Según el informe, publicada este sábado, entre las víctimas hay 59 hombres, siete mujeres y un niño.
En cuanto a la distribución geográfica de dichos asesinatos, OSDH afirma que la provincia central de Homs registró el mayor número de víctimas con 20 casos (15 hombres, 4 mujeres y 1 niño). Le siguieron la provincia norteña de Alepo con 12 casos (todos hombres) y la central de Hama con 11 casos (todos hombres).
En los suburbios de Damasco se registraron 8 asesinatos (7 hombres y 1 mujer), mientras que en Idlib se produjeron 6 asesinatos (4 hombres y 2 mujeres). La provincia de Latakia también reportó 5 casos, Tartus y Daraa reportaron 2 casos cada una, y Damasco registró un asesinato.
El organismo ha resaltado que algunos de estos crímenes eran de naturaleza sectaria, con 18 casos registrados en Homs, 5 en los suburbios de Damasco, 3 en cada una de las localidades de Hama, Latakia e Idlib, así como dos casos en cada una de las ciudades de Tartus y Daraa, y un caso en cada una de las ciudades de Alepo y Damasco.
Al respecto, la cadena libanesa Al-Mayadeen ha indicado que ante la persistencia de estas violaciones, que van en aumento, los ciudadanos han pedido que se ponga fin al baño de sangre y se protejan a los civiles, acusando a las instituciones de seguridad de negligencia en la protección de la vida de las personas y de no castigar a los autores de los crímenes sectarios.
Tras el derrocamiento de Bashar al-Asad y la toma del poder por Abu Mohammad al-Golani, perteneciente al grupo Hayat Tahrir al-Sham (HTS), Siria ha sido escenario de oleadas de violencia sectaria y regional. La violencia contra la comunidad alauita continúa tras una brutal ofensiva ejecutada por las fuerzas de HTS en marzo.
La caída de Asad, lejos de traer una solución inmediata al prolongado conflicto, ha desatado también una nueva ola de inestabilidad, con enfrentamientos entre facciones opositoras y una profunda crisis de gobernabilidad.
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