Publicada: jueves, 19 de febrero de 2026 14:03

En las principales ciudades occidentales —desde los barrios más tranquilos de Europa hasta los bulliciosos bulevares de Los Ángeles— han surgido informes sobre campañas de violencia e intimidación vinculadas a grupos monárquicos pro-Pahlavi que tienen como objetivo a críticos dentro de la diáspora.

Por Yousef Ramazani

Los casos más recientes incluyen el asesinato de un ciudadano iraní en Canadá y el apuñalamiento mortal de un empresario afgano en Alemania, incidentes directamente vinculados a simpatizantes monárquicos pahlavistas.

Estos hechos han reavivado el debate en línea sobre la conducta de los círculos monárquicos de línea dura, que abogan por un “cambio de régimen” en la República Islámica de Irán y que se han vuelto cada vez más intolerantes frente a la disidencia, respondiendo de manera agresiva a las voces críticas de su retórica o de sus actividades políticas.

Durante décadas, la diáspora iraní en América del Norte y Europa ha sido un espacio marcado por un intenso debate político y divisiones ideológicas tras la Revolución Islámica de 1979.

Sin embargo, en los últimos años, algunos activistas y miembros de la comunidad afirman que la rivalidad política, en ocasiones, ha escalado hacia el acoso y la violencia física.

Informes procedentes de varios países occidentales describen incidentes en los que simpatizantes de Reza Pahlavi, el hijo exiliado del monarca depuesto de Irán, han recurrido a tácticas agresivas y, con frecuencia, violentas contra quienes perciben como críticos o disidentes.

Los casos documentados incluyen altercados físicos en protestas, enfrentamientos a las afueras de eventos comunitarios y campañas coordinadas de acoso en línea. Algunos propietarios de negocios y estudiantes también han denunciado amenazas o presiones vinculadas a sus posturas políticas.

Observadores que hablaron con el sitio web Press TV señalaron que el patrón sugiere algo más que choques espontáneos entre manifestantes rivales.

Sostienen que ciertos grupos de la llamada “oposición” iraní operan de manera organizada, buscando silenciar y aislar a quienes muestran signos de desencanto con su movimiento, el cual, con el paso de los años, se ha vuelto cada vez más violento e impopular.

Algunos enmarcan estos incidentes como parte de tensiones más amplias relacionadas con la política de Asia Occidental, particularmente tras el genocidio en Gaza, que ha polarizado profundamente a las comunidades en todo el mundo.

Tras el estallido de la guerra en Gaza, los grupos monárquicos se hicieron cada vez más visibles en concentraciones proisraelíes en varias capitales occidentales, lo que sugiere la implicación de agencias de espionaje israelíes en las actividades violentas de los grupos pro-Pahlavi en Occidente.

Documentando el patrón

Los incidentes citados por miembros de la comunidad abarcan múltiples países.

En Londres, circuló en línea un video que mostraba un altercado verbal entre un joven simpatizante monárquico y una mujer iraní de edad avanzada que asistía a una manifestación pro-Palestina. Las imágenes generaron amplias críticas, especialmente después de que el intercambio se amplificara en diversas plataformas de redes sociales.

En el sur de California, estallaron enfrentamientos cerca de un campamento en UCLA durante manifestaciones pro-Palestina. Testigos describieron confrontaciones entre grupos opuestos que dejaron heridos y provocaron la intervención de las fuerzas del orden. Posteriormente, algunos estudiantes iraní-estadounidenses denunciaron haber recibido mensajes amenazantes en línea.

En París y Bruselas, a comienzos de 2023, protestas relacionadas con acontecimientos políticos en Irán derivaron en forcejeos entre simpatizantes monárquicos y sus opositores. También se informaron enfrentamientos similares en Washington, DC, y Múnich, donde disputas por consignas y símbolos —incluida la bandera iraní del león y el sol anterior a la revolución— contribuyeron a intercambios acalorados.

Si bien el alcance total y el nivel de coordinación de estos incidentes siguen siendo objeto de debate, lo que resulta evidente es que las divisiones políticas dentro de la diáspora iraní se han intensificado.

Para muchos miembros de la comunidad, la preocupación no radica únicamente en el desacuerdo ideológico, sino en si los espacios destinados a la expresión política y a la conexión cultural pueden seguir siendo seguros en medio de una polarización creciente, según los observadores.

El apuñalamiento en Hamburgo y la controversia por la bandera

Uno de los incidentes más graves ocurrió en Hamburgo, Alemania, el 12 de febrero de 2026.

