Jerí enfrenta acusaciones de presunto tráfico de influencias y contrataciones irregulares, incluyendo reuniones no registradas con empresarios chinos vinculados a contratos estatales y la posible intervención en nombramientos en su gobierno. Estas controversias han debilitado su respaldo político y varios partidos que inicialmente lo apoyaron se han distanciado, aunque el fujimorismo mantiene apoyo explícito dentro del hemiciclo.
A diferencia de procesos anteriores, el Parlamento no debatirá una nueva vacancia, sino mociones de censura contra Jerí en su calidad de presidente del Congreso, cargo que ostenta simultáneamente. De aprobarse, perdería automáticamente la investidura como jefe de Estado.
En el escenario de una eventual destitución, el nombre que suena con mayor fuerza para sucederlo es el de Maricarmen Alva, expresidenta del Congreso y figura opositora a Castillo.
En medio del debate, el embajador de Estados Unidos en Perú, Bernie Navarro, expresó su preferencia por la continuidad de Jerí, al señalar que los constantes cambios de mandatario no son normales para la estabilidad institucional.
La votación de este martes se perfila así como un nuevo episodio de la prolongada crisis política peruana, marcada por la inestabilidad en la Presidencia y la fragmentación del sistema político. De hecho, de concretarse la salida de Jerí, sería el octavo cambio presidencial en menos de una década, a pocas semanas de las elecciones generales previstas para abril.
Jerí asumió la jefatura del Estado en octubre pasado, tras la destitución de Dina Boluarte, luego de que el Parlamento declarara su vacancia por “incapacidad moral permanente” en medio de la crisis de seguridad. Boluarte, a su vez, había sucedido a Pedro Castillo, quien fue removido tras intentar disolver el Congreso.
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