Publicada: miércoles, 11 de abril de 2018 12:23

Una coordinada ofensiva militar, política, diplomática y comunicacional ha sido lanzada por la triada conformada por el Imperialismo estadounidense, el sionismo y la Casa Al Saud.

Una retórica de guerra acompañada de masacres, operaciones de falsa bandera y acusaciones, ejecutada en múltiples campos con el objetivo de dar aliento, no sólo a los alicaídos grupos terroristas takfiríes que operan en Oriente Medio, sino también de desviar la atención de los crímenes cometidos por el régimen israelí contra el pueblo palestino, continuar la agresión contra el pueblo de Yemen por parte de Arabia Saudí e intensificar el sufrimiento del pueblo iraquí tras 15 años de invasión, además de seguir cercando a la República Islámica de Irán y presionar a la Federación Rusa y al Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá), entre otros objetivos.

Criminales en múltiples frentes

Es, por tanto, una ofensiva de amplio espectro, que incluye numerosas situaciones que comprueban la afirmación dada respecto a esta conexión criminal y que explican el escenario actual que se vive en el Levante mediterráneo. Entre esas realidades encontramos la visita del príncipe heredero saudí Mohamad bin Salman a Estados Unidos y a Francia, para consolidar sus vínculos económicos y militares con el Gobierno de Donald Trump y Emmanuel Macron: dos países que son los principales proveedores de armas al reino wahabí y cómplices activos a la hora de callar, no ver y enmudecer cuando se le debe condenar por los crímenes cometidos. Los petrodólares son más fuertes.

El heredero saudí aprovechó en Estados Unidos, en una entrevista dada al periodista de doble nacionalidad (estadounidense e israelí) Jeffrey Goldberg, editor jefe del medio The Atlantic, para anunciar que Riad y el régimen de Tel Aviv comparten los mismos intereses geoestratégicos, destacando que ambos regímenes tienen muchas áreas con potencial para crear una cooperación económica conjunta; opinión que, al interior de la posiciones más intolerantes de un ya extremista régimen israelí, llama a la cautela, a pesar de considerar a Bin Salman como un “dictador pragmático” que puede ser un buen socio en la guerra contra Irán. “Por ahora, tenemos un aliado saudí en el joven príncipe heredero. Mientras nadie pierda la cabeza en Israel ni nadie explote la alianza en Arabia Saudí para cortarle la cabeza a Mohamad, podremos trabajar juntos para alcanzar objetivos comunes”, afirma la analista Caroline Glick.

La mencionada embestida de la triada sangrienta ha significado también la intensificación, en los últimos días, de la agresión saudí a Yemen, con los resultados consabidos: muerte de decenas de ciudadanos, la destrucción de su infraestructura sanitaria, educacional, sanitaria e industrial por bombardeos llevados a cabo por aviones de la Fuerza Aérea saudí e incremento del bloqueo total que tiene a Yemen en una catástrofe humanitaria. El Movimiento Popular Ansarolá, a su vez, ha dado respuestas contundentes a los ataques saudíes, no sólo infligiendo duras derrotas a las fuerzas de Riad, sino también a grupos de mercenarios, principalmente sudaneses, que han sido emboscados en el norte del país más meridional de la península arábiga.

Sumemos en estas operación de articulación criminal los ataques del sionismo al pueblo palestino, principalmente en la Franja de Gaza con decenas de muertos y miles de heridos en la represión de las manifestaciones de la Gran Marcha del Retorno convocada desde el viernes 30 de marzo —en el marco de la conmemoración del Día de la Tierra Palestina—, y que se extenderán hasta el día 14 de mayo, cuando se rememoren los 70 años de la Nakba. Desde el 30 de marzo pasado hasta hoy, una treintena de muertos a manos de francotiradores israelíes se suman a los miles de palestinos asesinados de la creación de la entidad sionista el año 1948.

Una matanza que significó, por parte de la fiscal jefe de la Corte Internacional Penal, Fatou Bensouda, emitir un comunicado para señalar que Israel “debe detener el recurso a la violencia. Cualquier persona que induzca o participe en actos de violencia, incluso ordenando, solicitando, alentándolos o contribuyendo de cualquier otra manera a cometer crímenes, puede ser procesado ante la Corte dentro de la jurisdicción de la CPI”, advirtió esta alta funcionaria internacional.