Morteza Sadeghi, ciudadano afgano de 43 años y propietario del restaurante Sepideh —uno de los establecimientos afgano-iraníes más antiguos y conocidos de la ciudad—, fue apuñalado mortalmente tras una disputa presuntamente vinculada a la exhibición de la bandera monárquica pahlavista del león y el sol.

Según relatos de testigos recogidos por medios locales, un cliente de origen iraní intentó presionar a Sadeghi para que colocara la bandera monárquica dentro del restaurante.

Cuando Sadeghi se negó, el intercambio pasó de una discusión verbal dentro del local a un enfrentamiento en el área de estacionamiento situada detrás del edificio.

El sospechoso sacó un cuchillo y apuñaló a Sadeghi en múltiples ocasiones antes de darse a la fuga.

A pesar de ser trasladado a un hospital de Hamburgo y recibir atención de emergencia, Sadeghi falleció aproximadamente una hora después a causa de sus heridas.

El sospechoso sigue prófugo, y medios locales informaron sobre un refuerzo de la seguridad en torno al hospital tras el incidente, ante preocupaciones por posibles disturbios.

Asesinatos en Canadá: un patrón de fuerza letal

A comienzos de 2026, dos asesinatos en Canadá intensificaron los ya acalorados debates dentro de sectores de la diáspora iraní.

Masoud Masjoudi, activista político iraní-canadiense, fue reportado como desaparecido el 4 de febrero. Aproximadamente veintiséis horas después, su cuerpo fue hallado en la escalera de emergencia de un edificio residencial de gran altura en Vancouver.

Antes de su muerte, Masjoudi había iniciado procedimientos legales ante la Corte Suprema de Columbia Británica relacionados con campañas de acoso en línea que, según él, estaban conectadas con individuos pertenecientes a círculos monárquicos.

De acuerdo con allegados y publicaciones en redes sociales atribuidas a él, Masjoudi había denunciado haber recibido mensajes amenazantes en las semanas previas a su muerte.

También afirmó que había compartido dichos mensajes con las autoridades. Las fuerzas del orden canadienses no han confirmado públicamente ningún móvil político, y las investigaciones siguen en curso.

Menos de dos semanas después, Mohsen Ahmadipour fue asesinado en Toronto. La mayoría de los comentaristas en línea han descrito ambas muertes como vinculadas y de motivación política, aunque las autoridades canadienses mantienen hermetismo sobre el móvil, posiblemente para evitar la ira de los monárquicos.

Mientras continúan las investigaciones, los casos se han convertido en puntos álgidos dentro de un debate más amplio sobre la polarización, la radicalización en línea y los límites del activismo político en el extranjero.

 

 

Tensiones en la jornada electoral

Las tensiones fueron claramente visibles en Alemania y otros países europeos durante las elecciones presidenciales iraníes de julio de 2024, cuando los centros de votación se convirtieron en focos de confrontación dentro de la diáspora.

En los puntos de votación de países como Alemania, Australia, Nueva Zelanda, Francia, Suecia, el Reino Unido y Estados Unidos, grupos de manifestantes se congregaron frente a embajadas y consulados iraníes. Videos difundidos en línea mostraron acalorados intercambios verbales, forcejeos y enfrentamientos entre simpatizantes monárquicos y personas que intentaban votar.

En Londres, manifestantes que portaban símbolos monárquicos se reunieron cerca de la embajada iraní. Imágenes ampliamente compartidas en redes sociales captaron episodios de gritos, acoso y empujones. Posteriormente, las autoridades británicas confirmaron detenciones relacionadas con alteraciones del orden público.

En un caso, una mujer identificada en publicaciones en línea como Bahar Mahroo confrontó físicamente a una votante de edad avanzada durante las manifestaciones. La policía británica abrió una investigación sobre presuntas agresiones vinculadas a las protestas, aunque se abstuvo de adoptar medidas concretas.

Niyak Ghorbani, otra mujer de origen iraní, fue detenida tras enfrentamientos en el centro de votación que requirieron la intervención policial.

En Estados Unidos, también se reportaron escenas de tensión similares frente a ciertos lugares de votación. Publicaciones en redes sociales de personas que afirmaban estar afiliadas al monarquismo describieron esfuerzos por desalentar la participación, lo que generó condenas por parte de otros miembros de la diáspora, quienes sostuvieron que la oposición política no debería traducirse en intimidación.

