Grupos de alborotadores, con el respaldo de EE.UU. y el régimen israelí, causaron graves daños en Teherán y otras ciudades tras los disturbios iniciados el 8 de enero en Irán. La violencia dejó un saldo de autobuses, vehículos de emergencia y mezquitas incendiados, así como ataques a edificios gubernamentales y la destrucción de diversos comercios y viviendas particulares.
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