Con un rugido ensordecedor, los aviones de guerra de Estados Unidos se alejaron del portaaviones de propulsión nuclear USS Carl Vinson mientras este navegaba por las aguas del disputado mar del Sur de China, en lo que su almirante dijo, el 14 de febrero, era un signo tangible de la presencia militar estadounidense en la región.
Las relaciones entre EE.UU. y Filipinas, dos aliados históricos, se han complicado en los últimos tiempos porque el presidente filipino, Rodrigo Duterte, le ha pedido a Washington que “se olvide” del acuerdo militar y defensivo bilateral firmado con Filipinas en 2014, que facilita la presencia estadounidense en el mar de la China Meridional.
El jefe filipino de Estado busca que el lugar de Washington en lo que a la cooperación militar se refiere, lo pasen a ocupar Rusia y China, y ha retado a la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. (CIA, por sus siglas en inglés) que intente derrocarlo.
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