Si bien las fuerzas del orden en los países anfitriones han tratado estos episodios principalmente como cuestiones de orden público, los incidentes ponen de relieve la profunda polarización dentro de la diáspora iraní, donde los debates sobre el futuro político de Irán se trasladan cada vez más a espacios físicos en el extranjero.

El vínculo israelí en el rompecabezas

Algunos analistas y activistas sostienen que la alineación entre ciertos grupos monárquicos antiraníes y redes de lobby proisraelíes proporciona un contexto clave para comprender las recientes tensiones políticas y los episodios de violencia dentro de sectores de la diáspora iraní.

Durante la guerra en Gaza, simpatizantes monárquicos estuvieron presentes en varias manifestaciones proisraelíes en capitales occidentales. Sus partidarios describen su participación como basada en una oposición compartida a la República Islámica y algunos argumentan que esta alineación ha fortalecido redes políticas y ha amplificado enfoques confrontativos dentro de los espacios de la diáspora.

En Londres, imágenes difundidas en redes sociales mostraron a activistas monárquicos junto a propagandistas y promotores de la guerra proisraelíes como Emily Schrader, Yoseph Haddad y Hananya Naftali, estrecho asesor mediático de Benjamín Netanyahu.

Observadores interpretaron estas apariciones como evidencia de coordinación política entre ambos frentes, ambos opuestos a la República Islámica de Irán y al Eje de la Resistencia.

Bahar Mahroo, quien fue objeto de investigación en el Reino Unido tras un altercado frente a un centro de votación, viajó posteriormente a los territorios ocupados. En sus publicaciones en redes sociales expresó apoyo a Netanyahu, así como a figuras europeas de derecha como Tommy Robinson y Geert Wilders, junto con una retórica marcadamente antislámica y antiraní.

El culto terrorista Muyahidín Jalq (MKO), históricamente enfrentado a las facciones monárquicas, en algunos casos ha aparecido en plataformas mediáticas compartidas o ha difundido mensajes similares durante periodos de disturbios, un hecho que comentaristas interpretan de distintas maneras, desde una convergencia táctica hasta una alineación más amplia de la oposición.

Entretanto, el exdirector de la CIA Mike Pompeo declaró públicamente durante los recientes disturbios instigados desde el extranjero que los servicios de inteligencia israelíes habían estado activos dentro de Irán, comentarios que avivaron aún más el debate sobre el alcance de la injerencia extranjera en los movimientos de la llamada “oposición”.

La superposición visible entre monárquicos pahlavistas y redes proisraelíes ha intensificado el escrutinio y profundizado las divisiones dentro del discurso político de la diáspora.

 

 

Intimidación empresarial y guerra económica

Junto a los informes sobre intimidación física, activistas monárquicos también han participado en campañas coordinadas de presión económica y reputacional dirigidas contra miembros de la diáspora iraní que se niegan a respaldar su agenda política, caracterizada por una retórica virulenta y centrada en el odio.

En Viena, varios propietarios de restaurantes iraníes denunciaron haber sido abordados por agentes pahlavistas que los instaban a exhibir imágenes de Reza Pahlavi y la bandera del león y el sol asociada con la monarquía iraní anterior a 1979. Quienes se negaron describieron haber enfrentado intentos organizados para disuadir a los clientes de ingresar a sus establecimientos, incluidas manifestaciones y episodios de violencia frente a sus locales.

Relatos similares han surgido en Los Ángeles, hogar de una de las mayores comunidades iraníes fuera de Irán. Algunos empresarios afirman que la polarización política ha generado un clima en el que mantenerse públicamente neutral resulta cada vez más difícil. Varios señalaron que se sienten bajo creciente presión para mostrar alineación con las causas monárquicas con el fin de evitar represalias en línea o boicots organizados.

Figuras culturales prominentes también se han visto arrastradas a la controversia. El veterano cantante Shahram Shabpareh emitió un comunicado público tras enfrentar una reacción adversa en línea por parte de simpatizantes monárquicos debido a una aparición en medios considerada insuficientemente alineada con sus posturas. En Canadá, empresarios también han denunciado campañas coordinadas en redes sociales después de realizar declaraciones políticas consideradas críticas hacia el liderazgo monárquico.

Campañas digitales y guerra reputacional

Paralelamente a estas tensiones fuera de línea, observadores describen un ecosistema digital altamente activo centrado en la defensa de Pahlavi y en la promoción de narrativas monárquicas. Señalan que redes de cuentas coordinadas en redes sociales amplifican ataques contra voces disidentes, recurriendo en ocasiones al acoso, la divulgación de datos personales y campañas sostenidas de desprestigio.