La impunidad con que opera la soldadesca sionista, disparando a mansalva hacia el interior del territorio gazatí, ha merecido la repulsa mundial, pero al régimen cívico-militar sionista dichas condenas no le generan intranquilidad alguna. Mientras siga mamando de la gorda vaca del lobby sionista que domina los Gobiernos estadounidenses, mientras siga teniendo el veto cómplice de las administraciones estadounidenses cuando se vote alguna resolución que condene sus crímenes, mientras siga usufructuando de su victimización crónica, el régimen israelí seguirá asesinando.

Más al norte, en Siria, el domingo 8 de abril dos aviones F15 israelíes lanzaron misiles contra la base área de Tiyas, en la ciudad siria de Homs. Esto, como lógica ejecución del plan trazado por Washington a fin de “castigar” a Siria por el supuesto uso de armas químicas en la ciudad de Duma; denuncia dada a conocer por la desprestigiada organización denominada Cascos Blancos, que surge en la ciudad de Estambul en marzo de 2013, bajo la guía de un exmilitar británico con amplia experiencia en las guerras de agresión del Reino Unido. Un militar que pasó por puestos de mando en el Ministerio de Relaciones Exteriores del Reino Unido, la Unión Europea (UE) e incluso la ONU: James Le Mesurier. Unos Cascos Blancos aliados del terrorismo takfirí y de los servicios de inteligencia de Occidente y sus aliados en Oriente Medio, que son los que han proporcionado la información sobre el supuesto ataque con gas cloro en Duma.

Con el aval de esa denuncia, Donald Trump se permitió mandar un tweet de enorme agresividad, donde acusaba a Rusia e Irán de estar detrás de ese falso uso de armas químicas: “El presidente Putin, Rusia e Irán son responsables de respaldar al animal Bashar al-Asad. Pagarán un precio muy alto”. La orden del inestable y agresivo mandatario estadounidense no se hizo esperar y por medio de su testaferro e hijo putativo en Oriente Medio: Israel procedió a lanzar misiles contra la base aérea siria T4, en la ciudad de Homs. El objetivo es provocar a la República Islámica de Irán, forzarla a actuar, pues en dicha base se encuentran acantonados parte de los asesores militares de la nación persa. Tras el ataque de los aviones sionistas, fuerzas de Daesh atacaron posiciones del Ejército sirio en la misma ciudad de Homs. Una peculiar coordinación sionista-takfirí. En estos momentos se espera un ataque conjunto entre las fuerzas de Estados Unidos, Francia y el Reino Unido que podría tensionar la situación a límites impredecibles.

La nación persa denunció a través del vocero de su Cancillería, Bahram Qasemi, que “la agresión del régimen sionista a Siria es una violación de la soberanía y la integridad territorial de ese país contraria a todas las leyes internacionales que no hace sino complicar la crítica situación de Siria y las ecuaciones de la región”. Para Irán, este acto de agresión se da en momentos en que el Gobierno sirio está avanzando rápidamente en la lucha antiterrorista y se materializa con la intención de fortalecer a las bandas terroristas que operan en el país árabe, “además de desviar la opinión pública de la catastrófica situación en la Franja de Gaza y la matanza de decenas de palestinos en el enclave costero”.

El Consejo de Seguridad como escenario del montaje

Como corolario de esta puesta en escena de Washington y sus acólitos, el día lunes 9 de abril, Estados Unidos patrocinó una reunión urgente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) para discutir el supuesto ataque del Gobierno sirio con armas químicas a la ciudad de Duma, en la región de Guta Oriental. Era la guinda de la torta, con una embajadora de Estados Unidos, Nikky Haley, viviendo su propia epifanía político-religiosa, donde mencionó que el año 2017 oró por no tener que ser testigo nunca más de imágenes de uso de armas químicas y sin embargo ahora, en este 2018, ha tenido que volver a ver los resultados de la utilización de este tipo de instrumentos de muerte.

