El jueves, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, anunció el inicio de una operación especial en la región de Donbás (este de Ucrania), subrayando que a las autoridades rusas no les ha quedado otra opción para proteger el pueblo ruso ante la amenaza constante que emana del territorio ucraniano y sus aliados occidentales.
Mientras tanto, los países de la Unión Europea (UE) están trabajando en un programa que permite a sus 27 miembros proporcionar armas letales a Ucrania, a pesar de que los tratados del bloque le prohíbe usar su presupuesto normal para financiar operaciones militares. Sin embargo, Bruselas decidió utilizar un vehículo de financiación “fuera del presupuesto”, denominado “Fondo Europeo para la Paz” a fin de proporcionar armas a Kiev.
De hecho, Alemania ya ha prometido enviar 1000 armas antitanque y 500 misiles antiaéreos Stinger al Ejército ucraniano, revirtiendo así su política de nunca enviar armas a las zonas de conflicto bajo el pretexto de que la operación especial de Rusia “ponía en peligro todo el orden posterior a la II Guerra Mundial” en Europa.
El cambio de opinión de Berlín “podría significar un rápido aumento de la asistencia militar europea para Ucrania”, pues gran parte de las armas y municiones de Europa son de fabricación alemana, lo que le da a ese miembro del bloque el control legal sobre su transferencia, advirtió el diario estadounidense Politico.
En un informe difundido el sábado, Politico consideró que el cambio de opinión de Alemania sobre el envío de armamentos a Ucrania se debe a la creciente presión de Estados Unidos, país que encabeza la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
“Obviamente, enviar ayuda humanitaria es algo bueno y debe ser apoyado, pero creo que enviar ayuda militar, especialmente en este momento, es simplemente echar leña al fuego”, ha denunciado Dan Kovalik, autor y profesor adjunto de derecho en la Universidad de Pittsburgh.
Conforme a varios analistas, el Occidente intentó provocar una guerra en la zona del este europeo, colindante con el territorio ruso, mediante el “doble juego” de seducir a Ucrania con la promesa de su membresía en la OTAN, para seguir vendiendo armas a Kiev.
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