En una entrevista concedida a la cadena Al Manar, publicada este sábado en el sitio web de este medio libanés, el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Seyed Abás Araqchi, ha abordado distintos temas como los acontecimientos internos del país persa, asuntos de la región y el mundo.
En referencia a las protestas económicas registradas desde hace unos días en el país persa, donde algunos elementos vinculados al extranjero han buscado aprovecharse para sembrar el malestar, Araqchi afirmó que la situación en Irán en general es “buena”, a pesar de los persistentes problemas económicos derivados de las sanciones ilegales que pesan sobre el país.
Al admitir que se han producido protestas en Irán, ha dicho que se trata de un fenómeno normal de cualquier sistema de gobierno basado en la soberanía popular, donde los ciudadanos pueden expresar quejas y demandas.
Al mismo tiempo —matizó el canciller—“hay elementos que participan en disturbios, atacan e incendian lugares públicos”. Tales acciones deben distinguirse cuidadosamente de las protestas públicas legítimas, alertó.
En este contexto, el ministro de Asuntos Exteriores iraní mencionó que funcionarios israelíes reconocen abiertamente la presencia en Irán de miembros de la agencia de espionaje del régimen israelí, el Mossad, y su participación en iniciativas para sembrar el malestar.
Destacó que la Administración del presidente iraní Masud Pezeshkian está adoptando un enfoque mesurado, escuchando las quejas públicas genuinas, a la vez que busca soluciones y aborda los actos de violencia por separado.
Irán está en una posición mucho mejor que antes de la guerra de junio
En respuesta a preguntas sobre la guerra de 12 días en junio impuesta por el régimen israelí y Estados Unidos a Irán, Araqchi afirmó que las Fuerzas Armadas de Irán se mantuvieron totalmente preparadas y desplegaron una férrea defensa, lo que finalmente obligó a los agresores a solicitar un alto el fuego.
“La República Islámica no inicia guerras; sus acciones militares son puramente defensivas y legítimas”, enfatizó el alto diplomático persa.
Además, puso de relieve que las Fuerzas Armadas de Irán experimentaron una importante reconstrucción tras la guerra de los 12 días.
“Nuestras capacidades militares se reconstruyeron en gran medida”, afirmó y agregó que Irán se encuentra ahora “en una posición mucho mejor que antes del inicio de la guerra de los 12 días”, con una firme confianza en su preparación defensiva.
Aseguró que la capacidad de misiles de la República Islámica no sufrió daños graves durante la agresión y que cualquier revés ha sido reparado desde entonces, lo que ha fortalecido la defensa del país.
Respecto a las amenazas estadounidenses sobre el programa de energía nuclear con fines pacíficos de Irán, Araqchi precisó que algunas instalaciones nucleares y equipos de centrifugación resultaron dañados durante la guerra, pero enfatizó que el conocimiento tecnológico no podía eliminarse mediante bombardeos.
Según el canciller, el programa nuclear iraní ha sido pacífico y seguiría siéndolo y Teherán estaba dispuesto a dialogar para resolver cualquier duda, siempre que se reconociera el derecho de Irán a la energía nuclear con fines pacíficos, incluido el enriquecimiento de uranio y el levantamiento de las sanciones.
Araqchi rechazó los intentos de Estados Unidos de dictar los resultados de cualquier proceso de negociación por adelantado, afirmando que tales enfoques estaban guiados por la arrogancia más que por la diplomacia.
Reiteró que la República Islámica no negociaría sobre su programa de misiles ni sobre asuntos regionales, y subrayó que las capacidades misilísticas del país son puramente defensivas y que los asuntos regionales debían ser resueltos por los propios países de la región.
Agresión de EEUU a Venezuela ¿la ley de la selva?
Al comentar sobre las recientes acciones de Estados Unidos contra Venezuela, Araqchi advirtió que ignorar el derecho internacional y actuar unilateralmente amenaza el orden global.
Hizo hincapié en que la condena internacional generalizada a las acciones estadounidenses refleja preocupación por la imposición de la “ley de la selva”, donde el poder reemplaza las normas legales.
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