En pleno año bicentenario en Bolivia, los preparativos electorales para las elecciones presidenciales transcurrieron bajo una crisis económica, agravando el malestar social de los bolivianos.
La postura de Bolivia, que expresó apoyo a Irán y Palestina tras la agresión israelí del 12 de junio y las operaciones en Gaza con respaldo estadounidense, fue una muestra de solidaridad y respeto a los derechos humanos.
A lo largo del año, la imposibilidad de que Evo Morales se presentara como candidato pese a ser el favorito marcó la escena política en 2025.
La decadencia del MAS-IPSP allanó el camino a la derecha en los comicios del 17 de agosto, donde Rodrigo Paz se impuso en primera instancia, quien frente a “Tuto” Quiroga finalmente ganó las elecciones.
Tras la victoria de la derecha, el sistema judicial boliviano ordenó la liberación de los principales acusados por el golpe de Estado de 2019: Camacho, Pumari y la expresidenta interina Jeanine Añez.
Este giro hacia una política neoliberal ha tenido como consecuencias inmediatas el encarcelamiento del expresidente Luis Arce y la inminente reanudación de relaciones diplomáticas con Israel, país acusado ante tribunales internacionales de cometer crímenes de lesa humanidad y genocidio contra el pueblo palestino.
Bolivia, con una economía debilitada, el nuevo gobierno de Rodrigo Paz, busca estabilizar el país, pese a su alineamiento con EE.UU. e Israel, el descontento popular crece, siendo ello una amenaza que podría desembocar en un estallido social el 2026.
Sdenka Saavedra, La Paz.
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