldar a los 'rebeldes' sirios.
EE.UU. entrenó a dos grupos de 'rebeldes', bajo el pretexto de luchar contra los grupos terroristas, entre ellos, la banda takfirí EIIL (Daesh, en árabe), en Siria.
El primer grupo, junto con sus armas, fue secuestrado el pasado julio por el grupo terrorista Frente Al-Nusra, los miembros del segundo grupo, al entrar en Siria, fueron detenidos por el grupo terrorista Frente Al-Shamiya.
El portavoz del Pentágono, el coronel Steve Warren, según publicó el pasado 14 de octubre la agencia rusa de noticias RT, anunció que EE.UU. sustituirá el entrenamiento de los llamados “rebeldes moderados” por el envío de municiones a dichos combatientes en Siria.

Desde 2011, Siria sufre la violencia de los grupos armados apoyados por países como Arabia Saudí, Turquía y Estados Unidos, que tratan, sin éxito, de derrocar al presidente Al-Asad.
Como consecuencia de la crisis siria más de 250.000 personas han muerto, según cifras del opositor Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), con sede en Londres (capital británica), y unos 11 millones de sirios han sido desplazados, de acuerdo con la ONU.
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