La actriz Golshifteh Farahani, conocida desde hace tiempo por su postura crítica tanto hacia la República Islámica como hacia la antigua monarquía, enfrentó una intensa reacción adversa en línea tras cuestionar la idea de una intervención militar extranjera en Irán. La magnitud de la respuesta abrió un debate dentro de la diáspora sobre el tono y las tácticas del llamado “activismo político” en redes.

Quienes han sido objeto de estas campañas describen un patrón recurrente: oleadas coordinadas de ataques en redes sociales; presión sobre empleadores, colaboradores o espacios culturales; y la circulación de material editado o descontextualizado con el fin de socavar su credibilidad.

La cuestión salió a la luz públicamente en la Conferencia de Seguridad de Múnich de 2026, donde la periodista de CNN Christiane Amanpour preguntó con cautela a Pahlavi sobre la conducta de algunos de sus simpatizantes en línea. El intercambio atrajo amplia atención y, posteriormente, la propia Amanpour se convirtió en blanco de comentarios hostiles en diversas plataformas digitales.

Los partidarios de las actividades monárquicas sostienen que la movilización en línea constituye una herramienta política legítima en un entorno altamente polarizado.

Mientras las tensiones persisten, la lucha por la narrativa, la lealtad y la disidencia se desarrolla cada vez más no solo en las calles de las ciudades occidentales, sino también en las plataformas digitales, redefiniendo los contornos del compromiso político mucho más allá de las fronteras de Irán.

 

 

Raíces históricas de la violencia monárquica

Partidarios de la República Islámica y algunos analistas independientes señalan que las tácticas confrontativas empleadas por los monárquicos evocan elementos de represión asociados con la era anterior a 1979.

Bajo el gobierno de Mohammad Reza Pahlavi, el servicio de inteligencia iraní, SAVAK, fue sinónimo para muchos de vigilancia política, detenciones e interrogatorios coercitivos.

Relatos históricos y memorias de antiguos presos políticos describen tratos severos y presiones psicológicas, incluido el uso de la tortura para reprimir a los opositores.

Dentro del actual sector monárquico más radical, observadores señalan la glorificación abierta de la simbología de la SAVAK como una señal preocupante. En manifestaciones en Múnich y otros lugares, participantes invocaron imágenes o consignas de la era de la SAVAK, presentándolas como un acto de desafío y no como represión.

Según declararon observadores y testigos al sitio web Press TV, tales gestos equivalen a normalizar una nostalgia autoritaria en lugar de fomentar el pluralismo democrático.

Una consigna escuchada con frecuencia en concentraciones monárquicas —“Javid Shah” (“Larga vida al Shah”)— ha suscitado escrutinio por parte de observadores europeos, que consideran que su repetición casi coreográfica evoca una política de culto a la personalidad.

Intimidación de género y retórica sexualizada

Otra dimensión del problema se centra en el uso de insultos sexualizados y amenazas virulentas en confrontaciones políticas entre miembros de la llamada “oposición” antiraní.

La activista Shadi Amin ha criticado lo que describe como la normalización de consignas vulgares y de carácter sexista en algunas concentraciones monárquicas, señalando que ese tipo de retórica refuerza patrones más amplios de misoginia e intimidación dentro de sus espacios.

Videos difundidos desde manifestaciones en Vancouver y varias ciudades europeas muestran a participantes coreando frases sexualmente explícitas, imágenes que han generado incomodidad incluso entre sectores de la más amplia “oposición” iraní.

Los incidentes ocurridos durante las elecciones presidenciales iraníes de 2024 en el extranjero intensificaron aún más este debate. En Londres y en partes de Francia, los enfrentamientos entre activistas monárquicos y votantes incluyeron abusos verbales formulados en términos sexuales.

En un caso ampliamente compartido, una mujer de edad avanzada fue acosada físicamente tras emitir su voto, lo que provocó condenas desde distintos sectores del espectro político.

Observadores señalan que el uso de amenazas de violación e insultos basados en el género refleja una estrategia deliberada de intimidación psicológica contra cualquiera que sea percibido como no alineado con su causa. Los simpatizantes monárquicos rechazan la caracterización de estos incidentes como algo sistemático y los describen como actos aislados cometidos por individuos en contextos políticos altamente tensionados. Sin embargo, las víctimas no están de acuerdo.

Alianza con la extrema derecha

Los grupos monárquicos también se han alineado cada vez más con movimientos de extrema derecha en Europa y América del Norte, compartiendo plataformas con voces antiinmigración y provocadores islamófobos.