En su alocución, Haley, que parecía más aspirante al Oscar de la Academia de Hollywood por mejor actuación dramática que embajadora, sostuvo que podría presentar vídeos y fotografías, pero sin llegar a ponerlos a disposición del Consejo. Señaló que no había ambulancias en Guta Oriental para atender a las decenas de heridos, no hay hospitales ni medicamentos. ¡Claro que no hay, Sra. Haley! No están a disposición de sus habitantes, pues han sidos destruidos por siete años de ocupación y terror a manos de sus hijos putativos.

Haley apeló al dramatismo, la verbalización cargada de emocionalidad, recurriendo a la idea de imágenes de niños afectados por armas químicas. Un relato fantasioso, pleno de especulaciones, que confirma la escasa credibilidad de Estados Unidos a no ser un grupo de países que lo siguen a sol y sombra. Esto, tal vez, porque Washington, como sostuvo el embajador de Rusia ante la ONU, Vasili Nebenzia, no tiene amigos, sino incondicionales incapaces de contradecirlo que se suman a sus operaciones de falsa bandera, participan de ellas y se convierten en cómplices, como es el caso de Francia, el Reino Unido y sus aliados menores y puntas de lanza en la región, como son Israel y Arabia Saudí.

La Embajada estadounidense mencionó que sólo un monstruo —signando con esta denominación al mandatario sirio Al-Asad— permitiría el uso de armas químicas —¡y sí! Tiene razón, Sra. Nikky Haley, sólo un monstruo puede concretar tamaña atrocidad. Una entidad sanguinaria y brutal, que no es el mandatario sirio, sino una dotada de tres caras: el imperialismo, el sionismo y el wahabismo, quienes han creado, organizado, financiado y otorgado apoyo político a los grupos terroristas que operan en Oriente Medio: Daesh, Ahrar Al-Sham, Fath Al-Sham, Yaish Al-Islam, entre otros centenares de movimientos extremistas. Cortemos la cabeza a ese engendro, esta hidra tricéfala y el mundo será un mejor lugar para vivir.

Para el embajador ruso ante la ONU, Vasili Nebezian, “nuestro país y las autoridades sirias garantizarán la posibilidad de llegar al lugar de los hechos a pesar que después de la liberación de varias localidades de Guta Oriental los expertos rusos investigaron los lugares de los supuestos ataques químicos y no sólo no encontraron huellas de sustancias tóxicas, sino que se desconoce la ubicación de los cadáveres de las supuestas víctimas o los cementerios donde están enterrados. Se entrevistó a los habitantes de Guta, los médicos del único hospital en funcionamiento y los excombatientes de la oposición que depusieron las armas. Ninguno de ellos dio testimonios sobre el supuesto uso de sustancias tóxicas en la región”, aseveró Nebenzia, quien agregó que se trata de un claro montaje: “la provocación de Duma recuerda el incidente del año 2017 en Jan Sheijun, cuando Estados Unidos preparó de antemano un ataque de similares características”.

Peligroso juego en el que están enfrascados Washington y sus incondicionales. Si están en disposición de utilizar fuego, sea este retórico o real, deben estar dispuestos también a quemarse y hoy, las condiciones de Oriente Medio son muy diferentes a las vividas al inicio de la agresión contra Siria. Hoy, el apoyo de las Fuerzas Aeroespaciales rusas, la labor del Eje de la Resistencia encabezado por Irán y el ejercicio soberano de las Fuerzas Armadas sirias han inclinado la balanza a favor de la nación levantina, dando con ello un ejemplo claro de que es posible derrotar a la triada sangrienta.

Bien sabemos que, cuando un animal está herido de muerte, en su agonía suele ser más temible que cuando no había recibido los zarpazos que lo llevarán a su irremediable final. El monstruo que mencionó Haley en el seno del Consejo de Seguridad existe y está siendo destruido por la acción digna y soberana del pueblo sirio y sus aliados, por la resistencia del pueblo palestino en la Franja de Gaza y en Cisjordania, incluida Al-Quds (Jerusalén), por el valor del pueblo de Yemen que resiste los ataques de la monarquía saudí, al igual que el pueblo de Irak y la firmeza frente a 15 años de invasión.

Pablo Jofré Leal
Pablo Jofré Leal Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Master en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en temas principalmente de Latinoamérica, Oriente Medio y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de página WEB de análisis internacional ANÁLISIS GLOCAL www.analisisglocal.cl

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