El Pentágono ha exhortado a las automotrices estadounidenses a fabricar armas, ya que los arsenales de Estados Unidos se están quedando sin existencias, según un informe divulgado casi 50 días después de que una coalición militar entre EE.UU. e Israel emprendiera una guerra de agresión contra Irán.
Citando fuentes militares no identificadas, The Wall Street Journal (WSJ) informó el miércoles que altos mandos del ejército estadounidense ya han sostenido conversaciones con directivos de grandes fabricantes de automóviles, entre ellos General Motors y Ford Motor Company, para la producción de armas y otros suministros militares.
Según el informe, estas conversaciones preliminares y de amplio alcance con las compañías automotrices comenzaron incluso antes del 28 de febrero, fecha en la que EE.UU. y el régimen israelí iniciaron su guerra no provocada contra Irán.
Este giro se produce en un contexto en el que la administración del presidente estadounidense Donald Trump ha instado a las automotrices y a otros fabricantes del país a asumir un papel más activo en la producción de armamento, dado que la costosa y estéril agresión ha consumido una parte sustancial de las reservas militares estadounidenses tras 40 días de conflicto con Irán.
El informe añade, citando a funcionarios militares, que los fabricantes estadounidenses podrían ser requeridos para respaldar a los contratistas militares tradicionales, planteándose incluso si las automotrices podrían reconvertirse con rapidez hacia la producción militar.
El Pentágono también ha mantenido conversaciones con altos ejecutivos de GE Aerospace y del fabricante de vehículos y maquinaria Oshkosh Corporation, según el WSJ.
Por su parte, Reuters citó a un funcionario del Pentágono que, bajo condición de anonimato, afirmó en un comunicado que el Departamento de Guerra “está comprometido con la rápida expansión de la base industrial [militar] mediante el aprovechamiento de todas las soluciones y tecnologías comerciales disponibles para garantizar que nuestras fuerzas combatientes mantengan una ventaja decisiva”.
El mes pasado, Trump se reunió con ejecutivos de siete contratistas militares mientras el Pentágono trabaja para reponer los arsenales utilizados en los ataques estadounidenses contra Irán y en otras operaciones militares recientes.
A principios de este mes, el presidente solicitó un aumento masivo de 500 000 millones de dólares en el presupuesto militar, elevándolo a 1,5 billones de dólares.
Un análisis del Royal United Services Institute (RUSI), titulado “Más de 11 000 municiones en 16 días de la guerra contra Irán: el ‘dominio de la recarga’ rige la resistencia”, advirtió en marzo que EE.UU. e Israel afrontan una crisis logística en su guerra contra Irán, con inventarios de interceptores que podrían agotarse en cuestión de semanas.
El informe también revela que la resistencia industrial, más que el rendimiento en el campo de batalla, está configurando ahora la toma de decisiones estratégicas en el conflicto.
Añade que Estados Unidos enfrenta, además, una presión comparable sobre su inventario de interceptores THAAD.
La elevada tasa de consumo de interceptores estadounidenses e israelíes responde a los sostenidos ataques de represalia iraníes, desplegados en 100 oleadas, dirigidos contra bases y activos de EE UU. e Israel en la región y en los territorios ocupados.
Cuarenta días después del inicio de la guerra, entró en vigor un alto el fuego de dos semanas mediado por Pakistán; sin embargo, las negociaciones entre Teherán y Washington en Islamabad no lograron alcanzar un acuerdo debido a las exigencias excesivas de la delegación estadounidense y al constante cambio de sus condiciones.
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