En Londres, se documentó a provocadores monárquicos asociándose con Tommy Robinson y con elementos de la English Defence League.

Su actividad en redes sociales revela apoyo a Geert Wilders, el político neerlandés de extrema derecha que ha pedido la expulsión de cientos de miles de musulmanes de los Países Bajos.

Esta alianza con la extrema derecha proporciona a los monárquicos una capacidad adicional de acción violenta a nivel callejero, al tiempo que los alinea con movimientos que comparten su hostilidad hacia las comunidades musulmanas.

La indumentaria simbólica adoptada por algunos manifestantes monárquicos, incluidos brazaletes y gorras de estilo militar que evocan estéticas neonazis, refuerza la conexión visual con los movimientos de extrema derecha.

La cuestión de la impunidad

Un rasgo llamativo de la violencia monárquica en países occidentales es la impunidad de la que gozan sus perpetradores.

A pesar de agresiones documentadas, amenazas de muerte y ahora dos asesinatos en Canadá y otro en Alemania, pocos responsables han enfrentado consecuencias legales significativas.

Mahroo, cuya agresión contra votantes de edad avanzada fue grabada en video y ampliamente difundida, pudo huir a la entidad sionista sin interferencia de las autoridades británicas.

Los responsables del apuñalamiento en Hamburgo siguen prófugos. Las turbas organizadas que acosaron a votantes en siete países enfrentaron una intervención policial mínima en el momento de los hechos; se observó a agentes permanecer al margen mientras ocurrían agresiones.

Según expertos, este patrón de impunidad sugiere ya sea un fracaso de las fuerzas del orden occidentales para tomar en serio estos delitos o una política deliberada de no interferencia con grupos percibidos como funcionales a objetivos estratégicos contra Irán.

Los asesinatos en Canadá, ocurridos en un país miembro de la alianza Five Eyes con sofisticadas capacidades de inteligencia, plantean interrogantes particularmente inquietantes sobre el nivel de protección del que podrían estar gozando operativos monárquicos.

Nexo sionista-monárquico

La alianza entre los grupos monárquicos y el movimiento sionista proporciona tanto justificación ideológica como apoyo operativo a la campaña de violencia.

Los monárquicos enmarcan su respaldo a Israel como parte de una lucha compartida contra lo que denominan “terrorismo islamista”, adoptando el lenguaje y los marcos analíticos de los medios de propaganda israelíes.

En Londres, se documentó que provocadores monárquicos recibían orientación de individuos con vínculos establecidos con agencias del régimen israelí.

La huida de Mahroo tras cometer una agresión en Gran Bretaña ilustra el santuario que el régimen sionista brinda a quienes ejercen violencia en su nombre.

El aparato propagandístico israelí, incluidos medios como The Jewish Chronicle, ha presentado sistemáticamente a provocadores monárquicos como disidentes heroicos, al tiempo que ignora sus actos violentos.

Este respaldo mediático proporciona cobertura política a la violencia y contribuye al clima de impunidad.

La naturaleza sistemática de la campaña monárquica para eliminar la disidencia interna ha llamado la atención de analistas que identifican un patrón claro en sus métodos.

Expertos que examinan los asesinatos en Canadá señalan que las víctimas eran personas que habían roto con el movimiento monárquico o se habían alineado con facciones rivales, lo que sugiere una estrategia calculada para neutralizar cualquier desafío al liderazgo de Reza Pahlavi.

Masoud Masjoudi se encontraba en pleno proceso de acciones legales contra figuras monárquicas en tribunales canadienses cuando fue asesinado; su muerte puso fin de facto a los casos que había iniciado.

Observadores políticos han destacado la metodología operativa exhibida en estas liquidaciones, estableciendo paralelismos con técnicas históricamente asociadas a los servicios de inteligencia israelíes.

La selección precisa de objetivos, la capacidad de operar con impunidad dentro de un país miembro de la alianza Five Eyes y la rápida eliminación de individuos que buscaban recursos legales contra figuras monárquicas presentan rasgos que, según estos análisis, recuerdan métodos perfeccionados por el Mossad durante décadas.

La inmunidad frente a procesos judiciales de la que gozan los responsables refuerza, para algunos analistas, la hipótesis de que estas operaciones avanzan con la protección activa o la ceguera deliberada de las autoridades de los países anfitriones, un nivel de libertad operativa característicamente concedido a activos que actúan en favor de aliados estratégicos.


Texto recogido de una artículo publicado en Press TV