“Tales acciones por parte de los adversarios de Irán constituyen una grave interferencia en los asuntos internos de un Estado soberano y una flagrante violación de los principios de la Carta de las Naciones Unidas”, declaró el representante permanente adjunto de Rusia en la ONU en Ginebra, Alexander Letoshnev, durante una reunión especial celebrada el jueves sobre la situación en Irán.
El diplomático ruso enfatizó que, de forma paradójica, varios países que hoy acusan a Teherán de un uso excesivo de la fuerza fueron, según afirmó, quienes alentaron a los manifestantes a protagonizar disturbios, saqueos y episodios de derramamiento de sangre.
“Nos preocupa el intento de fuerzas extranjeras de desestabilizar la situación en Irán. La celebración de la presente sesión es prueba clara de ello”, recalcó.
Asimismo, Letoshnev expuso la existencia de pruebas documentadas que incluyen el uso de armas por parte de provocadores, asesinatos de civiles y agentes del orden registrados en video, ataques incendiarios contra centros médicos y religiosos, así como daños deliberados al transporte público y a vehículos de servicios de emergencia, hechos que —subrayó— no pueden ocultarse bajo el pretexto de la “libertad de expresión” o la “protección de los derechos humanos”.
El representante ruso afirmó que los esfuerzos del gobierno iraní para preservar el orden y organizar marchas masivas en apoyo de la constitución y la soberanía del país han contrarrestado los intentos de desestabilización promovidos por servicios de inteligencia extranjeros, mediante estrategias conocidas como “revoluciones de colores”.
Finalmente, el funcionario ruso expresó su solidaridad con el pueblo y el gobierno de Irán, transmitió sus condolencias a las familias de las víctimas y deseó una pronta recuperación a los heridos.
Durante los actos vandálicos ocurridos a finales de diciembre y principios de enero, grupos terroristas armados y alborotadores, apoyados desde el extranjero, recurrieron a la violencia más extrema contra la población civil y las fuerzas del orden, utilizando armas blancas y de fuego, así como materiales incendiarios.
Los funcionarios iraníes calificaron los disturbios como parte de una campaña coordinada por Estados Unidos y el régimen de Israel, cuyo objetivo era desestabilizar Irán tras su fracaso en la guerra de 12 días en junio.
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