Son marcas reconocidas a nivel mundial que tienen algo en común: sus ventas ayudan a financiar la opresión sionista sobre Gaza y Cisjordania.
Por eso, desde hace 10 años existe una campaña llamada BDS —Boicot, Desinversión y sanciones—, destinada a identificar estos y otros cientos de productos que provienen de territorio palestino ocupado, o cuyas ganancias se usen para mantener la política de apartheid.
Esfuerzo puesto en acciones, como la creación de un Ministerio exclusivo, para contrarrestar la toma de conciencia de los consumidores o trasladar sus empresas a regiones donde el discurso sionista todavía permea en la sociedad.
Las pérdidas monetarias que provoca esta campaña al sionismo son tan importantes que una ONG con sede en Israel ha iniciado una demanda contra Facebook en una corte de Estados Unidos, acusando a esta red social de ser “una plataforma para el terrorismo y accesorio de crimen”, por lo que insta a esta empresa a eliminar más de 1000 páginas.
Sebastián Salgado, Buenos Aires
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