Por Alberto García Watson
Donald Trump, ese político que convirtió la presidencia en espectáculo y reality show, ha decidido que América Latina sigue siendo su patio trasero. Bombardeos, captura de Maduro… la historia no sorprende, solo se repite. Chile 1973, Guatemala 1954, República Dominicana 1965, Granada 1984, Panamá 1989 y muchos más: patrones que se repiten con la precisión de un reloj macabro. La diferencia es que hoy, los actos se presentan envueltos en propaganda y hashtags, no en comunicados oficiales de la CIA.
Narcotráfico a la carta
La excusa oficial: “combatir el narcotráfico”. Sin embargo, basta recordar que Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras y aliado cercano de Donald Trump, condenado a 45 años de prisión en EE. UU. por narcotráfico, fue liberado gracias a un perdón presidencial. Amigos intocables, enemigos objetivos: todo muy transparente.
Europa, el espectador cómodo
Europa observa. Europa calla. “Multilateralismo”, dicen, mientras el derecho internacional se desvanece ante la fuerza bruta.
España, por su parte, repite su patrón: primero no reconoce la victoria de Maduro, incluso antes de proclamarse ganador, luego reconoce a Edmundo González, sin la más mínima evidencia de victoria, replicando el desatino de 2019 con Juan Guaidó.
Taburete, Biblia y autoproclamación. Reconocido por España y el resto de la comunidad internacional, Guaidó no fue más que un títere de Washington con fecha de caducidad que, firmó (según documentos desclasificados del FBI) un contrato de 221 millones de dólares con Jordan Goudreau, un exmilitar estadounidense y fundador de la empresa de seguridad Silvercorp USA, involucrado en la intentona golpista de 2020 contra Venezuela, mientras la administración Trump lo preparaba como “presidente legítimo”.
Testimonios del FBI denunciaron desvíos de fondos de ayuda humanitaria y enriquecimiento del candidato Guaidó, consolidando su implicación en corrupción y conspiración contra el Estado venezolano.
La intentona golpista así como la elección de Guaidó como futurible “legítimo presidente”, tuvieron lugar poco después de que en 2018 Nicolás Maduro ganara unas elecciones con casi el 70 % de los votos, una contienda electoral cuyos resultados nunca fueron cuestionados, pero que como vemos tuvo que confrontar ya entonces un intento norteamericano de derrocamiento.
Si esta impunidad se consolida, ¿qué país será el siguiente?
Si esto prospera, ¿qué vendrá después? ¿La anexión preventiva de Canadá? ¿La compra o toma por la fuerza de Groenlandia? La historia y la geopolítica muestran que quien normaliza la agresión establece precedentes peligrosos. Y Europa, España incluida, está en riesgo, porque ignorar la ley internacional hoy significa que mañana también puede ser víctima de la fuerza.
Entre la doctrina Monroe y los titulares de escándalos
Si hoy aceptamos que bombardeos, secuestros presidenciales y contratos multimillonarios con opositores corruptos se conviertan en “La Realpolitik”, mañana alguien podría decidir que Europa también merece ser protegida por la fuerza y a golpe de invasión preventiva. El derecho internacional no es opcional; ignorarlo no es prudencia, es complicidad.
Y mientras tanto, uno no puede evitar preguntarse: ¿será todo esto un gran espectáculo para mantenernos distraídos, mientras la presencia escandalosa de Trump en los “Epstein files” queda relegada a un segundo plano? La política y el entretenimiento se cruzan, y en el medio estamos nosotros, viendo cómo el mundo se maneja a golpe de fuerza… y de distracción.
